miércoles, diciembre 30, 2009

Sin Puntos Suspensivos

Hace muy poco he tenido el placer de leer un escrito de esos que se te meten dentro y no salen. Dicho escrito procedía de un ser al que admiro. Hablaba sobre la fragilidad de las libélulas, sobre la cruda y fatal verdad que dice que todos nos marchamos, y que la realidad es que llega un día en que no volvemos. Hablaba también del arrepentimiento cuando ya es demasiado tarde, de que hay trenes que se nos escapan de las manos, de lo fácil que es hablar de sentimientos cuando ya ha pasado lo peor. Y aún hablaba de muchas otras cosas que no quiero mencionar, (será que estas fiestas me ponen alegre y triste a la vez, será que creo firmemente que a veces es una suerte no saber del todo en qué mundo se vive).
Sea como sea me ha hecho reflexionar sobre mis puntos suspensivos. Esos que siempre me salvan cuando no quiero hablar, cuando no puedo explicarme, cuando suspiro y prefiero que el silencio, o aún el lector, acabe la frase por mí. Esos que me socorren cuando esquivo las palabras que no me conviene hacer evidentes, esos de los que abuso sin percatarme.
Por eso hoy quiero escribir sin dejar nada en el aire, porque me he dado cuenta de que hay cosas de las que solo hablo mediante los puntos suspensivos, probablemente las más importantes.

Y lo voy a hacer con las emociones vagando a la intemperie, como una nómada de recuerdos, de esos que se enredan, esos que a ti tanto te gustaban y que ahora, bien mirado, ya no pienso volver a odiar.
Sin reloj y sin brújula confesaré que siguen revoloteando en el estómago , no importa el tiempo que pase. Debían de haber mariposas en el café que, casi por obligación, me ha tocado beberme a sorbos fugaces.
Echo de menos muchas cosas, y me duele cuando la gente a la que quiero me dice que está tranquila, porque sé por experiencia que, a ciertas edades, cuando uno dice que está tranquilo quiere decir que está triste. Sospecho que incluso la tristeza se vuelve tranquila.
Ya no existen en algunos de ellos la fuerza y el valor que caracterizaba a la rebeldía, a la lucha. Y me duele, me duele pensar que todos los sentimientos acaban derivando en una indiferencia calmada, esa es la peor de las batallas que podíamos perder. ¿Cómo se puede entonces hablar de paz sin sentirnos avergonzados?

Después de todo, celebramos en todas las fiestas lo mismo, ¿no?: la vida. Y la vida no se compone solo de apacible calma y harmonía, el mundo no es solo un lugar tranquilo en el que sentirnos seguros, sino un entretejido de sombras y luces . Simplemente me molesta la gente que ha decidido dejar de luchar con las sombras, simplemente me molesta la absurda excusa que se extiende como una plaga sobre la tierra:“me he hecho mayor”.
No, la cobardía no puede ser algo que viene implícito en el proceso de crecimiento.
Probablemente el problema sigue siendo el mismo: sin normas no hay juego. Y bien puede ser que yo nunca haya entendido dichas normas, y bien puede ser que ahora quiera jugar a mi manera.
Y todo esto lo digo porque sé que todos, más o menos, hemos visto desmoronarse las mismas cosas, de distinta forma,y por separado. Las mismas cosas.

Este es mi “lo siento” pero aún quiero poder disfrutar de los seres humanos con sus más y sus menos, quiero aún poder decir todo aquello que nunca he dicho, quiero aún llorar y reír sin motivo, quiero estar nerviosa e inquieta. Quiero seguir siendo temperamental, quiero equivocarme y quiero poder pedir perdón. Quiero que acabemos gritándonos a la cara lo que pensamos, quiero que sigamos siendo desvarío, que nos siga sangrando la imaginación, que seamos algo más que control y números y citas y deberes. Quiero que nos queramos para siempre, y sin condiciones.
Este es mi “lo siento” pero quiero poder aún. Quiero aún, a veces, poder hacer algo que lo cambie todo.

