miércoles, junio 12, 2013

LA LLAVE DE PANDORA




Pandora podría haber nacido en la enigmática magia de la ciudad de Venecia, o en un ático, de esos con encanto, en el barrio más artístico de París. Podría haber ocurrido que lo primero que respirara fuera el aroma de una dulce melodía recorriendo las calles de Viena; o, lo que hubiera sido aún más apropiado dado su nombre, en mitad del ajetreo filosófico de lo que hoy llamamos comúnmente la Grecia antigua.
Sin embargo, no fue así. Pandora llegó a este mundo como todos lo hacemos: llorando y gritando, y fue a parar directamente al corazón de Barcelona.
La ciudad acogió en seguida sus contrastes, sus contradicciones, sus ilusiones y sus incontables experiencias.
Lo que podemos decir de su infancia es que fue agitada y convulsa…pero muy feliz.
Creció abriéndose paso entre la maleza de asfalto.



A menudo se la podía encontrar camuflándose entre una excéntrica multitud de seres nocturnos. Muchos de ellos, por desgracia, analfabetos emocionalmente.
Aprendió en seguida a qué sabía la melancolía y la incertidumbre, pero lo cierto es que nunca le importó mucho tener a mano o no unos buenos zapatos… ella sabía andar descalza.
También fueron numerosas las tormentas que la pillaron sin paraguas, así que aprendió a mojarse, a caminar bajo la lluvia y a no dejarse vencer por ese huracán llamado miedo.


Y es que, como si de algo casi instintivo se tratara, la curiosidad de Pandora abrió su Caja a una edad muy precoz.
Hacía mucho tiempo de aquello pero, de idéntico modo al que narró la mitología clásica, hubo un día en que Pandora vio esparcirse por el mundo todos los males y todos los horrores.
No obstante, siendo fiel a su leyenda, y después de descubrir que existían incontables infiernos, su esperanza permaneció oculta en el fondo de la maravillosa Caja.
 Fuerte, inalterable, intacta…ajena al desgaste del tiempo.
Aquel resquicio, aquella luz fue lo único que la salvó cientos de veces, lo único que fue capaz de conmoverla durante las noches sin estrellas… lo único que Pandora guardó con cuidado en un lugar secreto que jamás JAMÁS confesó a nadie.
Dicen que en los torreones es más fácil soñar y, por suerte o por desgracia, el suyo siempre fue muy alto.
Creció y se volvió una experta en cuanto a curvas y altibajos se refiere. Dominó los atajos, trazó mapas en las nubes y bailó las tempestades de esta vida, que siempre está en continuo cambio y de la cual desconocemos el propósito.
Tan solo hubo una cosa que Pandora no logró desentrañar: Nunca había sabido exactamente a dónde quería ir o qué esperaba encontrar.
Iba de un lado a otro, como una brújula estropeada, como si el espíritu de una peonza la hubiera poseído.
Y eso no era todo, había algo extraño en el destino de Pandora, un patrón sumamente curioso que se repetía desde que tenía uso de razón: fuera a dónde fuera, aquí o allí, en los lugares más inhóspitos, en los sitios más inverosímiles…siempre tropezaba con una llave.
Acabó por coleccionarlas, tenía un cajón lleno. Recogía todas las llaves que encontraba. Plateadas, raras, grandes, pequeñas, doradas, antiguas, rotas…
Una vez, y otra, y otra…siempre se cruzaban en su camino.
 La ciudad parecía estar plagada. ¿Habría alguien haciendo lo mismo o es que solo las veía ella?
Si salía a la calle el día en que se bajaban los muebles allí estaba una nueva adquisición, entre los escombros. Si se dirigía a casa de una amiga y al llegar al portal notaba un cuerpo extraño bajo la suela de su zapato sabía de antemano lo que era. Incluso una noche de borrachera llegó a encontrar una llave encima del retrete del lavabo de aquel bar del que no recordaba ni el nombre.

