domingo, octubre 16, 2011

Bailes de Máscaras

Se conoce que en este mundo han existido (y existen) ciertas personas relativamente desconocidas, o injustamente olvidadas, con las que uno tiene el placer de cruzarse un día por casualidad. Hace poco tuve la suerte de que alguien maravilloso me descubriera parte de la historia de Harum al- Raschid, un califa de Bagdad que rigió hace mil doscientos años un gran imperio en el sudeste de Asia y en el norte de África. Quedé totalmente fascinada.
Este califa adquirió notoriedad porque solía recorrer Bagdad disfrazado de mercader, soldado, artesano o criado. Lo hacía para recoger información sobre lo que ocurría en la ciudad, y sobra decir que esta estrategia le daba ventaja a la hora de observar con sus propios ojos las muestras de injusticia, opresión y crueldad. Se dice que solo en los momentos cruciales revelaba su verdadera identidad.
No sé si fue el aire épico, mi devoción por los héroes, mi inclinación hacia los delirios de Robin Hood o simplemente que adoro a la gente que hace las cosas a "su manera" lo que provocó que aquella noche apenas pudiera dormir. Pensé en esos Bailes de Máscaras que siempre he amado con locura, en esos disfraces que me gusta ponerme y quitarme dependiendo de la ocasión, en que hay veces que me gusta jugar a ser lo que no soy y a veces me gusta no ser lo que soy...sino algo distinto, simplemente por experimentar y sentir algo "diferente". Pensé también en esas Danzas Frenéticas pero acompasadas de Luces y Sombras que todos, en mayor o menor medida, liberamos dentro de nosotros, y que solo cuando se equilibran revelan nuestra verdadera identidad.


Acudiste a mi memoria y me observé en el espejo... Después de tanto tiempo ¿Quién de nosotros dos es la causa y quién el efecto?, ¿Quién de las dos "yo" era esa noche el reflejo de lo que (te) deseo y quién la realidad? Y es que a veces la elección de una máscara nos dice más que una cara al descubierto. O puede que sea cierto lo que sospecho cuando presiento cerca una catarsis de inspiración, cuando (sin remordimiento alguno) me dejo envolver por esa droga que es la imaginación. La hoguera había sido desatada.
Puede que sea un ángel caído, un ángel sí, pero con una sola ala. No sé si la otra me la tengo que ganar, si la perdí, si nunca la tuve...o si lo que sucede es que todos necesitamos abrazar a alguien especial y complementarnos para poder volar. Lo que sé es que soy ambas personas, y esa noche (como tantas otras) me tocaba bailar en el salón de la Vida, repleto a rebosar de alegrías, cuellos vibrantes, música, corazones acelerados y diversidad de colores. Sabía que tenía que equilibrar mi energía, porque a la mañana siguiente la moneda daría la vuelta y me tocaría bailar en el vestíbulo de la Muerte, ante [s] ala de tristezas encubiertas y seres enigmáticos que cubrían su rostro detrás de los recuerdos de amores perdidos...ahora tan solo antesala de tu ausencia.
Sabía...Sabía que debía guardar fuerzas...pero las gasté todas y me quedé dormida. Después de todo es agotador moverse tan rápidamente por las habitaciones de ese Castillo que es la existencia...sobre todo cuando la fiesta se alarga hasta horas intempestivas.


Podría decir que tuve un sueño muy lúcido y comprendí que no todas las máscaras son gentiles, bellas, mágicas o dulces. No todas nos alumbran, algunas nos ocultan. A veces para protegernos, a veces para hacernos daño, para aislarnos, para herirnos. Hay máscaras burlonas, recelosas y amargas, por eso debemos elegir bien a la hora de decidir cuál va a poseernos en cada momento. Porque si hay algo cierto en los Bailes de Máscaras es que éstas poseen a sus dueños mientras las llevan puestas, y nunca a la inversa.
Lo cierto es que ya no le temo a los sueños, solo (a veces) a las pesadillas...como esa horrible que he tenido en ciertos momentos...esa...esa en la que me olvidas, esa en la que escapamos de lo que sentimos el uno por el otro y logramos dejar nuestra historia atrás a base de seguir caminando hacia adelante, a base de seguir viviendo intensamente sin volver la vista hacia atrás.


