miércoles, septiembre 09, 2009

Lo que pude ver de la historia de Peter y Wendy una noche, mientras miraba por una ventana abierta.

Despertó envuelta en su recuerdo…durante muchos años no había vuelto a ver a Peter Pan ni una vez, y ahora él decidía visitarla en sueños. De alguna forma su sombra siempre había estado allí, susurrándole historias bonitas cuando tenía miedo.Wendy había vuelto a llorar en los últimos días, a Peter no debía entristecerle haberlo provocado él.Como un huracán había desatado los sentimientos que había escondido en el desván de los sueños incumplidos, había pronunciado todo aquello que Wendy había esperado en vano mucho tiempo.Con la maestría del arco y la flecha Peter había lanzado dedales en forma de palabras y frases… y Wendy las había recogido, las había recogido TODAS… Y ahora… ¿qué iba a hacer con ellas?Ciertamente Peter era tan solo un niño… y, como todos los niños, sabía ser cruel de verdad.No debe malinterpretarse esto. Wendy sabía que no había ni una pizca de maldad en Peter, pero tenía la ferviente ambición propia de la niñez. Era un niño caprichoso que conservaba la capacidad de exigir, con todas sus fuerzas, aquello que deseaba, y cuando parecía haberse olvidado de su deseo, distraído por sus otros muchos juegos, volvía a reclamarlo con el mismo ímpetu y la misma fuerza.


Peter no olvidaba NUNCA nada de lo que había querido y no había tenido, y eso que olvidaba otras muchas cosas.Puede que Wendy hubiera sido una de las pocas personas que había comprendido a Peter Pan…puede, pero, creerme, a veces había tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano, un esfuerzo no propio de una niña…de aquí lo complicado del tema porque Wendy, en el fondo, seguía siendo una niña, y, en lo que se refería a ellos dos, Peter nunca, NUNCA había sido capaz de ser sincero.Sin embargo de nada sirve hablar del tiempo cuando uno habla de Peter Pan…habían pasado los años y Wendy seguía sin saber con exactitud que es lo que él esperaba de ella, ni si volverían a verse.Su recuerdo aún dolía… mucho, no estoy segura de que nadie pueda comprender cuanto, para ello debería volver a nadar en esas hechizantes lagunas, con sus tan amadas sirenas, volver a volar con las hadas y sentir el miedo que uno siente cuando mira a los ojos de un pirata sin ilusiones.La melancolía era un despropósito que le había ganado la batalla a Wendy cientos de veces, porque para sus adentros reconocía que un pedacito de ella se había quedado para siempre en esos parajes de ensueño… y era un pedacito tan importante que Wendy JAMÁS pudo renunciar a perderlo. Aunque había intentado no hacerle caso le golpeaba cada noche, en sueños, pero cuando abría los ojos se había ido… y no estaba segura de querer seguir con aquello, Peter debía comprender que ahora Wendy era feliz…todo lo feliz que consiguen ser las personas como Wendy.

Ella no quería que Peter pensara que había escogido el camino fácil… simplemente se había quedado atrapada en un lugar profundamente ambiguo, algún lugar entre la niñez y la vida adulta, entre sus sueños y la realidad, no pudiendo abandonar a estos primeros, pero percibiendo ya con toda claridad, (y mentiría si lo negara) lo segundo.Pero hoy no eran estas cosas las que se agolpaban en la cabeza de Wendy, sino la contradicción.En efecto Peter tenía esa incapacidad infantil que tienen todos los niños para hacer que lo que dicen y lo que hacen, a menudo, no guarden absolutamente ninguna relación para el resto de las personas.Peter la deseaba para él, pero a su vez huía de esta forma de “poseer” tan adulta. Detestaba el aburrimiento y el control, rechazaba la necesidad y sobra decir que sentía un miedo atroz ante la idea de que algo o alguien pudiera arrebatarle un pedazo de su libertad. Quizás sin darse cuenta ese era su mayor fingir… porque aunque él esquivaba a toda costa la idea estándar de “unión”, y todo lo que esta conlleva, la realidad es que Peter no podía evitar unirse a mil cosas continuamente.
Wendy no conoció NUNCA JAMÁS en su vida a persona con más capacidad para dar amor. Curiosamente Peter amaba todo el rato, amaba por necesidad y no podía sobrevivir sin amor… es tan solo que su amor era libre y en sus aventuras, en sus inocentes juegos de niño, olvidaba aquello que amaba con mucha rapidez, y cuando lo recordaba volvía volando a buscarlo, pero para entonces ya era tarde. A veces ese “algo” que amaba ya no estaba, o peor aún, se había convertido en “algo” a lo que era imposible amar… Era entonces cuando Peter se ponía triste, muy triste, y enfadado se marchaba muy lejos.

¿Cuántas veces a sucedido esto en nuestra historia?- se preguntaba Wendy- pero la respuesta era inesquivable: demasiadas.Porque si algo estaba claro es que, ya fuera por amor o por dolor, o incluso por ambas cosas a la vez, Peter hubo épocas de su extraña vida en las que estuvo muy enfadado con Wendy, y si él no era capaz de aceptarlo NUNCA podrían ser sinceros el uno con el otro.Y era cierto que en algún momento Peter había pensado de Wendy que era cruel y egoísta… y puede que tuviera parte de razón, pero el porqué seguía oculto en un mar demasiado profundo para hondarlo sin correr el peligro de ahogarse.Por su parte Wendy también lo había pensado y también había estado muy enfadada, aunque eso nunca llegó realmente a mancillar ni un ápice lo que sentía de verdad por Peter.En efecto, Peter Pan tenía tanto miedo de dejar de ser él mismo que lo hubiera abandonado TODO una y mil veces para salvarse… ¿no era esto egoísta?Tal vez no del todo, porque al hacerlo también se hacía daño a si mismo, solo que no sabía cuanto porque, si hay algo que Peter Pan ignoraba por completo era la fórmula del causa y efecto. Al no tener límites no reparaba en las consecuencias de sus actos, y aunque no había una pizca de maldad adulta en su carácter sí había la peligrosa inconsciencia de los niños que, arrollados por sus sentimientos, son capaces de volver el mundo del revés cuando creen hallarse en el camino correcto.Y todo esto lo digo porque sospecho que aún en contra de su voluntad y sus anhelos Peter había deseado muchas veces que Wendy cerrara su ventana, que dejara de esperarle aunque él cargara con la pesada condena de no olvidarla NUNCA… esto le habría facilitado las cosas, porque así no hubiera sentido la necesidad de entrar por ella cada vez que la veía abierta… No hubiera escuchado sus cuentos, esos cuentos que le robaban su alma de niño y a los que regresaba para saber el final.Pero seguía habiendo una historia especial, una historia sin final que había perdurado en el tiempo, y esa…esa…tenía atrapado a Peter.Esa tenía una luz mucho más poderosa que la de la curiosidad, una luz que se le escapaba de las manos y no podía controlar…y eso, claro está, le molestaba mucho.
Él, que dominaba como nadie los colores, la imaginación, las luces y las sombras, el mundo corpóreo y el incorpóreo…Pero lo que Peter no sabía es que Wendy no tenía pensado cerrar JAMÁS su ventana, no podía… esta vez no, NUNCA JAMÁS… aunque Peter no regresara NUNCA.Después de todo... la satisfacción adulta es una cosa que está demasiado sobrevalorada.


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