 Más tarde empezó a imaginarse qué abría o había abierto cada una de esas llaves. Empezó a crear historias, a imaginar cómo eran las personas a quiénes habían pertenecido en su día.
 Fantaseó con tesoros, con caserones victorianos, con secretos, con cajas fuertes, con los joyeros de mujeres adineradas que escondían en su interior, entre sus collares de perlas, las cartas de aquellos amantes que jamás debían ver la luz.
Aquellas llaves se convirtieron en su más oculta obsesión.
A veces, de manera divertida, por su cabeza cruzaban las ideas más conspiranoicas que se le ocurrían: ¿Estaría el gobierno detrás de todo aquello?, ¿cuánto tiempo llevaba la brigada secreta de llaves “aparentemente halladas al azar” esparciéndolas por la ciudad?, ¿se extendería este insólito proyecto clandestino a otras ciudades, formaría parte de una conspiración mundial? Y de ser así ¿con qué confidencial fin?
Cuando acababa de reírse de sus extravagantes conjeturas pensaba que quizás, después de todo, aquel asunto de extrañas coincidencias que la traía de cabeza no era tan raro…pues todo el mundo pierde algo importante en algún momento de su vida, a veces hasta voluntariamente.
Pero no es menos cierto que también todo el mundo encuentra algo importante en algún momento de su vida, a veces hasta involuntariamente…y Pandora lo encontró.
Fue una noche de Abril. Salió a la calle en tirantes, hacía un poco de frío, pero a ella le gustaba, y además no conseguía dormirse.
La luna le regaló una irónica sonrisa que esquivó a su manera, con un cierto aire de complicidad.
Caminó muchas calles que derivaban en lugares ya demasiado familiares… ¡era imposible perderse! Y ella ese día quería extraviarse, dejar que la nocturnidad se la tragara y poder ser ajena a todo, en pocas palabras: pasar desapercibida.
Soledad… ¿buscaba eso? En realidad no estaba segura.

Se sentó en una terraza y un camarero le sirvió una copa. Había una chispa de deseo en su mirada color ámbar, pero percibió en seguida que la originalidad no le acompañaba. Además, aquella noche no le apetecía el brillo mentiroso del halago.
Bebió sin ganas, encendió un cigarrillo…pensó en su colección…y la copa se vació mucho antes de lo que esperaba, y el cigarrillo pareció consumirse en un solo segundo.
Esperó, dejo que la Luna Llena le contagiara su serenidad…pero la felicidad, como casi siempre, parecía que llegaba tarde.
Fumó demasiado, notó los efectos del alcohol en sus mejillas, y cuando se disponía a coger su bolso y marcharse para intentar de nuevo, en vano, perderse, alguien la agarró suavemente del brazo.
-Disculpa, se te ha caído esto- le dijo el chico que estaba sentado en la mesa de al lado.
Hasta ese momento Pandora no había reparado en su presencia. Tenía el pelo negro y sus ojos eran de un peculiar color verde que habría hechizado a cualquier mortal que supiera apreciar la belleza.
Aquel muchacho tenía algo más que atractivo, “algo” que Pandora no supo definir muy bien. Tenía gracia…y luz…y la mano extendida hacia ella.
-Estaba debajo de tu silla, se te debe haber caído al levantarte- le dijo mientras le entregaba una pequeña llave de color azul.
Al recoger lo que venía siendo ya su estigma la piel de Pandora rozó por un segundo la de él, pero fue suficiente para que todo su ser se estremeciera por dentro.
-No es mía…-le dijo con una sonrisa- Bueno, ahora ya sí.
Se sintió desprotegida, peor que eso…se sintió desnuda. No, peor aún: se sintió ENCONTRADA. Como si ella misma se hubiera convertido en la llave pequeña y azul que sujetaba, como si ella hubiera sido durante años la mismísima perdición jugando a recoger lo que otros perdían. Como si durante todo ese tiempo no se hubiera dado cuenta de que estaba importunando con sus extraños hallazgos la paz de todo aquello que desea pasar desapercibido.