¿Y si me quito esta máscara y te digo que nunca te he olvidado?, ¿Y si me quito la máscara y te digo que siempre te amaré?, ¿Y si en una pirueta mortal abro de nuevo la jaula y la Caja de Pandora...y libero los males, las Luces, las Sombras, y conservo la esperanza...¿Y si juego, y si salto, y si río, y si corro hasta agotarme?, ¿y si muero?, ¿Y si pierdo?, ¿Y si me caigo?...
¿Y si te invito a que nos desnudemos el alma sin peros, sin condiciones, sin reservas, sin reproches, sin consecuencias, sin miedo?...

¿Y si tengo un momento de claridad y revelo mi verdadera identidad?
¿Y si te digo que no podemos escapar de lo que sentimos el uno por el otro viviendo intensamente porque la Vida no es más que una de sus máscaras? Dime, ¿qué contestas a eso?...

¿BAILAS?

miércoles, septiembre 14, 2011

"SUGRUE"

Seguía como una eterna Penélope con la ventana abierta...jamás la había cerrado.Los antiguos llamaron a este fenómeno"sugrue", o lo que es lo mismo: la atracción ancestral que siente el alma por un lugar lejano, en especial cuando se avecinan épocas de cambio. Dicha atracción impulsa a ciertos seres a reunirse lejos del mundanal ruido, a alejarse de la bulliciosa masa y su frenético movimiento.A ella le gustaba pensar que en pleno siglo XXI dicho plano intangible era el mundo de la imaginación. A veces esta profunda atracción era tan fuerte en ella, y sus ganas y su vida resultaban tan arrolladoras, que apenas conseguía controlarse y mantener los pies en el suelo. Y es que puede que los soñadores capten parte de ese mensaje implícito en la existencia, puede que tan solo sea necesario creer para ver ...observar una luz, dejar que el viento nos acaricie y leer las formas que caprichosamente regalan las ramas de los árboles sobre nuestras cabezas. Estamos rodeados de símbolos.

Quizás no siempre sepamos lo afortunados que somos, quizás no siempre captemos del mismo modo cuando estamos siendo acariciados por la gracia natural, solo sé que si no estamos atentos al frágil suspiro de Magia éste puede escaparse volando ante nuestros ojos como si de una débil pompa de jabón se tratara. Por eso ella bailaba, seguía dejándose llevar... después de todo nunca hay que perder las buenas costumbres. Le gustaba que las Mariposas se posaran en sus cabellos... o puede que tal vez no quisiera olvidarse, no quisiera olvidarte...tal cómo fuísteis una vez...hace mucho, mucho tiempo.Ser siempre ella, y ser siempre tú... y el reloj de arena, que no se detiene, que fluye a una velocidad vertiginosa. Días, años, y más tú, siempre tú... y a veces también ella , solo ella ...sin vosotros posible. Y los recuerdos, y los anhelos que volaron como estrellas fugaces, como esas lágrimas que saben a lo que pudo ser y nunca será.

Recordaba lo difícil que fue un día despedirse de su sombra. Su sino, el ir y venir...sin ella...sin tí. Las noches pasaron contigo, pero no a tu lado. Se sintió un extraño Dorian Gray, atrapada en distintos marcos de tiempo eternamente cambiantes. La atrapaste en una imagen que ahora ya no lograbas controlar, en un espacio-tiempo que ya nunca podrías comprender. Pero te propuso en silencio un trato: te cambiaba uno de sus sueños por una bella re-creación, por un hermoso pensamiento...por un irremplazable recuerdo de los dos... juntos. Sintió que algo le quemaba por dentro, pensó que si pudiera alquilaría el viento para hacerte llegar en la distancia este mensaje. Cerró muy fuerte los ojos y esperó. Brilló, brilló más que nunca... por tu ausencia. Y, cómo suele suceder, la espera mereció la pena y al poco rato apareció un Hada sin nombre en el alféizar de su ventana.

