jueves, junio 27, 2013

FIN Y PERMANENCIA





Cuando me haya ido seguirán existiendo hadas inconstantes,
cafés a las dos de la madrugada, musas, poemas, instantes.
El crepúsculo de la melancolía seguirá impávido,
como el descaro, la insolencia y el sabio de cultura ávido.


Cuando ya no esté seguirá siendo frío y blanco el invierno.
Ni Cerbero dejará de proteger las puertas del infierno,
ni Medusa dejará de petrificarnos desde su mosaico,
ni habrá poeta que deje de convertir lo vulgar en prosaico.


Como Withman ya advirtió, proseguirá el poderoso drama,
las tabernas de celos, el amor con espinas, la trama.
Quedarán las trastiendas y las reboticas del demente,
las objeciones, las primas de riesgo, la flor más decadente.


Siempre habrá orgullo y piedad, bien y mal, alfileres sin broche,
héroes y villanos, balanzas sin justicia, estrellas sin noche.
Se seguirán forjando anillos bajo la lluvia y los charcos,
en la morada de la ausencia, en los camarotes de los barcos.


Cuando me haya ido otros llenarán el vacío de mi voz,
construirán nuevos pozos de los deseos   que llevarán a Öz.
Cosecharán la fantasía, crearán el verbo elocuente,
y buscarán por cielo y tierra el Santo Grial… eternamente.


Cuando ya no esté seguirá habiendo universos infinitos.
Prosperarán Nietzsche, Kant, Shakespeare, Dalí… todos los eruditos.
La ciencia no cesará en su empeño de abarcar lo inabarcable,
ni el arte renunciará a plasmar la entelequia, lo impronunciable.




Inmunidades políticas y ritmos desarticulados,
incienso, música, amigos, risas, amantes y amados.
Religión, filosofía, la princesa en la torre encerrada,
los esclavos, el cielo, el alma, la correcta coordenada.


Siempre habrá Peter Panes y Wendys, ilusiones, burbujas,
libros de Tin Tin, Historias Interminables y Brujas.
Nunca podrán derrocar la magia de la Emperatriz Infantil,
ni evitar que haya cuentos inacabados al pie del candil.


Me iré, quizás en silencio… pero habiendo antes protestado.
Me iré convencida de que he reído, llorado y amado.
Habré bailado las mareas, habré acuñado alguna verdad,
me habré desecho de cadenas, prejuicios, y el peso de la edad.


No voy a hipotecar mi presente por un futuro incierto,
ni arrancaré mi pasado de raíz declarándolo muerto.
No me traicionaré escribiendo cosas que el corazón no entiende.
Seré una gota de lluvia incolora, que cae y de nuevo asciende.


Todos tenemos una hora, un sonido, un crujido, un boceto,
un olor peculiar que nos es inconfundible, concreto.
Todos tenemos una melodía familiar que nos rebasa,
y que suena solo para nosotros… cuando hemos llegado a casa.


Cuando me haya ido, cuando ya no esté, quedará la inspiración,
la quimera, el truco, el mago, la feroz valentía de la ambición.
Seguirá sobre la tierra el don, naufragando a la deriva,
evitando que estos sean los últimos versos que te escriba.