miércoles, febrero 08, 2006

¿Ubi sunt?



Refugio, la búsqueda del refugio, la escapada dirijida hacia ningún lugar... sollozos, sollozos en la penumbra...la luz demasiado débil, incapaz de reflejarlos.
La mano que se extiende no duda, pero apenas tiene fuerzas para cojer nada, y yo me balanceo en la oscuridad, donde el espejo refleja todo menos mi rostro.
Silencio... el silencio de la nostalgia, el amargo sabor de la melancolía producida por mis sueños, breves fragmentos de mi pasado, pequeños instantes de lo que he sido...y de lo que soy. La soledad absoluta no es no tener ninguna posibilidad, sinó tener muchas y que no interese ninguna.
Y de nuevo la búsqueda, la distáncia insalvable... !la maldita incapacidad de mis palabras para ser expresadas!
Pensamientos tortuosos... pasado, muerte, fugacidad, torbellino de miedo... y la posibilidad de huir... me pregunto hacia dónde.
Oigo suspiros ¿són mios? el aire se apresura a salir de los labios con más rapidez que las lágrimas de mis ojos, los labios secos, parecidos a mi mirada.
Vagar por el infinito, el infinito del espacio reducido, el eterno insomnio unido a la pérdida de la tranquilidad.
Me pregunto el porqué de esta necesidad de calma que solo me lleva a la apatía, me pregunto porque no creo en la felicidad.
Me pregunto tantas cosas que callo, prefiero ahogar la respuesta inexistente dentro de mí.
Pasos, lentos pero no firmes, la madera cruje demasiado para perturbar la letargía del alma... y sigo imaginando densas nubes impenetrables, volátiles y dolorosas... si es que es posible sentir dolor en el cielo.
Amplio margen, discreta mirada fija en el amplio margen. El santuario no tiene las puertas abiertas, forzarlas sería una aberración.
La nada también proviene de algún lugar... el lugar no puede provenir de la nada... el refugio es la nada aunque la nada no sea el refugio.
Que frágiles son las hojas estremecidas por el viento...¿se dejan llevar por él o sencillamente resisten para no caer al suelo? No existe duda en la pluma, pero si en la mano que dirije la pluma.
Los instintos mueren por claustrofobia, por falta de aire y movilidad, y el pensamiento se vuelve frío e incalculado... poseído por fantasmas deformes e irracionales.
La mirada que penetra en la oración, en la súplica, en el absurdo ego y el eterno egoísmo, está cargada de comprensión, aunque eso también conlleve otra pregunta: "¿Sirve de algo la comprensión?"
Los dedos sueltan la cuerda, aflojan en su empeño de acercar el azul a la tierra y crear de esta forma un abismo insalvable.
Los peregrinos pensamientos no encuentran hostal donde alojarse, y tampoco logran percibir la cumbre de la montaña. Caminan, corren, entremezclándose unos con otros, vagando por los oscuros bosques de la mente, por los eternos y caóticos laberintos de la existéncia... reposan en el viento y viajan con él... ¿Ubi sunt?

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