A veces las Hadas pueden ser un tanto quisquillosas, no por maldad, sino por el mismo motivo que cualquier ser al que se ha herido de verdad más de una vez se vuelve peligroso: porque sabe a ciencia cierta que puede sobrevivir. Por eso hay que tratarlas con respeto y no asustarlas...solo entonces se posan en nuestras manos, libres, auténticas, tranquilas...nos regalan su polvo estrellado para que no se nos olvide volar y a veces, solo a veces, nos dan la oportunidad de pedir un deseo. Solo en contadas ocasiones, los soñadores son capaces de intuir un "sugrue", sobra decir que todavía son menos los afortunados que llegan realmente a presenciarlo alguna vez a lo largo de su vida. Ella esa tarde cambió uno de sus sueños por un hermoso pensamiento: pidió un recuerdo de los dos...juntos. Fue entonces cuando el Hada, tras cumplir su parte del trato, le susurró al oído algo con lo que ella no contaba .
Y es que a veces (y esto es algo que muy pocos saben)pedimos deseos a las Hadas y otras veces son las Hadas las que nos piden deseos a nosotros
. Lo que le pidió a cambio fue que Ella escribiera estas líneas...para que las almas de los soñadores pudieran reunirse en un lugar lejano....muy lejano... los antiguos lo llamaron "sugrue".

domingo, junio 26, 2011

CAMELOT

Me inventaré un cuento donde seamos eternos, un cuento dónde al final (por una vez) todo salga como yo esperaba y como imagino que tú, en el fondo, siempre quisiste. Porque cuando nos enfrentamos a la muerte, cuando la contemplamos cara a cara y de cerca durante meses, cuando sentimos alrededor y dentro de nosotros ese absurdo, esa carencia, esa “nada” que se nos escapa y contra la que no podemos luchar, esa “nada” que lo arrasa todo excepto los recuerdos… cualquier idea resulta una “buena idea” y cualquier explicación es aceptable para sobrevivir esquivando los daños colaterales de esta existencia ilógica.

He tardado una semana en lograr escribir estas líneas, no me avergüenza confesar que te he llorado tanto que me siento seca, como si se me hubiera deshidratado el alma. Todo ha sido tan raro e inexplicable, rápido y desconcertante…como el más cruel truco de Magia, como aquel escapismo perfecto, que hace que los seres desaparezcan, que lo que estaba hace un segundo ante nuestros ojos ya no esté. ¿Todo ha salido según lo planeado?, ¿La Magia acaba siempre por ser truco?

Me gusta pensar que si de verdad existe otro lugar tienes que estar riéndote mucho contemplando “el método” desde otra perspectiva, viendo lo simple y banal que al final resulta la raza humana…como un suspiro en el cosmos, nada más…un suspiro intrascendente y terrenal.

Te pasaste la vida buscando el Santo Grial o, en su defecto, aquello que más se le pareciera. Creías en la eterna juventud, creías en ello de verdad. Algo poco frecuente en las personas a las que la vida les ha obligado a madurar muy deprisa. Te aterraba desaparecer sin dejar rastro ni huella (sospecho que tanto como a mí), y soñabas con viajar y descubrir secretos (te alegrará saber que sí has dejado huella y rastro finalmente, como lo hace una estrella fugaz en el firmamento).

Soñabas con encontrar una hermosa fuente, una gota de agua milagrosa, un ermitaño sabio de los que ya no quedan, un guía, la clave, lo inamovible, la Caja de Pandora, la Mano del Rey Midas, la carne de Sirena, las recetas ocultas de los Alquimistas, la pipa de la Paz de los Indios…

Soñabas…quizás este aspecto de tu persona fue siempre el más desconocido para todos aquellos que llegaron a “conocerte”. Soñabas todo el tiempo, nunca era suficiente para ti…y lo sé porque sé que eso lo he heredado de ti.

Buscabas el Santo Grial… y de algún modo viviste toda tu vida, cuál Caballero Artúrico, luchando y defendiendo aquello en lo que creías, pues tu fuerza siempre fue la del joven y bravo Lancelot, pero era la firmeza de tu corazón, la intrincada y madura fe de tu espíritu tardío (y, en última instancia, atemporal) la que sin duda alguna te convertiría al fin en el mismísimo Rey Arturo.