Y para este año nuevo :):














Sin puntos suspensivos.
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miércoles, noviembre 11, 2009

Nunca fue fácil sobrevivir a base de sueños

Nunca fue fácil sobrevivir a base de sueños… y con el tiempo he ido echando de más lo que un día eché de menos. La vida se abre paso como una enredadera a través de nuestros recuerdos…¿para qué hablar de lo que ya he olvidado?
Podría recordar aquel banco del parque, testigo mudo de aquel primer beso, la forma de latir de mi corazón frente a ciertas cosas que hoy me provocarían la más sincera de las indiferencias. Podría recordar también mis ganas de comerme la vida al lado de seres que después desaparecieron para siempre, mis desencantos, mis proyectos de poeta, la manera que tenía de beber veneno de ciertos labios a los que amé y que hoy no sentiría el ansía de probar.
Podría recordar la curiosidad que me despertaba TODO, la fe desmedida en el ser humano, la expectativa que sembraba en mi cualquier tipo de posibilidad que se cruzara en mi camino, y también como, a base de pura ilusión, logré desprenderme para siempre de la desconfianza.
Podría hablar de todas esas veces que me quedé en la orilla de mi habitación y, con la caracola en la mano, cerré muy fuerte los ojos e imaginé el mar…Podría hablar de aquel día que me quedé bajo su ventana hasta altas horas de la madrugada, esperando una reconciliación que no llegó jamás.
Podría recordar todas las veces que me he equivocado, todas las veces que me ha dolido la lengua de mordérmela tanto, todo aquello que nunca dije, lo que no confesé, mis más oscuros pensamientos y mis más incontrolables miedos.

Podría recordar hoy todo aquello que nunca te conté, todas mis huidas, las veces en que a propósito tropecé con la misma piedra, una y otra vez, una y otra vez…
Podría recordar todas las veces que no he escuchado absolutamente a nadie, podría hablar de todos los consejos que mi selecto carácter a rechazado por considerar que coartaban mi libertad. Podría hablar del despotismo ilustrado, quejarme de lo que me tocó vivir, llorar por todas las veces que he abrazado a decepciones en potencia, y sacrificarme a mí misma y a mi arrepentimiento en el altar de los fracasos.
Pero ¿para qué engañarnos? Ya no me gusta gastarme el tiempo que no tengo, y mis colores preferidos han cambiado. También, en contra de mi voluntad, ha cambiado la manera que tengo de ver ciertas cosas…supongo que crecer no es malo, lo malo es hacerse mayor, y como todos los soñadores, yo también confundí alguna vez el desencanto con la verdad.

No…No me apetece hablar de lo que ya he olvidado… hoy tan solo me apetece recordar a todas esas personas que siempre son un diez por ciento más amables de lo necesario, a ese grupo de seres asombrosos que se han esforzado por brillar más para mí y con ello han conseguido que yo también brillara más.
Hoy tan solo quiero recordar a ese grupo de gente que siempre ofrece ese acto de bondad injustificado e ilógico…por todas las veces que podría haber salido de “esta” sin ellos pero gracias al cielo que no tuve que hacerlo.
Hoy ya solo quiero recordar a los que han creído en mí hasta cuando yo misma dudaba, por todas esas veces que me han dicho “tu puedes”…y he podido.
Son ellos los que merecen ser ladrones de mi tiempo…Y es que nunca fue fácil sobrevivir a base de sueños.

[Puedo escribir y no disimular, es la ventaja de irse haciendo viejo.]
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miércoles, octubre 14, 2009

MARODRAMA

Decía que era agua de mar. Quizá se refería a que era indómita, quizá se refería a que su sal curaba las heridas, a que se respiraba libertad en sus formas. Decía que era agua de mar… fuerte, brava, traicionera y dolorosa, capaz de arrollar al más feroz de lo piratas. Y sin embargo la amaba, se enamoraba de ese misterio valeroso que anidaba en sus entrañas, se enamoraba de la dulzura con la que sus olas mecían sus manos. Profunda, clara, oscura, a veces impenetrable… pero cierta.
Agua… agua que fluye, que crece en libertad, que no pertenece a nadie, que no se puede coartar.
Él también pertenecía a esas aguas que le hechizaban, que le robaban el corazón, que le ofrecían un ideal. Algunos decían que la amaba porque sabía que no podría tenerla nunca subyugada, otros decían que la amaba porque se le daba bien fingir que no daría la vida por él…pero nada de eso importaba… lo cierto es que la amaba porque robaba sus besos sin pedírselo, porque trastocaba su vida y lo que pensaba de las cosas, porque sabía que no podía dominarla, porque ella le hacía creer que no enloquecía con su ausencia… la amaba porque sabía que aunque no volvieran a verse sentirían lo mismo.

