lunes, diciembre 09, 2013

MENOS CAPERUCITAS LOBO



HE deseado algo que no existe. HE perseguido un imposible, quizás más de uno a la vez…quizás todos los que en su día cohabitaron en ti. HE retenido entre mis brazos el pasado hasta acabar destrozada. Le HE dado la vuelta al reloj de tus resquicios, me HE jugado el cuello y me HE pillado los dedos. Me He quedado sola, callada y sin rechistar en esta sala de baile. Sin luz, sin música…esperándote, haciendo malabarismos con mis esperanzas y mis ilusiones…retrasando tu ausencia.
HE curado mis heridas en completo silencio, mientras tú deformabas y vendías por menos de nada nuestra historia en todas las jodidas esquinas que doblabas.
Me HE saltado los límites, las reglas, las normas. Me HE equivocado de hora, de tren y de estación.
Me He atragantado con tu infumable victimismo. HE soportado los temporales hostiles que brotaban de tus labios, las mentiras, los reproches que encubrías tras tus versos. HE sobrevivido a huracanes y a mareas embravecidas sin querer aceptar la cruel realidad:
Nunca pensaste en regresar a Ítaca.
 Y todo ha sido un error. HE estado deseando algo que no existe. 

Me He mordido la lengua, nunca llegarás a entender cuánto.
Juraste ser mi salvavidas pero acabaste siendo el ancla que no me dejaba seguir hacia delante.  Debías ser amuleto…  y fuiste maldición y lastre.
Ahora necesito regresar aquel bosque, a aquel instante…  cuando el problema no fue que me dijeras “te quiero”…el problema fue que te creí.
Envenenaste mi pozo con tu cobardía y los deseos que había escondido bajo sus aguas jamás se cumplieron.  
Me hiciste sujetar todos los recuerdos con mis manos y me tiraste al mar… con los pies atados. Sobra decir que pude ahogarme, pero no lo hice.
 Dejé de plasmarte en mis letras porque comprendí que lo que escribía era una tumba donde enterrarte para siempre…a ti, y al yo mío que te había pertenecido.
“Donde quiera que estés te gustará saber que HE podido olvidarte y no HE querido”. Lo cierto es que HE preferido recordarlo TODO…desde la primera mentira que pronunciaste hasta la última.
 No es que me doliera tu traición, es que aquella noche me abriste el pecho en canal, me desgarraste el corazón… y cuando lo tenía en carne viva lo metiste en sal.


Hoy por hoy no me avergüenza reconocerlo porque ahora ya es tarde para resucitar cualquier latido que lleve tu nombre, que suspire tu nombre, que retuerza tu nombre…ahora me doy cuenta de que estoy a prueba de ti.
No supe ver la hiedra venenosa que engarzaba tu alma, la obsolescencia planificada de lo que sentías  por mí…no supe ver que te hacía fuerte mostrándote mi debilidad.
Ahora solo eres una sombra esquiva, un fantasma… y hasta aquí HE llegado contigo: Te libero.
Un pésimo final para un mal cuento que no pienso volver a leer…así que menos Caperucitas Lobo, me HE vuelto inmune a tus aullidos.
Y lo cierto es que me siento increíblemente ligera…alivi(h)ada.


 


Tan solo voy a pedirte un favor: no vuelvas a decir en toda tu vida que me diste las alas… por favor, no vuelvas a jactarte de ello.
Ya las tenía mucho antes de conocerte, sabía volar antes de que llegaras a mi vida, y sigo haciéndolo después de que salieras de ella.
Llegas tarde al desfile de los desleales…
Pero por suerte o por desgracia, en esta vida, solo se muere una vez.
Así que menos Caperucitas Lobo…menos Caperucitas.

Demasiado HE tardado en entender que ninguno de mis “HE” ha sido jamás un “HEMOS”.


   [HE de reconocer que en el fondo soy absolutamente incorregible. Incluso en momentos como este me acecha la melancolía, y me gustaría decirte aquello que posiblemente solo TÚ llegues a comprender del todo: “Hoy recité este relato, casi bien…y lloraron”].





jueves, junio 27, 2013

FIN Y PERMANENCIA





Cuando me haya ido seguirán existiendo hadas inconstantes,
cafés a las dos de la madrugada, musas, poemas, instantes.
El crepúsculo de la melancolía seguirá impávido,
como el descaro, la insolencia y el sabio de cultura ávido.


Cuando ya no esté seguirá siendo frío y blanco el invierno.
Ni Cerbero dejará de proteger las puertas del infierno,
ni Medusa dejará de petrificarnos desde su mosaico,
ni habrá poeta que deje de convertir lo vulgar en prosaico.


Como Withman ya advirtió, proseguirá el poderoso drama,
las tabernas de celos, el amor con espinas, la trama.
Quedarán las trastiendas y las reboticas del demente,
las objeciones, las primas de riesgo, la flor más decadente.


Siempre habrá orgullo y piedad, bien y mal, alfileres sin broche,
héroes y villanos, balanzas sin justicia, estrellas sin noche.
Se seguirán forjando anillos bajo la lluvia y los charcos,
en la morada de la ausencia, en los camarotes de los barcos.


Cuando me haya ido otros llenarán el vacío de mi voz,
construirán nuevos pozos de los deseos   que llevarán a Öz.
Cosecharán la fantasía, crearán el verbo elocuente,
y buscarán por cielo y tierra el Santo Grial… eternamente.


Cuando ya no esté seguirá habiendo universos infinitos.
Prosperarán Nietzsche, Kant, Shakespeare, Dalí… todos los eruditos.
La ciencia no cesará en su empeño de abarcar lo inabarcable,
ni el arte renunciará a plasmar la entelequia, lo impronunciable.




Inmunidades políticas y ritmos desarticulados,
incienso, música, amigos, risas, amantes y amados.
Religión, filosofía, la princesa en la torre encerrada,
los esclavos, el cielo, el alma, la correcta coordenada.


Siempre habrá Peter Panes y Wendys, ilusiones, burbujas,
libros de Tin Tin, Historias Interminables y Brujas.
Nunca podrán derrocar la magia de la Emperatriz Infantil,
ni evitar que haya cuentos inacabados al pie del candil.


Me iré, quizás en silencio… pero habiendo antes protestado.
Me iré convencida de que he reído, llorado y amado.
Habré bailado las mareas, habré acuñado alguna verdad,
me habré desecho de cadenas, prejuicios, y el peso de la edad.


No voy a hipotecar mi presente por un futuro incierto,
ni arrancaré mi pasado de raíz declarándolo muerto.
No me traicionaré escribiendo cosas que el corazón no entiende.
Seré una gota de lluvia incolora, que cae y de nuevo asciende.


Todos tenemos una hora, un sonido, un crujido, un boceto,
un olor peculiar que nos es inconfundible, concreto.
Todos tenemos una melodía familiar que nos rebasa,
y que suena solo para nosotros… cuando hemos llegado a casa.


Cuando me haya ido, cuando ya no esté, quedará la inspiración,
la quimera, el truco, el mago, la feroz valentía de la ambición.
Seguirá sobre la tierra el don, naufragando a la deriva,
evitando que estos sean los últimos versos que te escriba.