martes, diciembre 16, 2014

NAVI(E)DADES


27 navidades… Nunca me dijeron que eso es lo que tarda la muerte en presentarse de golpe, en entrar sin pedir permiso y sin dar explicaciones…e irse de la misma forma.
Tan solo recuerdo que, tras el sonoro portazo…
ya no estabas.
Y es que el colmo de los colmos en este mundo es ese extraño momento en el que te haces preguntas, sugieres o reclamas respuestas y la vida, al otro lado de la línea, te pone el hilo musical.

28 navidades tardo en entender el verdadero significado de la frase “el cielo se ha derrumbado”, en descubrir y soportar el peso del mundo…de mi mundo.
Eso es lo que tardo en darme por completo, en abandonarme, en entregarme y deciros:
“Aquí estoy…llevároslo todo.
Llevaros mi carne, llevaros mis venas, mis fluidos, mis huesos, mi sangre, mis órganos, mis latidos, mis anhelos, mis fracasos, mis sonrisas ladeadas, mi fe, mis palabras, mis cuentos inacabados, mi Tierra Prometida, mis reflejos, mis faros, mis lunas, mi dulzura.
Llevaros  mis risas, mis amuletos, mi aire, mis lágrimas, mi coraza 1, mi coraza 2, mi coraza3,  mis tormentas, mis carruseles, mis besos, mis mordiscos, mis azules, mis grises, mis gemidos, mi atalaya, mi agonía…
Llevaros el árbol, llevaros la estrella, llevaros el pesebre, llevaros las luces de las calles…
Llevároslo TODO.”
Pero dejad de fingir…dejad de fingir que este vacío no se merece también su espacio. Dejad de cubrir mi desnudez con un manto de carencias que no me pertenecen.

29 navidades, eso es lo que tarda el alma en desgarrarse y gritarle al viento que aún necesito poesía.
Que necesito que me estallen los pulmones y que ardo en deseos de desangrarme sobre el mundo…sobre mi mundo.
Que soy la hija proscrita de algo de lo que ni siquiera conozco el nombre.
Que sigo luchando del lado de aquello que ni siquiera sé si existe.
Que sigo convencida de algo que ni siquiera puedo explicar…
y que me cansa  ir cambiando continuamente el miedo de sitio.
Que tan solo soy una idea bastarda de la existencia,
que se marchita,
se afixia,
se descompone  
      
 y desaparece. 

Y los míos me miran desde un rincón y me dicen: “ya no eres la misma”.
Y yo…me miro desde un rincón... y tan solo veo un espejo de feria deformado, la sombra de un invierno condenado eternamente a vagar sobre la tierra…buscando lo que perdió.
29…29 navidades y aún no sé controlar el fuego, ni la fragua que forjó este caballo desbocado al que llamo corazón.

30 navidades, eso es lo que tardo en mirar a la muerte a la cara y decirle: “ya no te tengo miedo”.
Eso es lo que tardo en darme realmente por completo, en abandonarme, en entregarme y deciros:
“Aquí estoy…llevároslo todo.
Llevaros mis luciérnagas,  llevaros mis ángeles, mis demonios, mis silencios, mis letras, mis gritos, mis improperios, mi rebeldía, mi luz, mi oscuridad, mi fuerza, mi fragilidad, mis piernas, mis alas.
Llevaros mi sexo, mi pasión, mis ansías, mis verdades, mis mentiras, mis medias mentiras, mis medias verdades, el día que marqué en el calendario, mi niñez, mi voz, mi odio, mi amor, mis secretos, mi locura
y  mis pozos llenos de deseos QUE NO SE CUMPLIERON JAMÁS…jamás.” 
 Llevaros el árbol, llevaros la estrella, llevaros las luces de las calles, llevaros todo el pesebre…

Pero dejad de fingir… dejad de fingir que no os habéis dado cuenta de que soy la misma que volvió, pero no la que se fue.
Si queréis, llevároslo TODO.

Pero dejad de fingir 

 que no estamos deshabitados.



                                                                                           Favole Molpe la Musa




domingo, septiembre 28, 2014

LA VIGILIA INTERMINABLE




 Desde su adolescencia siempre estuvo aquejada por un insomnio lacerante. A veces bromeaba sobre su enfermedad  (enfermedad, sí… ¿por qué no he de darle este nombre?). Decía que su dolencia era lo que le permitía crear y vivir “una historia interminable” y que en ella había hallado lo más semejante a la eternidad. 


Pero aquella noche de frío otoño, sus desordenadas fantasías semi lúcidas se agitaban de forma más violenta aun de lo que venía siendo habitual. 
 Sus pupilas dilataban la realidad, se nutrían de una imaginación descontrolada que entremezclaba las sombras de aquella fantasmagórica habitación de madera con unos inexplicables,  bruscos e insoportables escalofríos.  

El viento azotaba con furia las ramas de los árboles. Mucho  tiempo estuvo contemplando ensimismada esta escena, mientras su abstracción se tornaba tan estrecha que sintió que la asfixiaba, y por un momento creyó desvanecer en un universo paralelo, en los dominios de la Reina Locura. 