La atracción que ejercían el uno en el otro no estaba sujeta a ningún cambio, aunque ellos fueran un cambio continuo, y eso le desconcertaba…porque sentía que había algo en ella más fuerte que él mismo… y amaba y odiaba ese “algo” por igual.Sin duda hay algo muy triste en este tipo de historias, y es vislumbrar claramente que aunque los dos eran personas luchadoras jamás, no se sabe porqué, lucharon por “esto”. A él no le gustaba obviar las emociones, quizá por desconfianza, pero curiosamente nunca fue capaz de desconfiar de ella, aunque lo intentó…francamente, a ella le pasaba lo mismo.
Agua de mar, agua de mar a la que no quería preguntar nada, agua de mar que le retaba, que despertaba su inspiración, que deseaba guardar en lo más profundo de su corazón.
Columnas de gotas cayendo hacia abajo, y una sola que asciende hacía arriba, así la describía cuando le podía la melancolía de no tenerla. Le suponía un enigma que sin embargo comprendía a la perfección.


De nada servía engañarse…no eran tan distintos después de todo. Era él el que era agua de mar, era él el que la enamoraba, el que la retaba, al que no podía poseer. Era él el que la volvía loca, el que aparecía y trastocaba su vida, con el que le gustaba jugar cuando ya la había ganado… agua de mar, agua de mar con la ventana abierta… y ella quería que el “puede”cobrara forma en sus adentros… y ahogarse, abrasarse, morir de amor, recorrer ese intempestuoso mar al que anhelaba, perderle o ganarle…
Así vagaban ambos por la vida, como dos lobos esteparios, abrazando el ojalá…
El “Ojalá” suena tan dramático…lo es.

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martes, octubre 06, 2009

INSOMNE

Insomnio… se pasaba las noches oteando el horizonte, intentaba ver si lo que un día creyó que iba a ser llegaba de pronto entre las olas. Buscando su navío de ilusión, o a veces echándolo de menos. Como una eterna Penélope que permanece inmóvil en la orilla de lo incalibrable…sin querer hablar, sin querer decidir o tomar una elección.
Hubo un día en que supo a donde iba, o creyó saberlo…ahora en cambio pensaba que en realidad ella nunca quiso ir a ningún lugar…lo que quiso fue quedarse.
El mundo seguía siendo igual de grande…solo que con menos alicientes… y su principal problema seguía siendo el mismo: casi todo le acababa aburriendo. Las personas, los lugares, el orden, la monotonía… la atadura necesaria a la estabilidad y la razón.
Nunca creyó que debiera aprender a llorar o reír con un motivo… a veces le gustaba hacerlo porque sí, a veces le gustaba no poder explicarlo.
Se alejaba de ese mundo que concebía la vida tan solo como control, obligación y servidumbre. Prefería obedecer a sus propias leyes, aunque estas fueran a veces contradictorias y aunque ello conllevara soñar de nuevo en soledad
.


Se alimentaba de libertad, y de melancolía también… y por alguna razón, que creo adivinar, se rodeó siempre de un escudo inquebrantable de fuerza.
Sentía que hacía años perdió algo muy valioso…nunca supo muy bien de que se trataba…algo que amaba por encima de todo…quizás una parte de su esperanza…y no se cansaba de buscarla.
Los años pasaban, y con el tiempo casi todos se fueron durmiendo…perfecta metáfora…efectivamente así fue… todos se fueron durmiendo, fatigados de tanta realidad, de tanto sinsentido.
Tan solo unos pocos, entre los que se encontraba ella, desarrollaron una extraña enfermedad llamada INSOMNIO, de la que no podrían acabar de desprenderse jamás. Los síntomas de dicha dolencia eran la incertidumbre, el sangrado de la imaginación, la necesidad de robarle tiempo al tiempo, el miedo a lo finito, la exasperante incapacidad de dar tregua a los sentidos, que imperan por encima de todas las cosas y que permanecen latentes esperando una chispa creadora en medio de la noche.
Y es que el cuerpo se fatiga y se rinde, pero las Magia no. Como decía Michael Ende: “La imaginación es la mejor amiga y la peor enemiga del hombre”, y no posee dueño, amartillea sus curiosos barrotes pidiendo a gritos salir, clama por su libertad de una manera tan férrea que resulta imposible no obedecer su voluntad.
Surge en el lugar más inesperado, en la hora más intempestiva y no responde a ningún tipo de ley que reconocemos como mortal.


