MARODRAMA
Agua… agua que fluye, que crece en libertad, que no pertenece a nadie, que no se puede coartar.
Él también pertenecía a esas aguas que le hechizaban, que le robaban el corazón, que le ofrecían un ideal. Algunos decían que la amaba porque sabía que no podría tenerla nunca subyugada, otros decían que la amaba porque se le daba bien fingir que no daría la vida por él…pero nada de eso importaba… lo cierto es que la amaba porque robaba sus besos sin pedírselo, porque trastocaba su vida y lo que pensaba de las cosas, porque sabía que no podía dominarla, porque ella le hacía creer que no enloquecía con su ausencia… la amaba porque sabía que aunque no volvieran a verse sentirían lo mismo.
Agua de mar, agua de mar a la que no quería preguntar nada, agua de mar que le retaba, que despertaba su inspiración, que deseaba guardar en lo más profundo de su corazón.
Columnas de gotas cayendo hacia abajo, y una sola que asciende hacía arriba, así la describía cuando le podía la melancolía de no tenerla. Le suponía un enigma que sin embargo comprendía a la perfección.
Así vagaban ambos por la vida, como dos lobos esteparios, abrazando el ojalá…
El “Ojalá” suena tan dramático…lo es.






