miércoles, octubre 14, 2009

MARODRAMA

Decía que era agua de mar. Quizá se refería a que era indómita, quizá se refería a que su sal curaba las heridas, a que se respiraba libertad en sus formas. Decía que era agua de mar… fuerte, brava, traicionera y dolorosa, capaz de arrollar al más feroz de lo piratas. Y sin embargo la amaba, se enamoraba de ese misterio valeroso que anidaba en sus entrañas, se enamoraba de la dulzura con la que sus olas mecían sus manos. Profunda, clara, oscura, a veces impenetrable… pero cierta.
Agua… agua que fluye, que crece en libertad, que no pertenece a nadie, que no se puede coartar.
Él también pertenecía a esas aguas que le hechizaban, que le robaban el corazón, que le ofrecían un ideal. Algunos decían que la amaba porque sabía que no podría tenerla nunca subyugada, otros decían que la amaba porque se le daba bien fingir que no daría la vida por él…pero nada de eso importaba… lo cierto es que la amaba porque robaba sus besos sin pedírselo, porque trastocaba su vida y lo que pensaba de las cosas, porque sabía que no podía dominarla, porque ella le hacía creer que no enloquecía con su ausencia… la amaba porque sabía que aunque no volvieran a verse sentirían lo mismo.

La atracción que ejercían el uno en el otro no estaba sujeta a ningún cambio, aunque ellos fueran un cambio continuo, y eso le desconcertaba…porque sentía que había algo en ella más fuerte que él mismo… y amaba y odiaba ese “algo” por igual.Sin duda hay algo muy triste en este tipo de historias, y es vislumbrar claramente que aunque los dos eran personas luchadoras jamás, no se sabe porqué, lucharon por “esto”. A él no le gustaba obviar las emociones, quizá por desconfianza, pero curiosamente nunca fue capaz de desconfiar de ella, aunque lo intentó…francamente, a ella le pasaba lo mismo.
Agua de mar, agua de mar a la que no quería preguntar nada, agua de mar que le retaba, que despertaba su inspiración, que deseaba guardar en lo más profundo de su corazón.
Columnas de gotas cayendo hacia abajo, y una sola que asciende hacía arriba, así la describía cuando le podía la melancolía de no tenerla. Le suponía un enigma que sin embargo comprendía a la perfección.


De nada servía engañarse…no eran tan distintos después de todo. Era él el que era agua de mar, era él el que la enamoraba, el que la retaba, al que no podía poseer. Era él el que la volvía loca, el que aparecía y trastocaba su vida, con el que le gustaba jugar cuando ya la había ganado… agua de mar, agua de mar con la ventana abierta… y ella quería que el “puede”cobrara forma en sus adentros… y ahogarse, abrasarse, morir de amor, recorrer ese intempestuoso mar al que anhelaba, perderle o ganarle…
Así vagaban ambos por la vida, como dos lobos esteparios, abrazando el ojalá…
El “Ojalá” suena tan dramático…lo es.

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martes, octubre 06, 2009

INSOMNE

Insomnio… se pasaba las noches oteando el horizonte, intentaba ver si lo que un día creyó que iba a ser llegaba de pronto entre las olas. Buscando su navío de ilusión, o a veces echándolo de menos. Como una eterna Penélope que permanece inmóvil en la orilla de lo incalibrable…sin querer hablar, sin querer decidir o tomar una elección.
Hubo un día en que supo a donde iba, o creyó saberlo…ahora en cambio pensaba que en realidad ella nunca quiso ir a ningún lugar…lo que quiso fue quedarse.
El mundo seguía siendo igual de grande…solo que con menos alicientes… y su principal problema seguía siendo el mismo: casi todo le acababa aburriendo. Las personas, los lugares, el orden, la monotonía… la atadura necesaria a la estabilidad y la razón.
Nunca creyó que debiera aprender a llorar o reír con un motivo… a veces le gustaba hacerlo porque sí, a veces le gustaba no poder explicarlo.
Se alejaba de ese mundo que concebía la vida tan solo como control, obligación y servidumbre. Prefería obedecer a sus propias leyes, aunque estas fueran a veces contradictorias y aunque ello conllevara soñar de nuevo en soledad
.


Se alimentaba de libertad, y de melancolía también… y por alguna razón, que creo adivinar, se rodeó siempre de un escudo inquebrantable de fuerza.
Sentía que hacía años perdió algo muy valioso…nunca supo muy bien de que se trataba…algo que amaba por encima de todo…quizás una parte de su esperanza…y no se cansaba de buscarla.
Los años pasaban, y con el tiempo casi todos se fueron durmiendo…perfecta metáfora…efectivamente así fue… todos se fueron durmiendo, fatigados de tanta realidad, de tanto sinsentido.
Tan solo unos pocos, entre los que se encontraba ella, desarrollaron una extraña enfermedad llamada INSOMNIO, de la que no podrían acabar de desprenderse jamás. Los síntomas de dicha dolencia eran la incertidumbre, el sangrado de la imaginación, la necesidad de robarle tiempo al tiempo, el miedo a lo finito, la exasperante incapacidad de dar tregua a los sentidos, que imperan por encima de todas las cosas y que permanecen latentes esperando una chispa creadora en medio de la noche.
Y es que el cuerpo se fatiga y se rinde, pero las Magia no. Como decía Michael Ende: “La imaginación es la mejor amiga y la peor enemiga del hombre”, y no posee dueño, amartillea sus curiosos barrotes pidiendo a gritos salir, clama por su libertad de una manera tan férrea que resulta imposible no obedecer su voluntad.
Surge en el lugar más inesperado, en la hora más intempestiva y no responde a ningún tipo de ley que reconocemos como mortal.


¡Oh, fuerza inexorable!… ¿A cuántos habrás arrollado en tu ímpetu?, ¿Cuántos habrán intentado en vano mantenerte en el silencio de sus cabezas? Y a los que lo consiguieron los castigaste, devorándolos por dentro, robándoles la cordura, convirtiéndolos en tus esclavos. ¿Cuántos murieron envenenados de fantasía incapaces de distinguir ya lo real de lo imaginario?, ¿ A cuántos, en silencio, robaste la voluntad , convirtiéndolos en agua estancada, en labios sellados, en energía incapaz de fluir y ser expresada?
Y lo más fuertes consiguieron quedarse a vivir en el filo del delirio. A esos…a esos besaste con tu gracia… a los que comprendieron la complejidad y los matices de la libertad, a los que entendieron que no hay nada de sublime en ser un cuerdo o un loco, una sonrisa o una lágrima…sino que el verdadero reto es ser ambas cosas a la vez y seguir siendo capaz de dilucidar.
Los condenaste a vivir la mitad del día y la mitad de la noche, contemplaron más anocheceres y más amaneceres que todos los demás…aquellos, aquellos que se habían dormido…
Les otorgaste tu don, el más poderoso y el más peligroso…
La capacidad de intentar cambiar las cosas.
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