sábado, septiembre 30, 2006

Sus ojos, sus labios, su garganta...todo en él me recuerda a él, excepto él mismo


Las agujas del reloj marcaron las seis. Eva dió un brinco desde su cama, bajó los escalones de dos en dos y entró corriendo en el comedor. Todo estaba listo, los adornos colgaban del techo, las serpentinas se enredaban en las paredes y los globos flotaban por todas partes... globos, globos de colores, le gustaban desde que tenía uso de razón.
Con un gesto rápido dejó el libro que estaba leyendo en el alféizer de la ventana. En medio de la mesa reposaba la imponente tarta, la reina de la fiesta, el alma de aquella celebración. Risas, besos, abrazos..."¡felicidades!".
Por todas partes se escuchaban carcajadas y palabras amables, en aquella estancia se respiraba el amor y el afecto, la clara sinceridad de un momento compartido. Y llegó el instante que tanto esperaba, aquel que le encojía el pecho... se apagaron las luces..."¡sopla y pide un deseo!", y los flashes de las cámaras inmortalizaron aquel momento..."¡córtala tú!", "¡Eh! YO quiero la flor de azúcar!". Platos, cucharas... Eva repartía porciones de pastel a todos los presentes, y recibía cada obsequio con una cálida sonrisa en los labios. Chocolate, nata, música, y el tintineo de las copas por todas partes. Conversaciones, papel de regalo,... ¡"gracias, me encanta!". Y sonó el timbre de la puerta... había llegado el espectáculo. El payaso entró dando saltos de alegría, inundando la estancia con sus sonoras carcajadas.
Eva se quedó de piedra, no se esperaba aquello el día de su cumpleaños. Todos los presentes se acomodoran en las sillas para gozar de la función, "Tú en el sillón de cuero princesa, hoy es tu día". Minuto tras minuto, actuación tras actuación, pompas de jabón en forma de corazón, chistes, risas y más risas, globos imitando la forma de peces, de mariposas, de gatos... Eva miró a su alrededor, todos estaban contentos, ¡y ella también!. El payaso la obsequió con una rosa azul y una sonrisa, ¡Eva se sentía tan feliz!. Interpretó el mejor papel de su vida, fue perfecto, fue esplendoroso, no se filtró ni un hilo de tristeza en sus gestos, ni un suspiro en sus palabras, ni una mueca de duda en su expresión. Todos reían, a todos les parecía fantástico, a todos les parecía gracioso, todos estaban bien, incluso el payaso parecía feliz de estar allí... Que gran teatro, que gran guión, magnífica interpretación... ¿o no?. Sí, debía serlo... ¡porque todos reían!... todos... todos menos Eva. Sentada en su trono, con la corona de papel sobre su cabeza, observó con sus ojos de niña aquella sonrisa, y sintió un escalofrío que le congeló el alma. Aquel payaso no sufría, aquel espectáculo no era tal, era real, aquel payaso reía de verdad, no tenía nada que lamentar, no parecía albergar ninguna melancolía en su alma... aquel payaso no la quería, ni ahora ni nunca. Aquel ser ya no interpretaba ningún papel para ella, lo interpretaba para los demás. El maquillaje de aquel rostro no escondía profundidad ni trascendéncia, era así, verdadero, cierto, aburrido... No había juego, su sonrisa era imperturbable, no había nada que leer entre líneas, no era sorprendente, ¡aquel payaso era feliz mostrando que no la necesitaba, que no necesitaba a nadie!, sencillamente era feliz, simple, ignorante, esa sonrisa había consumido todo lo que fue alguna vez... ¡aquel payaso no tenía corazón!
Y era ridículo, ridículo y molesto... no la impresionaba, había dejado de parecerle brillante, lo había supravalorado... y sin darse cuenta Eva dejó de sonreir. Pero todos seguían sonriendo, ¿porqué todos seguían sonriendo?, ¿porqué aquel estúpido payaso la miraba de esa forma? Sus ojos ya no latransportaban, habían dejado de tener significado para ella. Aquel ser era incoherente, abstracto, fugaz, carecía de sentido, no era importante. Aquel ser era una mentira enfermiza, un silencio sin carisma y sin don, una locura que estaba consumiendo su espacio y su tiempo, que estaba haciendo que malgastara su alegría, que estaba invadiendo su ser, su ilusión, su fe, sus esperanzas... su inocencia. ¡Aquel ser no era nada en su vida! Demasiado tardé en comprender que no le debía nada, absolutamente nada... ¡no la conocía!
Ella no quería eso por su cumpleaños, ella no quería falsos cuentos que duermen cabezas, ni esa estúpida flor azul, ¡nunca le habían gustado las rosas sin espinas!, ¡nunca había pensado que el amor era caduco! No quería prestarle más atención a esa basura de concepto... No, no era interesante, ¡y la había mantenido durante horas sentada en un maldito sillón! Y ella había cedido, se había prestado a escuchar sus desvaríos, sus locuras, sus ideas desubicadas...
¡Le había amado, había amado ese instante! Y los flashes de las cámaras inmortalizando el momento... Por desgracia sería siempre un recuerdo, pero la pequeña Eva no vivía de recuerdos.
Aquel ser era un payaso de verdad, vacío, insustancial, volátil, irreal...¡falso!, Ciertamente falso...
De haberlo sabido no hubiera abierto jamás la puerta, de haberlo sabido no le habría regalado tanto tiempo, que era lo más valioso que poseía, así se habría ahorrado el consecuente sentimiento de desilusión. Aquel ser era tan estúpido que consiguió que ella también se sintiera estúpida, aquel ser era tan egoísta que había logrado acaparar su atención... ¡y ella había pensado que era maravilloso!. Pendiente de él había olvidado lo más importante... ¡tenía un año más!, ¡no podía perder el tiempo intentando comprender lo incomprensible! Además no le apetecía ya hacerlo, había dejado de importarle, no merecía la pena. No podía malgastar más emoción con aquella sombra de luna esquiva y cobarde que ni siquiera se atrevía a mirarla a la cara... esa sombra que ya solo proyectaba un despropósito.
-"¿Qué pasa Eva?"- preguntó una voz familiar- "¿Es que no te gusta, no te diviertes?"
-"No, ya no, ese payaso no es divertido, no interpreta ningún papel... ese payaso me da miedo, es triste, es demasiado triste... fíjate... ya solo sabe sonreir.... no tiene nada que lamentar, nunca tuvo nada que perder... no se puede esperar nada de él, porque es un ser del que ya se puede esperar cualquier cosa... no le quiero en mi vida"
Y ante la mirada de todos los presentes Eva se levantó del sillón de cuero y se acercó a la ventana para emprender la lectura que había dejado a medias.