Dejó de sugestionarse con el carácter espectral del paisaje y se entregó a la lectura, el mayor de todos sus deleites personales.  Se acomodó bien entre los cojines de la cama, y retomó la historia que la protegía y alumbraba  durante el transcurso de sus insistentes y aciagas horas intempestivas, cuando el sueño no llegaba.

Mucho, mucho leyó…pero no encontró aquella noche mayor placer ni cobijo en la lectura, pues  un miedo irracional se le clavaba en la columna vertebral y pugnaba por salir desde sus adentros.

 Hiriente, doloroso…se abría paso atravesando su cuerpo, desintegrando por completo (y sin hacer distinción) todo aquello que encontraba en su camino: huesos, venas, vísceras y piel.


 Se incorporó bruscamente y abandonó aquel libro. No cabía ya duda alguna de que había enfermado…gripe tal vez.

Escudriñó su propio reflejo entre las sombras y el parpadeo intermitente de una bombilla que proyectaba una luz insuficiente, intentando recuperar la compostura perdida entre sus bailes de máscaras y sus delirios… pero las grietas de las paredes de aquella habitación de madera oprimían con fuerza cualquier pensamiento reflexivo .

Y hubo de preguntarse si realmente existen “las historias interminables”.

“ La muerte estaba sentada a los pies de su cama.”
La muerte siempre está sentada a los pies de nuestras camas.


Favole Molpe la Musa

lunes, septiembre 22, 2014

NEMESIS




Vi como enterrabas tu espada de madera, aquella que juraste no abandonar nunca en un rincón. Te vi ausente, te vi cansado, te vi apagarte, temblar de frío e incertidumbre.

Te vi envenenarte de distancia y ausencias mientras te aferrabas a ti mismo, al mayor de tus principios: el miedo.

 Tu silenciosa tristeza abandonó muchas batallas, batallas que en su día te juraste ganar. 

El transcurso de la historia se volvió en tu contra…y no hubo huida posible, ni cobijo, ni manera de volver a casa. 


Seguiste adelante, pero perdiste el rumbo y las coordenadas mientras intentabas sujetar con todas tus fuerzas aquello que fuiste…y ya no eres.
El mar pedía que te quedaras, pero yo sabía que tú tenías alas. Aunque siempre te resultó muy complicado volar. 
La mayoría jamás pareció darse cuenta, ni siquiera parecían sospecharlo...pero yo te leía, hasta cuando no escribías. 
¿De qué mierda podía culparte? Si siempre he sido consciente de que no es nada fácil volar con plomo en los bolsillos.  

Sucumbiste a la traición ajena y al desengaño, porque siempre creíste que tu amor debía ser el amor de aquel que lucha sin coraza. Tu amor debía ser un amor clásico, puro y leal como el de Ulises. Tu amor debía ser un amor verdadero, libre e incondicional como el de Peter Pan. Tu amor debía ser AMOR, AMOR, AMOR, AMOR en mayúsculas…Un sentimiento arrollador capaz de bajar la Luna, poner el mundo del revés y desatar la mismísima guerra de Troya.

Pero llegaron las obligaciones, los  horarios, la rigidez, el paso del tiempo (que pasa, pesa y pisa)… Fue una verdadera emboscada.

Desangraste a la ambición y a la rebeldía. Confundiste el ser fuerte con ser impenetrable. Le diste la espalda a la Magia y tu guarida no fui yo... fue la oscuridad del que se sabe incomprendido.


Te mentiste.  Cerraste la puerta al salir, tiraste la llave. Te mentiste…y te mentí: no me quedé a esperarte.

No me quedé a esperarte porque yo jamás fui Penélope y mucho menos Wendy,  sino más bien su némesis. Una Lilith, una Circe, una Amazona, una Harpía, una Valquiria, la más delirante de todas las Casandras. La mismísima manzana de la discordia.

Yo exigía cabezas, yo exigía imposibles, yo exigía pactos sellados con sangre y una fe desmedida. 
Nunca pude evitar quebrar imperios con una sola palabra, y el mero romanticismo nunca fue suficiente para mí. 


No...No me quedé a esperarte porque mi amor jamás fue un amor clásico, mi amor jamás fue un amor paciente, mi amor jamás fue un amor sereno. Mi AMOR, AMOR, AMOR, AMOR en mayúsculas…salió a buscarte bajo la furia de mil tormentas, porque su coraza era lo suficientemente arrogante para poder soportarlas y porque se negaba a creer que todo lo que empieza acaba.


Pero no encontré tus huellas, te juro que lo intenté.

 Llorar como una niña hasta desgarrarme el alma no me sirvió de nada. A la pena y a la ira le siguió la indiferencia y el odio fingido que finalmente dio como fruto el despecho…hasta que quedó claro que mi despecho no significaba nada para ti.


Y entonces comprendí que te quise lo suficiente como para condenarte de por vida y desearte un destino hecho a tu medida.
No...No me quedé a esperarte, porque yo nunca fui Penélope y mucho menos Wendy.
Mi guerra jamás terminará, porque yo soy la guerra y tu AMOR no tenía nada que desatar.




