viernes, marzo 17, 2006

"Está triste... y dice que está cansada de dar vueltas sin moverse de su lugar"


Y subí la escalera... y me encontré inesperadamente con tu mirada, hacía tanto tiempo y la emoción era tan grande que tú no pudiste contener la sonrisa... y yo no pude evitar literalmente lanzarme a tus brazos, besarte en las mejillas y alegrarme de corazón por haberte visto de nuevo. Los dos teníamos esa luz del que sabe que a pesar del tiempo el sentimiento es mútuo, del que sabe que a pesar de todo aún nos conocemos... y no es de extrañar, porque tiempo atrás llegamos a leernos el uno al otro con total facilidad, llegamos a entendernos y a amarnos, incluso a veces con la angustia en las entrañas, incluso a veces con una deseperación típica de las tragedias clásicas. Y no pude evitar recordar nuestra última charla, aquella en que con dolor y sin decirlo nos dijimos adiós. Cuantas noches hablando y paseando por la catedral te dije que yo protegía las rosas en mamparas de cristal, para no estroperalas, para no hacerles daño.. prefería no tocarlas y que siguieran siendo perfectas... amarlas de verdad, sin ningún vínculo material que entorpeciera mi sentimiento y mi admiración... y cuántas veces callaste, y cuantas veces sonreíste en silencio, y cuantas veces ocultaste que tú no pensabas lo mismo... hasta aquel día, el día de nuestro silencioso adiós. Yo te abracé llorando y tú confesaste entonces conteniendo las lágrimas que tu no podías amar y admirar una rosa sin tocarla... y me abrazaste... y reprimiste un beso ya imposible. Y te fuiste así, sin más, declarando que tu amor por mí te había ganado la batalla, y que debías alejarte, quizás para no sufrir, quizás para que yo no sufriera... quizás para ambas cosas. Cuantas malinterpretaciones hicimos de aquella realidad, cuanta rábia y desconsuelo, cuanta distancia, cuanto aprendímos a callar desde entonces...
Y hoy al verte recordé que te quise de verdad, recordé que me quisiste con locura, recordé cuanto te echo de menos... recordé como volaban las horas a tu lado, hablando, discutiendo, hablando... Y el sentimiento de traición perdió fuerza, y el sentimiento de abandono se hizo evidente... y deseé gritarte que no me odiaras, y deseé gritarte que no dejases de amarme... pero callé, y ahora escribo, quizás con la esperanza de que alguno de mis sentimientos te llegue, quizás para acordarme de aquel candil que constante y paciente me sujetaba en las sombras.

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