Era demasiado tarde, y ya entonces lo supo: la Caja de Pandora había sido abierta de nuevo.
De repente todo encajaba, volvió a ver esparcirse por el mundo todos los males, todos los horrores y todos los infiernos…y la esperanza, que había guardado celosamente durante años, quedó al descubierto.
Se acabaron las expediciones a ningún lugar. Les bastó andar una sola calle y girar una sola esquina.
Se besaron enseguida, atropelladamente, sin un ensayo previo.
 Aquel beso podría haber nacido bajo el Puente de los Suspiros, a los pies de la Torre Eiffel, en los jardines del Palacio Imperial de Viena; o, lo que hubiera sido aún más apropiado dado su nombre, en la imponente escalinata del Partenón.


Sin embargo, no fue así. Ocurrió allí, en el mismo corazón de Barcelona.

 Ella coleccionaba llaves…Él, candados.

23 comentarios:

mexcalero dijo...

Reinvestaste a Pandora, magico y embelesante, la trama como siempre tu sin perder detalle intrigaste, bello! esos besos sin ensayo previo, saludos musita cerrajera, jaja, guarda la esperanza en tus labios---

Pitt Tristán dijo...

Mi querida favole, tu sí que has abierto la caja -o la vasija- de Pandora con esa espectacular, sensual y delicada imagen de tu persona. Sólo puedo sentir celos de las llaves, los candados y... los besos.

Lau arasdesuelo dijo...

El corazón de Barcelona no tiene tanto que envidiar a las calles de Viena, ni a las de Venecia. Me encanto tener tu visita por mi blog =) Volveré más por aqui. Un saludo

Miss A dijo...

Ai que bonito es una historia crepitante y me encanta engancha , me la leí entera de un tirón y la frase final para mi es perfecta "ella coleccionaba llaves...Él candados" sublime! :) precioso espacio ahaha besos

Jesús García dijo...

La magia del deseo buscado, esa era la llave y el candado.

Magnifico relato, que hace ql lector transportarse entre un montón de llavesque abrirían un montón de cajas de Pandora.

Un abrazo.

MORGANA dijo...

Y juntos volaron al país de los niños perdidos...preciosa tu historia,Favole..mucho
Besitos de luz.

Carlos dijo...

Nada mas leer tu bella narración, mas bien antes de terminar de leerla, me levanté y fui en busca de ella. De la llave que ha acompañado desde que nací, bueno ella nació muchísimo antes, en 1916, pero fue de mano en mano hasta llegar a mi, y mi abuelo me decía "abre los sueños" y tu relato me hizo acordarme de ella, rescatarla del olvido.
Me quedaré para siempre con tu versión de Pandora, no versión sino original Pandora, su delicadeza y fortaleza, su vuelo por la vida indetectable para la rutina y tan solo lo inesperado pudo encontrarla.

Tú abriste otra caja, la de tus palabras, y volvieron a ser escritas con la magia de siempre.

Un abrazo enorme!!

ReltiH dijo...

NO IMPORTA LO VIVIDO, NI COMO VIVIMOS, NI QUÉ HEMOS VIVIDO; EL AMOR SIEMPRE NOS HALLA. MAGISTRAL TEXTO. ME TRAMA. UN PLACER VISITAR TU ESPACIO.
UN ABRAZO

Desconcierto dijo...

Mágico tu blog...

hice un repaso a todas tus entradas, con sus relatos, fotos, sueños...has creado un mundo misterioso...y muy muy atrayente.

besos

sofya dijo...

Una historia realmente bonita que llena y evoca, además del carácter simbólico que encierra y tus descripciones que la embellecen aún más...Llaves y candados...La vida...Mi vida...Nuestras vidas.

Un abrazo

Forgotten words dijo...