Buscabas el Santo Grial, esa fue siempre tú mayor pasión... y necesito pensar que al final lo encontraste, que ahora ya eres eterno…que solo hacía falta “ir más allá” en tu hazaña…

Y tú, valiente, lo hiciste, cruzaste el Puente de Plata…y te dejaste ganar en la última batalla porque habías comprendido que solo de esa forma vencerías para siempre. Y se acabó el dolor, y los hospitales, y el luchar continuamente por sobrevivir. Te marchaste con tu espada Excalibur a librar batallas más importantes, quizás simplemente este mundo ya no podía abarcar tus sueños.

Egoístamente me hubiera gustado que tardaras un poco más en sentarte en la Mesa Redonda, nos faltó tiempo para muchas cosas y sé que pensaste más de una vez en los últimos días que no habías sido suficiente para mí y que no me merecías como hija, ni a tu lado. No es cierto, ojalá pudiera hacerte llegar aunque fuera tan solo este mensaje: No es cierto.

Heredé de ti posiblemente los tres aspectos más característicos de mi persona, aquellos tres que me han hecho tan y tan fuerte, aquellos que me han salvado en más de una ocasión: Mi pasión por los libros, mi firme creencia en todo aquello que está oculto, y el más importante: una capacidad ilimitada para soñar. Ese ha sido mi legado, y no me quejo ¿qué más podría pedir? Sé que si me faltara tan solo una de estas tres cosas estaría literalmente perdida.

He de reconocer que a ratos me cuesta horrores entender porqué no estás aquí… entonces recuerdo que cuando era pequeña y no conseguía dormir me decías que para viajar muy lejos, a lugares fantásticos y hermosos, solo tenía que tumbarme y cerrar los ojos.

-“¿Y no necesitaré moverme de la cama?”- te preguntaba yo atónita.

-“Oh”…-contestabas- “Claro que te moverás, volarás muy deprisa, te irás muy lejos. Es la única manera que tenemos de recorrer largas distancias en una sola noche.”

Y me lo explicaste tan bien…que aún me lo sigo creyendo. Solo que ahora cierro los ojos y no sé a dónde ir, porque no sé dónde puedo encontrarte.

Me siento desorientada y extraña, como si el mundo hubiera cambiado para siempre y me fuera de nuevo desconocido y poco familiar. Como si hubiera vuelto a nacer, o me hubiera hecho grande de golpe. Siento como si tuviera que volver a empezar en un escenario diferente, del que ya me conozco los escondites y las esquinas, los callejones oscuros y los tugurios donde venden ese elixir que alegra al corazón cansado…pero un escenario del que, en el fondo, no sé y nunca sabré nada de nada. Un escenario que me engaña, que esquivo, que contemplo como si lo hiciera por primera vez.

Sé que todo va a ser distinto a partir de ahora, y también sé que no sirvo para decir adiós… ya lo sabes… no puedo… no puedo…no sirvo.

Tan solo…espérame en Camelot ¿vale? No puedo decirte cuando, pero volveremos a vernos. Cuando llegue mi momento sabré encontrar el camino.

Te lo prometo.

Te quiero.

viernes, mayo 06, 2011

Déjà vu

Un ruido me despierta de madrugada: hay un hombre vociferando en las calles. Escupe y grita encolerizado frases racistas. No solo me despierta a mí, también despierta a mi sentimiento de vergüenza ajena. Supongo que un juicio dictaminaría que su defensa es tan desesperada como su situación, pero estoy aún demasiado dormida para pensar… o tal vez no.

Maravilloso…esta será la excusa perfecta para mi insomnio, lo sé.

La mayoría de las veces el subconsciente es un aliado, otras sin embargo se convierten en un enemigo que está esperando cualquier debilidad, cualquier suceso externo, cualquier pliegue de nuestro metabolismo humano para apoderarse de nosotros sin piedad alguna.

A veces en una ciudad como Barcelona a una le falta el aire, por muchos motivos. Desde una pelea en plena calle a un insistente mosquito tigre, desde la celebración de la victoria de un determinado equipo de fútbol que se estira hasta unas horas intempestivas, hasta la divagación sobre la muerte más surrealista y triste que se nos pueda ocurrir a las 5:30 de la mañana.

