lunes, enero 23, 2006

Hojas en blanco


Inspiró el silencio hasta llenarse los pulmones de éste, lo expiró lentamente, con fuerza, dejando que se impregnara de dolor. Pero la respuesta no llegaba a través de él, el silencio no le habló, solo le ayudó a comprender.
En lo que a la vida se refería se sentía un analfabeto. No sabía leer, y aún mucho menos describir las pequeñas pinceladas de luz que sus sentidos le ayudaban a captar. Todas aquellas personas a las que había conocido, todas aquellas personas a las que había amado, le repetían sin cesar que escribiera un libro, que las musas habían depositado sobre él un don que no podía desperdiciar. Si supieran cuantas veces había dormido la pluma entre sus dedos, cuantas veces le había gritado que le diera vida... pero no podía, jamás había encontrado o intuido el lenguaje apropiado, el lenguaje que lo liberaría de su ámplia pero vacía celda.
A menudo se preguntaba en que momento tomó el camino equivocado, en que momento se convirtió en la sombra de su propia sombra.
En los tiempos difíciles su fortaleza le repetía una frase que había leido en algún lugar, un lugar que con el tiempo había olvidado: "No todos los caballeros errantes andan perdidos". No obstante no le gustaba hablar de ello y cuando le hablaban del destino cambiaba de conversación.
El joven poeta al que nunca había dejado nacer había crecido dentro de él sin pedirle permiso. Por las noches lo escuchaba hablar de amor, melancolía, magia, libertad...Algunas veces su voz se volvia embriagante, otras no era más que un triste suspiro, una amargada súplica que se intensificaba al no poder ser expresada.
El ser carente de lenguaje no podía expresar lo que buscaba, pero sin duda no lo había encontrado, y así pasaba los días entre sombras vanas que lo fatigaban.
Una noche salió a pasear por el parque. Le gustaba la naturaleza, sus sonidos, su encanto en estado puro... en realidad sentía envidia de ella y la admiraba, porque poseía un lenguaje propio.
Se sentó frente a la fuente e indagó en su sonido. Era tranquilizador. El viento azotó con furia las copas de los árboles. Allí, a los pies del símbolo de la comunicación y las emociones, el poeta descubrió la perfección. ¿Su nombre? no lo sabía, pero tenía las seguridad de haber encontrado el ser más bello y enigmático del mundo. Ella se acercó lentamente y se sentó a su lado.
-¿Crees en el destino?-
Una extraña sensación golpeó el pecho del poeta... el ser incomplet salió a la luz.
-No me gusta hablar de ello.-
-Lo sé- contesto ella con una sonrisa- Hace años yo buscaba lo mismo que tu.
El silencio volvió ha apoderarse de la situación, de nuevo el maldito silencio que le había acompañado toda la vida, el silencio que creaba situaciones incómodas y al que él se aferraba sin embargo como si su vida dependiera de ello.
-No hace falta que digas nada, sabes que nunca has leído un libro tan abierto como el que lees ahora...-
Y el joven poeta lo comprendió todo, porque no había hecho otra cosa en toda la conversación a parte de mirar a la chica a los ojos. Ni sus labios ni sus cuerdas vocales se habían movido un solo milímetro. Había encontrado el lenguaje auténtico y especial, el único lenguaje no formado por palabras, el único lenguaje perfecto.
En ese instante se vió incapaz de mentir y de pronunciar palabra alguna, hubiera sido absurdo... en sus ojos lo había leído todo.
Sintió la emoción que todo el mundo siente al encontrar algo nuevo, no extenta sin embargo de una fascinante sorpresa al entender que la respuesta siempre había estado frente a él, en sus ojos... había aprendido a leer sin necesidad de grafías.
Y así fue como su gran libro en blanco triunfó por encima de toda la multitud analfabeta, y entre aplausos y gritos de glória ella le abrazaba sin utilizar los brazos.

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