5 comentarios:

Amor dijo...

Supongo que el payaso estaba haciendo su trabajo lo mejor que podía. Pero hay una cita del Antiguo Testamento que me ha venido a la mente: "El Señor odia vuestras fiestas", y ya sé que suena un poco represivo pero no es mi intención: mi intención es evocar ese sentimiento que tú como yo has tenido de que todo el mundo se está divirtiendo mientras tú estás buscando algo más profundo y más trascendente que una fiesta, mientras en ti hay una necesidad vital que las fiestas no llenan. Un beso gordo, Favo, de mucho
Amor

Cazadora de almas dijo...

Maravilloso! Como Eva que soy en algun momento me identifiqué con Eva...

Mil besos!

Susy dijo...

Con franqueza, nunca me gustaron los payasos. Me parecen siniestros. Como el circo, como las ocasiones en la que hay que divertirse por que sí y que los demás lo vean.
Por eso, mejor que no vuelva el esquivo y repintado ser que ni se atrevía a mirarte.

Yo tampoco me hubiera divertido.

Un abrazo.

EnLaOscuridadDeLaNoche dijo...

Cuantos "payasos" encontramos en nuestra vida, cuantas veces lamentamos haber abierto la puerta...
Y cuanto nos cuesta a veces darnos cuenta de que estamos perdiendo el tiempo, cuando podríamos emplearlo en "una buena lectura" que nos llenaría más...

Meiga, Ana... tuya... dijo...

En este mundo en el que los locos creamos nuestras propias verdades y los cuerdos nos ven realmente como locos los payasos no nos hacen reir, ¿y sabes porqué mi reina? Porque son ellos, porque hay que estar muy loco para estar sonriendo continuamente.
Mi princesa, mi reina... levántate de tu sillón y ríete de esos payasos que no entienden tu seriedad, tu tristeza... Baila con él y muéstrale tu mejor sonrisa, pero sin darle la razón.
Y sobre todo... recuérdale que el Prozac no es imprescindible para encontrar un motivo por el que sonreir y regalar sonrisas.
Vos sos mi Julieta... yo soy tu Meiga.
Te regalo mi mejor sonrisa.