El caso es que hay que abrir los balcones, desabrochar el alma, encender un cigarrillo, poner en marcha la maquinaria cerebral y ceder al impulso de desahogarse…nos guste o no. Es la única manera de hallar la paz. Al menos yo no conozco otra.

Cuando una se ahoga de esta forma, cuando el aire está tan viciado que ya no se puede respirar, cuando literalmente nos hundimos y damos sobre nuestro propio eje y nuestra propia cama las mismas vueltas, es hora de levantarnos, caminar por la casa descalzos y no mentirle más al reflejo que nos devuelve el espejo. Ha llegado la fatídica hora de enfrentarse con uno mismo.

Posiblemente descubramos unas ojeras de espanto, un cansancio profundo debajo de nuestros parpados, una expresión de aturdimiento y desesperanza en nuestras pupilas…pero no hay nada que no podamos aliviar un poco lavándonos la cara, tomándonos una copa o llenando de palabras un papel en blanco, de esos tan impolutos que destilan insolencia con su saber estar desafiante.

Por algún motivo cuando pensamos en la figura de un escritor la mayoría de nosotros nos lo imaginamos con un séquito de bolas de papel arrugadas esparcidas por el cuarto, un ejército de borradores que han muerto a manos de su propio creador y que han ido ganando terreno sobre muebles y suelo.

La verdad es que esta proyección mental tiene un porqué: esta imagen es completamente cierta. Más verídica de lo que me gustaría admitir.

Cuando escribimos creamos una especie de microcosmos caótico a nuestro alrededor, con todos los elementos que esto conlleva y que podemos necesitar: tabaco, desgana, alcohol, sueño interrumpido, café, recuerdos, bolígrafo, melancolía, ropa para cubrirnos desperdigada por la estancia, algo de tristeza, kleenex, una mezcla de rebeldía y meditación a la que añadimos una pizca de mal humor… y para más inri nuestros sueños y nuestras pesadillas, que nunca nos abandonan. Añadámosle a todo eso un suave toque de sensación de Déjà vu y nos encontraremos con el cóctel perfecto para perder un rato la cabeza.

Un momento: quizás debería retomar el hilo.

Antes de que el hombre que vociferaba en las calles me despertara estaba soñando contigo. En realidad supongo que ya no tiene ninguna importancia, y menos a estas alturas. No, no tiene ninguna importancia… es tan solo que me molesta muchísimo.

Después de todo he jugado todas mis cartas, y tú has hecho lo mismo…ya no quedan ases para jugar.

Hoy comprendo que fui una estúpida desafiando las reglas. Y aunque nos unían muchas cosas al final nos separó la vida…y curiosamente será esa misma vida la que decida lo que tengo que aguantar, no tú. Triste, muy triste final para un cuento…amigo.

Al menos me hubiera gustado decirte dentro un sueño que me marcho, al menos eso…que tengo la sensación de que voy a tardar en volver a esta ciudad, que no sé porqué tengo el pálpito por primera vez en mi vida de que jamás volveremos a vernos. No sé si lo que siento es miedo, solo sé que a veces en una ciudad como Barcelona a una le falta el aire, se ahoga, y sin embargo…son este tipo de ciudades las que echamos de menos, pese a todo.

Supongo que ahora mismo un juicio dictaminaría que mi nostalgia y mi defensa es tan desesperada como mi situación, pero es que aún estoy demasiado dormida para pensar… o tal vez no.

Y es que puede que al final lo que deseamos no sea vivir un sueño, ni domar lo indómito, ni tener todas las utopías del mundo a nuestros pies. Puede que al final no queramos un cuarto lleno de borradores arrugados, ni un sentimiento tan cierto como un instante de Déjà vu, ni tomar aire, ni andar descalzos, ni bebernos una copa, ni meditar, ni encender un cigarrillo.

Puede ser que al final, en momentos como estos, lo único que queramos de verdad con todas nuestras fuerzas sea llorar…y no podamos.

jueves, febrero 25, 2010

Voló porqué tenía alas


Incontrolable, inalcanzable…pero IMPERDIBLE.

