sábado, octubre 21, 2006

Sinceramente ojitos tristes... ¿has conocido alguna vez en toda tu vida a dos seres que se hayan amado así?


“Varias muchachas de largos cabellos emergían de las aguas infestadas de carencias, Liberándose de las ciénagas donde el vacío y el olor a muerte asfixiaba el canto de los sapos, aparecieron ante Favole las esperpénticas hadas del desamparo.

Escucha el silencio… en mi reino la vida no existe, pero algo nos une a ella…”

Favole. Gélida luz


Caminaba entre árboles cubiertos de nieve. El paisaje bucólico se había convertido en un paraje desolador, frío y silencioso. La primavera había desaparecido para siempre de su mirada y las flores menguaron en una danza mortal que las condujo a la perdición. Le miró por última vez tratando de encontrar un aliento de vida en sus ojos, pero aunque lo hubiera conseguido era ya demasiado tarde… y con sus largos cabellos ondeando al viento dio media vuelta y desandó el camino andado, se perdió para siempre entre las desnudas ramas de la melancolía y se alejó de aquel lago convertido en hielo, hielo que ardía en la piel. Con expresión lánguida dejó caer una lágrima azul, una lágrima, aunque quizá fue la última, la que más dolió, la que marcó para siempre el blanco camino, dejando un profundo estigma, grabando en sus adentros el lugar donde murió el amor con un suspiro… y maldijo y amó aquel segundo como si hubiera sido el único de su vida… no volvió la cabeza hacia atrás, se llevó abrazado a su alma aquel recuerdo doloroso al que besó una primavera… una primavera que ya no podía volver, que se perdería en el santuario del tiempo y quedaría inmortalizada en cada pliegue de su espíritu, en cada gesto de sus manos , en cada aliento que se apresuraba a escapar de su corazón.

“…Tú…Tú por siempre… Tú, pieza única y diferente…”

Y sin pisar el suelo, en la más profunda oscuridad de los pasillos de su castillo, siente como vuela, como se desvanece, como se funde con el aire todo lo que alguna vez creyó que era bello. Como un espectro invisible que apenas logra sostener el candelabro en sus manos vaga por las estancias… pero ya no queda nada, tan solo el vacío del alma que devora la luz como un agujero negro insaciable. En los torreones es más fácil soñar, y como un vigía espera un rayo de sol en el horizonte, una chispa de creación que detenga con ternura a la nada… la nada que se acerca a su pecho, e impotente se va sintiendo extraña, diferente, metamorfoseada…


