miércoles, enero 02, 2013

LAS REGLAS DEL JUEGO



“Lo siento, no tuve tiempo de retenerte.”- pienso mientras sorbo el último trago de café  frente al espejo del recibidor. Acto seguido salgo apresuradamente por la puerta. Estoy de prácticas en uno de los principales hospitales de la ciudad, he tenido mucha suerte. Sobra decir que hay vocaciones que te cambian la vida.  Cuando escoges ser médico, cuando cometes la locura de especializarte en Psicología Clínica, has de asumir tres grandes verdades: trabajarás cien horas a la semana, tendrás suerte si duermes tres o cuatro cada noche y, la más importante de todas: renunciarás a gran parte de tu vida personal para dedicarte a la de los demás.

No te dejes engañar: esto es lo que somos, estas son las reglas.  Los primeros días desearás salir corriendo y esconderte bajo las sábanas de tu cama…pero no lo harás, serás fuerte, te quedarás y aprenderás por primera vez a aguantar en silencio una parte del peso del mundo. Llorarás a escondidas lo indecible.

¿Habéis oído alguna vez que lo médicos tienen complejo de Dios? Pues sí, eso es exactamente lo que ocurre…pero tranquilos, es solo un complejo.

 No serán habituales las palmaditas en la espalda, rara vez escucharás que vales para algo. Si eres bueno, de vez en cuando, te colgarán alguna medalla, si eres malo te pegarán una patada en el culo. No podemos decir que no nos lo advirtieron. No les estamos haciendo un favor. Sabíamos a lo que veníamos: a ganar o a morir.

Y antes de cruzar la puerta de urgencias pienso que, pese a todo, tengo un problema inesquivable: Me encanta el terreno de juego.

Cambio de indumentaria, me preparo para mi ronda, los informes tienen que estar antes de las 8:00.

Estas son las reglas, esto es lo que somos. Lo siento cielo, no tuve tiempo ni de retenerte ni de quedarme a contemplar en cuántos pedazos puede romperse mi corazón. Dejaste de ser el violinista triste que tocaba en mi tejado, entre otras cosas porque ya llevabas un tiempo desafinando demasiado.

Recorro las habitaciones una a una: depresiones clínicas severas, pacientes esquizoides, epilepsia del lóbulo frontal, Alzheimer en estado avanzado, alucinaciones producidas fruto del LSD-25 y otras sustancias psicotrópicas, fases agudas  de Delirium Tremens, sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, benzodiacepinas… ¿Creéis que he terminado? Esto acaba de empezar.

No cometas un error, no falles en el diagnóstico diferencial, ajusta bien la dosis de los medicamentos…o el dique reventará.

En la habitación 23 tengo un caso curioso de autoscopia negativa. ¿He sido pedante usando tantos tecnicismos? Disculparme, es la costumbre, y la cafeína aún no me ha hecho efecto. La autoscopia negativa impide al paciente ver su propia imagen cuando se refleja en un espejo. Aparece en pacientes con estados delirantes, en algunos esquizofrénicos, en estados histéricos, en enfermos con lesiones cerebrales y un largo etc… También se puede dar en sujetos normales cuando se encuentran alterados emocionalmente, exhaustos o muy deprimidos. Por suerte este es uno de esos casos.

Tardo más de una hora y media en hacerles entender a los familiares del paciente que no está “loco”, que tienen que dejar de usar este término, que no es correcto  y que a su hijo no le hace ningún bien que mantengan esta actitud. Tiene 17 años, saca buenas notas, es un buen chico, ¿es que no lo ven? no da problemas…Le exigen demasiado.

Crecer es terrible. Y quien diga lo contrario miente. Hay un tiovivo eterno del que no podemos bajar,  un tiovivo que nunca se detiene. Y aquí, entre los muros del hospital la vida es más real, la muerte es más real…el mundo es más real. Las risas y las lágrimas que aquí se vierten son más auténticas, más intensas…porque aquí las personas se juegan de verdad la oportunidad de seguir jugando.
 La mayoría de las veces quien pisa estos pasillos solo tiene dos opciones: ganar o morir.

Da igual si lo escribo o no, escribirlo no lo convierte en arte. Hace tiempo que entendí que había que hacer algo más que dedicarnos a escribir diarios personales, que unas letras bien colocadas apaciguaban el espíritu y curaban el alma, pero no eran suficientes para cambiar el mundo: debía implicarme en él. Después de todo: ¿Qué vamos a contar que merezca ser contado si no lo vivimos antes?

Tú siempre hablaste desde el banquillo, amigo.

Comprenderás ahora que no le tenga miedo a esa tormenta…esa que te inventas desde hace años. Conozco a la gente como tú: adictos a la pena, al dolor, a la incertidumbre en días rojos, a la mentira. ¿Te creíste por ello más profundo, más interesante?

Ya ves, de algún modo sé que me convertiste en un drama simplemente para que fuera eterna…que romántico, que utípico… perdón, quise decir utópico. Te hubiera creído, te hubiera pedido perdón si no fuera porque aquí los dramas son de verdad… Lo nuestro tenía arreglo, que estupidez.

No quiero que pienses que no me dolió decir adiós. Lo siento, pero no tuve tiempo de retenerte, y ya no quiero detener el tiempo…quiero ver quién soy.

Porque cuando el dique revienta solo nos queda nadar.

Estas son las reglas, esto es lo que somos. No podemos decir que no nos lo advirtieron. 


Sabíamos a lo que veníamos: a ganar o a morir. 


Y, si morimos… al menos que sea porque hemos hecho todo lo que podíamos hacer.