Había personas que se preguntaban “¿dónde se habrá metido?”
Aquellos que la conocían decían que se había vuelto abstracta, aquellos que la amaban sabían porqué.
Y de nuevo las preguntas:
“¿dónde estará?, ¿qué estará pasando por su cabeza?, ¿qué extraño sentimiento se ha instalado en su mirada?”
Igual, pero distinta. Seguía viviendo en sus particulares cuentos de hadas. En realidad había caído en el no-ser, en el no-decir, en el no-esperar. Como un torbellino de ilusiones secretas que arrasa con todo lo que se cruza en su camino devoraba tiempo y espacio sin dar muchas explicaciones…había pasado el tiempo en su reloj de arena, aquel que podía devolverla al pasado, ahora tenía prisa por alcanzar sus sueños.
Y luego Él, siempre Él, que se preguntaba, que le preguntaba con la mirada, que le preguntaba desde la distancia:
“¿Qué sueñas?, ¿Volverás algún día?, ¿Estás bien?, ¿Te vas para siempre?, ¿Qué pasa?, ¿Porqué?”
Muchas preguntas, pocas respuestas. El silencio la envolvía, a pesar de que sabía que dejar que los demás lean la mente de uno es a veces peligroso.
Pensaba que era tan angustioso el porqué, ¡es tan inabarcable el manto de posibilidades!


Lo cierto es que llevaba un tiempo observando el mar desde su orilla, había contemplado con inquietud como el eterno buscador se transforma en un hedonista insaciable, el desesperanzado cree haber visto tanta maldad en el mundo que desarrolla el cinismo para poder sobrevivir. Había observado también como el inseguro y el débil acababan sucumbiendo al miedo de ser incapaces de mirarse al espejo por las mañanas, como habían decidido que tenían que cambiar y como habían acabado siendo lo que habían decidido ser en lugar de lo que eran. El incomprendido, que siempre sintió que nada encajaba con él y él no encajaba con nada, fue cayendo lentamente en un pozo de silencio impenetrable. Y el inteligente se había convertido en un insociable que, a base de comprobar que nada era como debería ser, ya no conseguía empatizar con la vida real. Del mismo modo el incompleto se transformaba en un victimista, el soñador en un exigente que batalla continuamente y siente pena porque nada está a la altura de sus sueños, el egoísta en un mártir de los peores, de los que se coronan solos, porque siempre cree estar haciendo más de lo que debería. El celoso y posesivo en un tirano que necesita que los demás se sientan tan mal como él, el aburrido en un peligro para las vidas ajenas a la suya, el inconstante en un ser volátil que llena su vida de despropósitos y que acaba sucumbiendo a la frustración de sentir que no tiene nada estable a lo que aferrarse, porque jamás fue capaz de conservar nada.

Y ella, por el momento, simplemente se había cansado de nadar y naufragar en esas aguas tan turbulentas…había tragado ya demasiada agua salada.
Y de nuevo las preguntas:
“¿Porqué?, ¿Qué pasa?, ¿Dónde se habrá metido?”
Y ella, que no sabía cómo expresar que de esa forma, simplemente, ya no estaba, que se había marchado muy lejos, que sin que se dieran cuenta ella voló… ¿Por qué?... Es bien simple:

Voló porqué tenía alas.
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lunes, febrero 01, 2010

HEMOS NACIDO




¿Qué quiénes somos?

Tres equilibristas paseando por la cuerda floja, tres escritores aficionados al escenario de la vida.
Tropiezos y Trapecios surge de la imperiosa necesidad de crear y compartir fragmentos de lo que sin duda nos hace humanos: la mezcla de sueño y realidad. Tras muchas copas vacías hemos entendido que el amor es el mayor trapecista y el tropiezo uno de nuestros mayores dones. Así pues pasar y tomar asien
to, el espectáculo va a comenzar. Se apagan las luces para dar paso a este circo de tres pistas, desde el que no pretendemos ser verdad ni mentira, sino tan sólo ilusión. Bienvenidos a este circo al que hemos llamado: Tropiezos y Trapecios.