¡Oh, fuerza inexorable!… ¿A cuántos habrás arrollado en tu ímpetu?, ¿Cuántos habrán intentado en vano mantenerte en el silencio de sus cabezas? Y a los que lo consiguieron los castigaste, devorándolos por dentro, robándoles la cordura, convirtiéndolos en tus esclavos. ¿Cuántos murieron envenenados de fantasía incapaces de distinguir ya lo real de lo imaginario?, ¿ A cuántos, en silencio, robaste la voluntad , convirtiéndolos en agua estancada, en labios sellados, en energía incapaz de fluir y ser expresada?
Y lo más fuertes consiguieron quedarse a vivir en el filo del delirio. A esos…a esos besaste con tu gracia… a los que comprendieron la complejidad y los matices de la libertad, a los que entendieron que no hay nada de sublime en ser un cuerdo o un loco, una sonrisa o una lágrima…sino que el verdadero reto es ser ambas cosas a la vez y seguir siendo capaz de dilucidar.
Los condenaste a vivir la mitad del día y la mitad de la noche, contemplaron más anocheceres y más amaneceres que todos los demás…aquellos, aquellos que se habían dormido…
Les otorgaste tu don, el más poderoso y el más peligroso…
La capacidad de intentar cambiar las cosas.
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miércoles, septiembre 09, 2009

Lo que pude ver de la historia de Peter y Wendy una noche, mientras miraba por una ventana abierta.

Despertó envuelta en su recuerdo…durante muchos años no había vuelto a ver a Peter Pan ni una vez, y ahora él decidía visitarla en sueños. De alguna forma su sombra siempre había estado allí, susurrándole historias bonitas cuando tenía miedo.Wendy había vuelto a llorar en los últimos días, a Peter no debía entristecerle haberlo provocado él.Como un huracán había desatado los sentimientos que había escondido en el desván de los sueños incumplidos, había pronunciado todo aquello que Wendy había esperado en vano mucho tiempo.Con la maestría del arco y la flecha Peter había lanzado dedales en forma de palabras y frases… y Wendy las había recogido, las había recogido TODAS… Y ahora… ¿qué iba a hacer con ellas?Ciertamente Peter era tan solo un niño… y, como todos los niños, sabía ser cruel de verdad.No debe malinterpretarse esto. Wendy sabía que no había ni una pizca de maldad en Peter, pero tenía la ferviente ambición propia de la niñez. Era un niño caprichoso que conservaba la capacidad de exigir, con todas sus fuerzas, aquello que deseaba, y cuando parecía haberse olvidado de su deseo, distraído por sus otros muchos juegos, volvía a reclamarlo con el mismo ímpetu y la misma fuerza.


Peter no olvidaba NUNCA nada de lo que había querido y no había tenido, y eso que olvidaba otras muchas cosas.Puede que Wendy hubiera sido una de las pocas personas que había comprendido a Peter Pan…puede, pero, creerme, a veces había tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano, un esfuerzo no propio de una niña…de aquí lo complicado del tema porque Wendy, en el fondo, seguía siendo una niña, y, en lo que se refería a ellos dos, Peter nunca, NUNCA había sido capaz de ser sincero.Sin embargo de nada sirve hablar del tiempo cuando uno habla de Peter Pan…habían pasado los años y Wendy seguía sin saber con exactitud que es lo que él esperaba de ella, ni si volverían a verse.Su recuerdo aún dolía… mucho, no estoy segura de que nadie pueda comprender cuanto, para ello debería volver a nadar en esas hechizantes lagunas, con sus tan amadas sirenas, volver a volar con las hadas y sentir el miedo que uno siente cuando mira a los ojos de un pirata sin ilusiones.La melancolía era un despropósito que le había ganado la batalla a Wendy cientos de veces, porque para sus adentros reconocía que un pedacito de ella se había quedado para siempre en esos parajes de ensueño… y era un pedacito tan importante que Wendy JAMÁS pudo renunciar a perderlo. Aunque había intentado no hacerle caso le golpeaba cada noche, en sueños, pero cuando abría los ojos se había ido… y no estaba segura de querer seguir con aquello, Peter debía comprender que ahora Wendy era feliz…todo lo feliz que consiguen ser las personas como Wendy.

