jueves, enero 19, 2006

La catedral


Y hoy vuelvo a la catedral... he vuelto cientos de noches con la esperanza de encontrarte aquí, con tus pensamientos. Solías sentarte en las escaleras de la puerta principal y meditábamos y discutíamos el sentido de todo durante horas.
Pero los escalones ahora están vacíos y la entrada y una angustiosa verja cubre sus puertas...la están reformando, que lástima... con lo bonita que era la fachada antigua, derruida, masacrada por el paso del tiempo. No me resulta difícil comprender poque te gusta tanto este lugar, se parece tanto a ti... Por fuera está en ruinas y por dentro oculta un santuario, un silencio ancestral y sagrado lleno de recuerdos y sabiduría, repleto de una aura mágica que lo convierte en especial, en eterno, en inamovible. Te imagino ahora paseando entre sus jardines y altares, entre sus largos y lúgubres pasillos, solo, disfrutando de cada pequeña expresión de arte que encierran las paredes y las bóvedas, las pinturas y las tumbas. Es tu templo maldito y sepulcral, frío y a la vez familiar, un lugar que impone respeto de forma instantánea, porque es el habitáculo de la fe, de mi fe.
Alzo la vista hasta lo alto de su torreón y puedo ver a la gaviota de la que me hablaste una vez, la veo siempre que vengo aquí,y, tienes razón, anida en sus entrañas y siempre sigue el mismo recorrido. Este es su lugar de descanso y ella es nuestro punto de unión, nuestro símbolo, nuestro secreto... el secreto que hace que te sienta cerca. La gente pasea a mi alrededor sin percatarse de Lucky, así la bautizaste, pero yo si puedo verla, yo conozco su existencia y de alguna forma su historia... y tu también.
"Solo tu y yo sabemos que está ahí"-pienso- y de pronto me inunda una alegría parecida a la que siente un niño cuando esconde algo, un objeto que no significa nada para el mundo, algo que es solo para él, auténtico, profundo, suyo.
De pronto me acecha el temor de que un dia Lucky ya no esté, que desaparezca y no pueda verla más... será un pequeño vacío en mi vida, perderé para siempre estos momentos que me hacen pensar que me quieres. Suenan las campanas y una pareja se besa en el centro de la plaza, a los pies de las grandes escalinatas de pétreo corazón. Me parece oler desde aquí el incienso y la cera que caracteriza el ambiente de las iglesias... Lucky está gritando. Grita y grita, y yo me marcho... porque tú no estás aquí dentro, porque el santuario está vacío, porque la esperanza ha vuelto a jugarme una mala pasada... porque tu tan solo estás dentro de mi.

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