Bailando entre bailes de máscaras, donde se esconde el rostro de un amor perdido, donde las lágrimas no pueden ser vistas, donde todos los deseos juegan al escondite y dejan entrever sonrisas sensuales de fantasía. Consiguió llegar a aquel reino sagrado y maldito, aquel lugar que un día creyó que sería un santuario eterno… Se sentó en el Puente de los Suspiros, ella deseba que aquellas aguas fueran azules, pero no lo eran, y por primera vez en su vida comprendió que quería decir ser de piedra. Piedra fuerte, inalterable, que no se inmuta, que guarda témpanos de hielo en el corazón… ella se había vuelto de piedra, como aquel puente mágico que escondía mordiscos en los cuellos vibrantes de vida. Se esforzó por recordar aquel olor familiar, pero sintió el golpe del tiempo, de ese tiempo que nos cambia por dentro… y supo que jamás volvería a ser la misma después de aquello. Sin máscara y en soledad contempló el canal Veneciano, mientras imaginaba sentimientos que ya no era capaz de sentir, pensando que la felicidad no yacía en aquellas aguas… nadie supo jamás lo que fue sentirse desterrada, alejarse de su castillo y de su hogar, de su fortaleza, de todo aquello que conoció y amó. Bajo un cielo oscuro ensució su pureza y su inocencia con el miedo metido en las venas, con el silencio envenenándola de nostalgia… y vestida de luto acudió al entierro de su fe con la resignación anclada en sus entrañas. Noches de terciopelo, suaves besos de otoño, debe alejarse, lo sabe, dejarlo todo atrás de nuevo… y esta vez para siempre, dejar que todo se desvanezca en la niebla de lo que no pudo ser. Albergó la duda y el desconcierto, y la espera de lo que nunca iba a llegar se convirtió en ansia, delirio, desesperación y locura. Coronas de espinas, iglesias derruidas, ángeles sin alas… ¿Cómo despertar algo que ha muerto, que no existe? Inquietud como estado permanente. Mirando de soslayo divisó dos caminos, pero se quedó sentada sin saber a donde ir. Hacia delante, sí, pero mirando hacia atrás por si vuelve a sentir la perfección de la caricia, como una niña perdida que desconfía de los vientos que cambian repentinamente las cosas de sitio. Y emprendió de nuevo el camino, se lanzó a la madriguera de conejos que no sabía a donde conducía, vio espirales de magia entre palabras de sueños, y promesas vanas de eternidad. Encontró piedras de colores predispuestas a lo largo del sendero… las abrazó, las recogió, y las convirtió en amuletos que encierran la fe de la espera. Y ahora siente la búsqueda como estado permanente. Limpiezas de alma, gotas frías del manantial de las montañas sobre su frente, lágrimas que amplían su mirada, la mirada del que no sabe lo que busca, pero sabe que no lo ha encontrado. Árboles milenarios intentando crear un lenguaje nuevo e inamovible, ¿Cómo saciar el alma cuando se han perdido las coordenadas y el destino? Las trompetas del gran juicio resuenan entre los carruseles infantiles, las máscaras se convierten en poderosos artilugios que esconden la esencia vital de la pureza natural y ancestral. Con el hedonismo del peregrino sigue devorando tiempo y espacio, recuerdos y laberintos de fechas y nombres. Trajes, trajes de melancolía que se ciñen a la piel, ojos de cristal que reflejan mil realidades distintas, jardines de orquídeas que no necesitan agua para seguir creciendo… orquídeas huérfanas que saben vivir de una alegría. Música celestialmente atronadora en sus oídos, envolviendo la niebla y el sendero que conduce a ese cementerio de sueños al que acabamos regresando una vez tras otra… y conocemos tan bien ese lugar que llegamos a él sin apenas levantar la vista del suelo.

Luchas perdidas, eternas tempestades, ramas de árboles sabios y antiguos y que se secaron para siempre… ¿porqué?, ¿porqué cuesta tanto encontrar el reflejo verdadero? Miradas perdidas, el encuentro cara a cara con nuestro “yo” más profundo, que desea seguridad y se alimenta desesperado de impulsos adolescentes, el angustioso “ser o no ser”, “te amo o no te amo”, la eterna elección de la que no podemos huir y que alberga sueños imposibles, que vuelve a crecer con aquellas lilas que solo se abren con la luna llena. Ya no hay mampara de cristal protegiendo la flor del destino… y se oculta en el campanario de Notre Dame, envuelta por el olor a incienso y a fe desmedida, envuelta por el silencio de unas gárgolas lúgubres que anidan en el seno de profundos misterios. Plegarias, súplicas, almas atormentadas esperando un milagro y enamorando a sus sentidos, arte en estado puro, el arte que nos enseña y nos acoge como una madre… y su musa murmurándole al oído con una dulce voz:

-“Acude al bosque de Sherwood… y busca a Robin Hood…”


"Encontré una dama en los campos muy hermosa… como doncella de un cuento, su cabello era largo, sus pies ligeros y sus ojos salvajes. Tejí una corona para su cabeza y también brazaletes, y un fragante ceñidor, me miró como si amara, y dejó escapar una dulce queja.

Le Belle Dame de Sans Merci 1795-1821

miércoles, octubre 18, 2006

A menudo la lluvia del azar enmaraña nuestro pelo, pero... ¿y lo bien que nos lo pasamos?