Ella no quería que Peter pensara que había escogido el camino fácil… simplemente se había quedado atrapada en un lugar profundamente ambiguo, algún lugar entre la niñez y la vida adulta, entre sus sueños y la realidad, no pudiendo abandonar a estos primeros, pero percibiendo ya con toda claridad, (y mentiría si lo negara) lo segundo.Pero hoy no eran estas cosas las que se agolpaban en la cabeza de Wendy, sino la contradicción.En efecto Peter tenía esa incapacidad infantil que tienen todos los niños para hacer que lo que dicen y lo que hacen, a menudo, no guarden absolutamente ninguna relación para el resto de las personas.Peter la deseaba para él, pero a su vez huía de esta forma de “poseer” tan adulta. Detestaba el aburrimiento y el control, rechazaba la necesidad y sobra decir que sentía un miedo atroz ante la idea de que algo o alguien pudiera arrebatarle un pedazo de su libertad. Quizás sin darse cuenta ese era su mayor fingir… porque aunque él esquivaba a toda costa la idea estándar de “unión”, y todo lo que esta conlleva, la realidad es que Peter no podía evitar unirse a mil cosas continuamente.
Wendy no conoció NUNCA JAMÁS en su vida a persona con más capacidad para dar amor. Curiosamente Peter amaba todo el rato, amaba por necesidad y no podía sobrevivir sin amor… es tan solo que su amor era libre y en sus aventuras, en sus inocentes juegos de niño, olvidaba aquello que amaba con mucha rapidez, y cuando lo recordaba volvía volando a buscarlo, pero para entonces ya era tarde. A veces ese “algo” que amaba ya no estaba, o peor aún, se había convertido en “algo” a lo que era imposible amar… Era entonces cuando Peter se ponía triste, muy triste, y enfadado se marchaba muy lejos.

¿Cuántas veces a sucedido esto en nuestra historia?- se preguntaba Wendy- pero la respuesta era inesquivable: demasiadas.Porque si algo estaba claro es que, ya fuera por amor o por dolor, o incluso por ambas cosas a la vez, Peter hubo épocas de su extraña vida en las que estuvo muy enfadado con Wendy, y si él no era capaz de aceptarlo NUNCA podrían ser sinceros el uno con el otro.Y era cierto que en algún momento Peter había pensado de Wendy que era cruel y egoísta… y puede que tuviera parte de razón, pero el porqué seguía oculto en un mar demasiado profundo para hondarlo sin correr el peligro de ahogarse.Por su parte Wendy también lo había pensado y también había estado muy enfadada, aunque eso nunca llegó realmente a mancillar ni un ápice lo que sentía de verdad por Peter.En efecto, Peter Pan tenía tanto miedo de dejar de ser él mismo que lo hubiera abandonado TODO una y mil veces para salvarse… ¿no era esto egoísta?Tal vez no del todo, porque al hacerlo también se hacía daño a si mismo, solo que no sabía cuanto porque, si hay algo que Peter Pan ignoraba por completo era la fórmula del causa y efecto. Al no tener límites no reparaba en las consecuencias de sus actos, y aunque no había una pizca de maldad adulta en su carácter sí había la peligrosa inconsciencia de los niños que, arrollados por sus sentimientos, son capaces de volver el mundo del revés cuando creen hallarse en el camino correcto.Y todo esto lo digo porque sospecho que aún en contra de su voluntad y sus anhelos Peter había deseado muchas veces que Wendy cerrara su ventana, que dejara de esperarle aunque él cargara con la pesada condena de no olvidarla NUNCA… esto le habría facilitado las cosas, porque así no hubiera sentido la necesidad de entrar por ella cada vez que la veía abierta… No hubiera escuchado sus cuentos, esos cuentos que le robaban su alma de niño y a los que regresaba para saber el final.Pero seguía habiendo una historia especial, una historia sin final que había perdurado en el tiempo, y esa…esa…tenía atrapado a Peter.Esa tenía una luz mucho más poderosa que la de la curiosidad, una luz que se le escapaba de las manos y no podía controlar…y eso, claro está, le molestaba mucho.
Él, que dominaba como nadie los colores, la imaginación, las luces y las sombras, el mundo corpóreo y el incorpóreo…Pero lo que Peter no sabía es que Wendy no tenía pensado cerrar JAMÁS su ventana, no podía… esta vez no, NUNCA JAMÁS… aunque Peter no regresara NUNCA.Después de todo... la satisfacción adulta es una cosa que está demasiado sobrevalorada.


