lunes, enero 23, 2006

"No son los ángeles del cielo los que me importan, són los que veo en tus ojos los que quisiera tener en mi vida"...


Llevaba demasiados años viendo el mundo en blanco y negro, demasiados años contemplando un frívolo tapiz de sombras y luces. Todo resultaba ser el fruto de un gran contraste entre la oscuridad y el intenso fulgor, entre el bien y el mal. La frontera de la fe y la desesperación era demasiado frágil y voluble... y él ya no podía creer en mágicos espejos de colores. El reflejo de su realidad le estaba consumiéndo lentamente y ya apenas se atrevía a mirarlo, la imagen mostrada en cada gota de lluvia le recordaba la fugacidad de tiempo. Los segundos se escurrían entre sus dedos como la fina arena del desierto que seguía siendo su cama. El mundo cambiaba deprisa, continuaba girando a pesar de todo. Creaba y destruía sombras y más sombras, luces y más luces, formas y más formas... que paseaban ante sus ojos, semejantes a las apareciencia sque puede mostrar un calidoscopio. Todo fluía, todo se desvanecía para dar paso a la renovación innata que emana de todas las partículas. Su mirada escondía fracasos entre noches de insomnio y frías lunas que menguaban demasiado deprisa, cobijadas en su particular pero amplio cielo de fantasía interior. Corrían tiempos difíciles para la esperanza y acabó abandonando el papel principal de su vida quizás para convertirs een espectador de ésta. Todo era engañoso y relativo, todo parecía de plástico y de papel... todo se congregaba de forma casual pero manteniendo un orden, una monotonía, una normalidad. Y él seguía frente al escritorio de ébano de sus sueños, girando entre sus dedos el calidoscopio, a veces de forma lenta, a veces a una velocidad vertiginosa. Observaba cada pequeño detalle de sus movimientos, y con cada movimiento de sus dedos el objeto daba paso a un nuevo mundo, a un nuevo estudio, a una nueva perspectiva... porque incluso el calidoscopio inspiraba creación y vida, porque incluso él no permanecía estancado. Tonalidades rojas, azules y verdes se mezclaban con pequeñas estrellas para convertirse en nuevos firmamentos de posibilidades. él seguía siendo un observador... quizás aún no había comprendido que tenía la eternidad en sus manos.

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