He olvidado donde escondimos el tesoro y ahora, simplemente, no sé cómo decirte…


que siento tanto haber perdido el mapa






miércoles, septiembre 17, 2014

DUELEME...SI PUEDES.



Una vez leí que l@s que escribimos somos una especie de arquer@s eternamente insatisfechos, que buscan el blanco perfecto y que, a veces, cuando el viento de la inspiración es favorable, hasta lo encuentran.

La verdad es que a un buen arquero poco le importa la distancia entre él y su objetivo. Esperará, apuntará, disparará y, si no lo alcanza, perderá una flecha.
Sin embargo ¡pobre del que escriba pensándose arquer@! Pues la escritura, la mayoría de las veces, encierra el mismo riesgo y el mismo peligro que una maldición: no es una flecha, es un boomerang.
Así que escribo lo que sospecho que tú también podrías haber escrito. Me abstengo de intermediarios.

 Desde aquí puedo ver mi ayer y mi “ojalá” (aún tiene esa fuerza de quien lo ha perdido casi todo).

Escribo lo que sospecho que tú también podrías haber escrito porque  la memoria es frágil y el corazón no es una máquina, no sabe rebobinar.

Y en el centro de mi alma estalla la tormenta. Precisamente ahora que he decidido desterrar para siempre todos y cada uno de mis paraguas azules. 

Me pregunto qué querrá de mí…Si ya me conoce, si ya sabe que a estas alturas no pienso aterrizar.


Lo cierto es que ya no sé si soy capaz de seguir viviendo al margen de lo inevitable…

Tal vez, al final, el pasado, el presente y el futuro ocurran simultáneamente.

Poco más puedo decir, si aún estás a tiempo: vuelve… y tráeme contigo.

 Que de punta en blanco te maldigo en cada uno de mis insomnios y siempre nos confieso inocentes después de perder la cabeza.
Esto no es, ni de lejos, rebatible. Sigue guardando silencio…pero donde yo pueda escucharlo.

Confieso que es agotador. 
Avanzar esquivando verdades y pisando anhelos propios es agotador.


Y odiar hacerlo…odiar hacerlo es lo más agotador de todo.

Me entrego a esta espiral autodestructiva (el médico dice que se me está haciendo crónica y ni siquiera me importa) y encima tengo la osadía de llamarle CREACIÓN, con todas sus consecuencias.

Definitivamente, cuando se trata de mi propia decadencia, soy una ególatra insubordinada.

Este es mi boomerang, el que me recuerda que existe un veneno (del cual desconozco el antídoto) recorriendo mi cordura. Deshace nudos y crea otros nuevos, se me mete en las venas y transforma en tinta mi sangre mientras voy sintiendo que esto no puede acabar bien.

Algunas noches le miro a los ojos y lo comprendo en un instante: O tú o yo. Y ya no hay vuelta atrás.

Jamás lograré expresar lo fuerte que es dicho veneno.  No se rinde,  aunque apriete los labios sigue luchando por salir… Y al final siempre consigue emerger por los ojos, en forma de lágrima de Sirena.

En esos momentos es cuando mi corazón, desbocado, pide tregua y grita que me tranquilice, que me siente y respire, que racionalice todo esto y respire…Pero mi particular Caja de Pandora se rebela y se enfurece más y más con cada nuevo latido.

-“Deja de decirme que respire”- le contesto-“¿Pero qué te has creído? Respiraré cuando tenga ganas de hacerlo.”

Así que duéleme, vida, mi vida.

Duéleme…si puedes.

Que ya sabemos que este tipo de nostalgia siempre consigue la absoluta redención.

Las mágicas Lilas que planté para que solo se abrieran durante las noches de Luna Llena siguen brillando, pero hay tanta tristeza en sus raíces que siento el deseo de destruirlas… aunque no lo haré. Las necesito, son mi última línea de defensa.

Puede que nunca se me diera demasiado bien quemar mis propios barcos, y desconozco el material con el que fue forjado este hilo…pero las Parcas deben de estar cortándose las venas.

He seguido tejiendo hechizos y sueños, a pesar de todos los daños colaterales. Y tengo miedo, miedo de que mis pros y mis contras vuelvan a pillarme en una renuncia de este calibre:

Te quiero porque puedes dolerme…De hecho, eso lo haces a la perfección.

Sangro, no voy a negar que me muero un poco en cada una de las líneas que escribo…pero sigo siendo capaz de soportarlo, creo que incluso mejor que antes, porque hubo un tiempo en que plasmar estas palabras me hubiera partido el corazón.

Algunos pensarán que es madurez, otros que es indiferencia, que simplemente se han convertido en cicatriz y anécdota…pero la niña que conociste un día y yo sabemos la verdad: en lugar de acostumbrarme a que me quisieras me acostumbré a que me dolieras.


No debe malinterpretarse esto. Tan solo escribo aquello que sospecho que tú también podrías haber escrito.

Porque ¡Pobre del que escriba pensándose arquer@! Pues la escritura, la mayoría de las veces,  no es una flecha…es un boomerang.   


Así que duéleme, vida, mi vida…. No dejes de hacerlo.

Duéleme…si puedes.