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miércoles, mayo 13, 2009

APE[ANDOME] SIN RUMBO

...Entre otras cosas porque cuando llega la primavera me altero y me subo a la parra (o en su defecto al almendro :)...





Podría empezar diciendo que a veces la ausencia la forman tantos porqué que se hace prácticamente imposible explicarla sin caer en el controversia o la contradicción.


Podría decir que corren tiempos difíciles para el Romanticismo y la Magia, que de alguna forma también he crecido (siempre hacia arriba), que últimamente, sin saber muy bien como, le estoy ganando la guerra al insomnio, que procuro no empacharme de tanta incertidumbre cuando [ama]nece...


La realidad es que mi niña interior sigue existiendo, solo que ya no me gusta compartirla con tanta gente. Ya ha tenido suficientes dosis de eso que muchos llaman realidad, dosis que procedían de labios que han acabado convirtiéndose en ajenos...así que ella sigue aquí dentro, rebelde, guerrera...pero ya no lucha por conquistar otros reinos, sino que baila libre por los que ya le pertenecen...y, a estos últimos, los defenderá siempre.
Podría empezar diciendo que regreso de muchos lugares a muchos lugares, como un ciclo que se repite y que casi siempre es familiarmente distinto, pero la verdad es que con los años me voy convirtiéndo en una hedonista que debora el tiempo así "haciendo", arriba y abajo, sin freno y muchas veces sin límite.... porque un día olvidé que todo era fugaz, que la vida "Es solo una sombra que pasa, un pobre cómico que se pavonea y agita una hora sobre la escena y después no se le oye más. Es un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y de furia, y que no significa nada. "

Tal vez nunca quise olvidarme del sabor que tienen las cosas...y preferí morderlas de nuevo a quedarme sentada intentando recordar. Últimamente siento que no sé ser condescendiente, me cuesta abdicar frente a ciertos conceptos, conceptos que, a veces, proceden hasta de mi propia persona.
Hace años alguien me dijo que lo que hace diferente y especial a un ser humano es la capacidad que tenga para mantener vivos sus sueños...
Ya en aquel entonces fui consciente de que los sueños que no suelen perdurar no caben en las manos, y hoy por hoy pienso que lo que realmente distingue a un ser de otro es lo que está dispuesto a hacer y lo que no para conseguir que sus sueños se cumplan.
Después de todo sigo creyendo que los dulces son mejores que el dinero, me gusta abrazar a los míos todos los días, enjugar mis lágrimas en sus hombros y CREER que son para siempre.
Y es que últimamente deseo más que nunca volver a esos dias en
que todo lo que sabía eran colores y cuentos de hadas... y eso no me molestaba.
Podría...Podría empezar diciendo que mi silencio se debe a la suma de mis muchas divisiones....pero la verdad es que voy a acabar diciendo lo mucho que he echado de menos estas tierras, esta faceta de mí a la que sin duda pertenezco.

"Paseando por el filo de las ilusiones, rizando el rizo absurdo de la realidad...contra los desengaños sobran oraciones...Por el filo de las noches en celo, de los ojos sinceros, apeándome sin rumbo en este carrusel...Por el filo de las copas abstemias, del amor con anemia, piedra, tijera, papel...

Negando la evidencia ante mi defensor, moviendo las manillas del despertador...Viviendo desangrándome de lunas llenas, la sangre con cianuro que habita en ciertas venas conoce las arbucias del buen timador. Por el filo del amor con estrías, de los trenes sin vía, durmiéndome entre sábanas sin pedigree...Por el filo del lunar de tu cuello, de postales sin sello... Al filo del filo de tu cama, del triste desenlace de esta trama...Por el filo del estrés con jadeos, de incumplir tus deseos, del lagrimón al borde del mantel...Por el filo de perder la cabeza, de ensalzar la vileza... Por el filo..."

(José Córdoba- Por El Filo- Estado Natural)