Que manera de volver, incluso me atrevería a decir que tu vuelta esta ayudando ahora mismo a la mia propia, ya que me siento tan reflejada en la descripción de Pandora, que incluso me da un poco de miedo...
Me encanta la historia, me fascinan las ciudades y lugares que has elegido, pero al igual que esté me quedo con Barcelona ;)
El final, esa frase en rosa es simplemente y llanamente SUBLIME

Carlos de la Parra dijo...

Nos capturaste y llevaste a un FINALAZO.
Una preciosa historia plena de magia narrativa.
Difiero en la observación de que los nómadas parecen no encontrar rumbo. El ir en camino en sí es un refugio al alma inquieta y muchas veces supera el anclado que dá un sitio fijo, por el contrario se expande tu habitat y se enriquece con la diversidad. No somos árboles para enraizar.

Esther dijo...

Hola, Favole. La verdad es que me ha encantado y me ha parecido algo mágico. Incluso en algún momento has conseguido que se me erizara la piel... Super chulo, la verdad y Favole tiene,por lo menos, algo común a mí: nunca supo adonde ir :) Buen fin de semana :)

María dijo...

Hola, Favole:

Gracias por tus huellas en mi blog, muy agradecida por ellas.

Muy bello este relato y tu blog me parece un mundo de magia y encanto, con preciosas imágenes, por lo que veo que las imágenes son ¿tuyas?

Un beso.

Quijo dijo...

Llego a este espacio, tras leer tu comentario en mi blog, y me encuentro con tus relatos y textos, que me trasportan y hace que me evada...¡Me ha encantado encontrarte! :)

Esteer dijo...

Como siempre me ha encantado la forma en la que das vida a las palabras a través de la magia de Pandora. Beistos

María S. dijo...

Una historia excelente la de Pandora en pleno corazón de Barcelona...
El título de tu blog me ha recordado un verso de Alejandra Pizarnik: "...la culpa es de las lilas, que no florecen..." ¿conoces ese poema?

Me quedo por tu casa, con tu permiso.

Un beso!!

. dijo...

Siempre me enamoró la caja de Pandora y su historia, ¡tienes un cuerpo de infarto!
Veo que es una historia interiorizada, tuya, eres la protagonista y ha sido genial.
Espero que todo te vaya bien Favole ^^
Dulces tardes

Una de mis partes favoritas:
"Fuerte, inalterable, intacta…ajena al desgaste del tiempo."

Danny dijo...

Hermoso y cautivador. Maravilloso recitado en vivo con música acompañando... Cuando lo leo, puedo sentir las notas y la voz que lo iban tejiendo y transportando al fondo de mi alma.

Genial elección para un retorno que se hizo esperar demasiado. Con ganas de leer cosas nuevas cuando los vaivenes de la marea de los sueños nos acerquen una vez más tu magia. Y es que debe ser difícil inspirar a la inspiración misma y, pese a todo, logras que cada relato mantenga la esencia que hace mágico todo lo que escribes.

Y sí, Pandora podría haber nacido en cualquier parte (incluso en Dolo!), pero la magia que brindas a Barcelona la conviere en el lugar idóneo :)

Ámote peque! Con ganas de besomorderte... Tantísimo!

Besosmil!

shantal dijo...

Un relato misterioso y emocionate y que cada llave tiene por hay su cerradura.Me encanto tu vuelta amiga,tus relatos son lo más.Gracias por tu visita a mi blog guapetona,besitos mil amiga

LaNiñaMariposa / JemapelleMidori dijo...

muy bueno tu blog! gracias por leerme y seguirme!

besos de mariposa...

New Post !!!! en LaNiñaMariposa poco a poco vuelve la inspiración... http://solitaxlacalle.blogspot.com.es/

pluvisca dijo...

Escribes con energía, con fuerza y con mucha imaginación. Me gusta.

Pandora...Barcelona...no podias haber elegido mejor ciudad

:)

Javier dijo...

Todos llegamos igual a este mundo: "sucio, gritando y arrancado de los brazos de la mujer querida".