PD: Es un proyecto nuevo que acabo de comenzar con dos seres a los que admiro (Oski y Ehse :)
Damas y Caballeros, es un nuevo punto de mira desde donde también voy a seguirles los pasos. Les dejo la dirección, por si quieren pasarse :)
¡Muchas gracias a todos!

http://tropiezos-trapecios.blogspot.com/

miércoles, diciembre 30, 2009

Sin Puntos Suspensivos

Hace muy poco he tenido el placer de leer un escrito de esos que se te meten dentro y no salen. Dicho escrito procedía de un ser al que admiro. Hablaba sobre la fragilidad de las libélulas, sobre la cruda y fatal verdad que dice que todos nos marchamos, y que la realidad es que llega un día en que no volvemos. Hablaba también del arrepentimiento cuando ya es demasiado tarde, de que hay trenes que se nos escapan de las manos, de lo fácil que es hablar de sentimientos cuando ya ha pasado lo peor. Y aún hablaba de muchas otras cosas que no quiero mencionar, (será que estas fiestas me ponen alegre y triste a la vez, será que creo firmemente que a veces es una suerte no saber del todo en qué mundo se vive).
Sea como sea me ha hecho reflexionar sobre mis puntos suspensivos. Esos que siempre me salvan cuando no quiero hablar, cuando no puedo explicarme, cuando suspiro y prefiero que el silencio, o aún el lector, acabe la frase por mí. Esos que me socorren cuando esquivo las palabras que no me conviene hacer evidentes, esos de los que abuso sin percatarme.
Por eso hoy quiero escribir sin dejar nada en el aire, porque me he dado cuenta de que hay cosas de las que solo hablo mediante los puntos suspensivos, probablemente las más importantes.

Y lo voy a hacer con las emociones vagando a la intemperie, como una nómada de recuerdos, de esos que se enredan, esos que a ti tanto te gustaban y que ahora, bien mirado, ya no pienso volver a odiar.
Sin reloj y sin brújula confesaré que siguen revoloteando en el estómago , no importa el tiempo que pase. Debían de haber mariposas en el café que, casi por obligación, me ha tocado beberme a sorbos fugaces.
Echo de menos muchas cosas, y me duele cuando la gente a la que quiero me dice que está tranquila, porque sé por experiencia que, a ciertas edades, cuando uno dice que está tranquilo quiere decir que está triste. Sospecho que incluso la tristeza se vuelve tranquila.
Ya no existen en algunos de ellos la fuerza y el valor que caracterizaba a la rebeldía, a la lucha. Y me duele, me duele pensar que todos los sentimientos acaban derivando en una indiferencia calmada, esa es la peor de las batallas que podíamos perder. ¿Cómo se puede entonces hablar de paz sin sentirnos avergonzados?

Después de todo, celebramos en todas las fiestas lo mismo, ¿no?: la vida. Y la vida no se compone solo de apacible calma y harmonía, el mundo no es solo un lugar tranquilo en el que sentirnos seguros, sino un entretejido de sombras y luces . Simplemente me molesta la gente que ha decidido dejar de luchar con las sombras, simplemente me molesta la absurda excusa que se extiende como una plaga sobre la tierra:“me he hecho mayor”.
No, la cobardía no puede ser algo que viene implícito en el proceso de crecimiento.
Probablemente el problema sigue siendo el mismo: sin normas no hay juego. Y bien puede ser que yo nunca haya entendido dichas normas, y bien puede ser que ahora quiera jugar a mi manera.
Y todo esto lo digo porque sé que todos, más o menos, hemos visto desmoronarse las mismas cosas, de distinta forma,y por separado. Las mismas cosas.

Este es mi “lo siento” pero aún quiero poder disfrutar de los seres humanos con sus más y sus menos, quiero aún poder decir todo aquello que nunca he dicho, quiero aún llorar y reír sin motivo, quiero estar nerviosa e inquieta. Quiero seguir siendo temperamental, quiero equivocarme y quiero poder pedir perdón. Quiero que acabemos gritándonos a la cara lo que pensamos, quiero que sigamos siendo desvarío, que nos siga sangrando la imaginación, que seamos algo más que control y números y citas y deberes. Quiero que nos queramos para siempre, y sin condiciones.
Este es mi “lo siento” pero quiero poder aún. Quiero aún, a veces, poder hacer algo que lo cambie todo.

Y para este año nuevo :):














Sin puntos suspensivos.
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