Mi princesa no tiene corona, no es una persona de sangre azulada. No vive en absurdos relatos de hadas, hace vida insana y de noche se vuelve tan republicana... no tiene castillo, y no duerme en sábanas de seda blanca. Mi princesa no tiene lacayos, no cambia unos callos por platos diseño, dejó su niñez en la casa de empeños, y tiene su reino en el jardín que hay entre sus piernas. Cual Juana la loca, se pierde en los excesos que a veces salen de mi boca. Tiene un baúl lleno de secretos inconfesables, a veces bebe y comprende más de lo que debería, y a menudo ni dice lo que piensa ni piensa lo que dice... pero no tiene malícia, mi princesa señores, jamás presentó las notícias.
Mi princesa no da en noche buena discurso en la cena, no sale en los sellos, no entrega trofeos, le pierde el perfume letal del deseo... y no hay quien la ate, no precisa a papá ni a mamá para dar jaque mate. Le gusta pasear conmigo por las calles mientras sentimos que nos comémos el mundo, y le divierte el surrealismo tanto como a mí. Mi princesa tiene una hipoteca, algún que otro sueño imcumplido y un curro basura. No tiene un Velázquez entre sus pinturas y frecuenta garitos donde siempre hay más ranas que principitos. Le sobra nobleza, aunque nadie se incline a sus pies y la trate de alteza. Cuando estamos solas se pasa por el forro tanto protocolo, no tiene avaricia, mi princesa señores jamás presentó las noticias.... pero es mi princesa.

Por estar aquí, y ahí y ahí... por ser una brújula que no indica el norte, sino algo mucho más interesante. Por hacerme reir, por hacerme llorar, porque no puedo recordar un solo día en el que no me hayas dado un abrazo. Por ser un paraje que no me canso nunca de descubrir, por convertir tu casa en un barco para que navegue el sueño solo por mí... Por ser confidente, hermana y a veces hasta madre. Por ser Hada Madrina, Pepito Grillo, y Campanilla... por no soltar mi mano cuando me tiro por la madriguera de conejos que no sé adonde conduce... porque nunca te importó caminar a mi lado a oscuras y sin saber a donde vamos, por amarme por lo que soy y llevar tan bien un trabajo tan difícil como lo es cuidar de mí, de mis arrebatos y mis desniveles... por darme tu abrigo cuando salgo a la calle en manga corta (sí, ya sé que debo cojer la chaqueta, ya me lo has dicho, pero soy una irresponsable...)... porque podemos arrancarnos la cabeza mil veces sin dudar que nos queremos... sencillamente... por todo.

PD: Che boluda! ¿Qué decís? Yo siempre os amo más que vos a mí... ¿quereis casaros conmigo? Maldito el día en que me sentaron al lado de vos en aquel instituto...

domingo, octubre 15, 2006

No has sabido, no has querido, no he sabido, no he querido...

"Labios compartidos, labios divididos... yo no puedo compartir tus labios.
Tienes el sabor de lo equivocado. Amémonos a escondidas, hagamos de nuestro amor el secreto más profundo, aunque lo cante todo el mundo. Empezando a hacer exacto lo incorrecto..."

No has sabido ver, no has querido mirar con el alma
No he sabido mostrar, no he querido reprocharte nada
No has sabido escuchar, no has querido preguntar
No he sabido hablar, no he querido sentirme frágil de nuevo
No has sabido llegar a tiempo, no has querido arriesgarte
No he sabido olvidarte, no he querido perderte para siempre
No has sabido esperar, no has querido concretizar
No he sabido quedarme en tus brazos, no he querido retenerte esta vez
No has sabido decir que sientes, no has querido engañarme
No he sabido adivinar que piensas, no he querido abrazar este silencio
No has sabido conocerme, no has querido imaginar
No he sabido decir te quiero, no he querido ser tuya
No has sabido que pasa, no has querido forzar las cosas
No he sabido que pasa, no he querido abrir de nuevo esta herida
No has sabido donde estaba el límite, no has querido invadirme
No he sabido controlar el miedo, no he querido rechazar la duda
No has sabido leer en mis ojos, no has querido ver la realidad
No he sabido fingir que no duele, no he querido esconder la desilusión
No has sabido ver que me marcho, no has querido pensar nunca que no volveremos a vernos
No he sabido quedarme a tu lado sentada, no he querido sentir que no puedo besarte
No has sabio mantener la distancia, no has querido profundizar en mis sentimientos
No he sabido esquivar tus mentiras, no he querido engañarte jamás
No has sabido coger este suspiro, no has querido preguntarte porque estoy aquí
No he sabido hacer lo que deseaba, no he querido darle un nombre a esto
No has sabido controlar los abrazos, no has querido pasar inadvertido en mi vida
No he sabido buscarte, no he querido correr el riesgo de no encontrarte
No has sabido nunca el porque de mi decisión, no has querido cortarme las alas
No he sabido expresar lo imporatnte que eres para mí, no he querido creer nunca que es a mí a quien amas
No has sabido equilibrar lo que dices y lo que haces, no has querido dejar de pensarme
No he sabido dejar de escribirte, no he querido volver a perder
No has sabido jugarte la fe, no has querido decir nunca el dolor que albergaste
No supe ver tus lágrimas, te pido perdón,... y no he querido que vieras las mías, aunque sé que te las mereciste siempre...

"Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón.
Habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por mi camino, él por otro,
pero al pensar en nuestro mutuo amor
yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?"
y el dirá: "¿por qué no lloré yo?"

jueves, octubre 12, 2006

Río...y si me acuerdo de tí es porque el frío me aconseja que lo haga


Cambios bruscos, agitación masiva, la luz se mueve en mí demasiado deprisa, pero no alumbra nada en concreto. No sé que busco, no sé que espero, así que me levanto de este sillón de dudas y me voy. Ya no necesito que nada de esto sea cierto, ya no necesito volver a empezar, y sigo la noche porque hay veces que ya no puedo soportar la luz de la distancia. Ya no digas nada en un suspiro, sabes mejor que yo que este silencio a calado hondo, ya no me pregunto nada, sencillamente camino... ya no me preguntes nada, sencillamente camina, y puede que volvamos a encontrarnos... Se avecinan nuevos vientos y ajusto bien las velas, por si no traen tu nombre en su regazo, por si vuelves a perderte entre tus sueños, por si vuelvo a naufragar pero esta vez me gusta tanto lo que encuentro que no regreso a tí jamás... No sé a donde conduce el sendero, pero agradezco haber nacido con la mitad caminado... las cosas se pierden, las cosas se marchan, aunque mantengo la puerta abierta por si quieres pasar y quedarte. Sabes que tú no necesitas llave, tan solo tienes que susurrar aquella melodía que me hechiza... He aprendido, poco o mucho, y lo que me queda aún por descubrir.... Sé que el mecanismo de la felicidad es mucho más complejo que el del amor, pero si fui en tu vida algo fugaz, algo volátil, algo etéreo, yo te pido, por favor, no me lo digas... y si prefieres olvidarme te olvido, aunque se vaya contigo todo aquello que no he tenido tiempo de comprender.
Agua de mar, fuerte, indómita, cambiante y libre, agua de mar que no se estanca, que bebe de sus propias lágrimas, que no pertenece a nadie... Demasiadas gotas de lluvia en tu mirada, demasiada niebla envolviéndo esta historia, demasiadas noches de nubes que presagian lágrimas, demasiados huracanes de nostalgia sin tus abrazos. Te vendo mi calma, no la echaré de menos, no tanto como a tí. Creo que nunca llegarás a entender el castigo que supone para mí sentir lo que siento... no debería amarte, y sin embargo no logro escapar de esta tormenta de sentimientos que afina mis sentidos... y es que no sé vivir solo con cinco sentidos... ya no quiero mirarte de soslayo, ya no quiero escuchar lo que dicen tus silencios, ya no necesito pronunciar palabras, ya no deseo acariciar otros labios, ya no quiero el sabor de lo inconcluso... Ahora son las olas las que me dirigen, ya hace algún tiempo que aprendí que cuando el pensamiento se vuelve demasiado doloroso lo mejor es dejar de pensar, ya hace algún tiempo que me dejo llevar... y subida en mi navío de ilusión te esperaré, y si no vuelves... te esperaré.

"Me llevo en la maleta ganas de comprender porque con cosas de estas me vuelvo tan idiota, huyendo de tí, con ganas de volver a soñar en tus brazos... Dame el tiempo que no te haga falta y prometo invertirlo en caricias en tu espalda..."