miércoles, septiembre 17, 2014

DUELEME...SI PUEDES.



Una vez leí que l@s que escribimos somos una especie de arquer@s eternamente insatisfechos, que buscan el blanco perfecto y que, a veces, cuando el viento de la inspiración es favorable, hasta lo encuentran.

La verdad es que a un buen arquero poco le importa la distancia entre él y su objetivo. Esperará, apuntará, disparará y, si no lo alcanza, perderá una flecha.
Sin embargo ¡pobre del que escriba pensándose arquer@! Pues la escritura, la mayoría de las veces, encierra el mismo riesgo y el mismo peligro que una maldición: no es una flecha, es un boomerang.
Así que escribo lo que sospecho que tú también podrías haber escrito. Me abstengo de intermediarios.

 Desde aquí puedo ver mi ayer y mi “ojalá” (aún tiene esa fuerza de quien lo ha perdido casi todo).

Escribo lo que sospecho que tú también podrías haber escrito porque  la memoria es frágil y el corazón no es una máquina, no sabe rebobinar.

Y en el centro de mi alma estalla la tormenta. Precisamente ahora que he decidido desterrar para siempre todos y cada uno de mis paraguas azules. 

Me pregunto qué querrá de mí…Si ya me conoce, si ya sabe que a estas alturas no pienso aterrizar.


Lo cierto es que ya no sé si soy capaz de seguir viviendo al margen de lo inevitable…

Tal vez, al final, el pasado, el presente y el futuro ocurran simultáneamente.

Poco más puedo decir, si aún estás a tiempo: vuelve… y tráeme contigo.

 Que de punta en blanco te maldigo en cada uno de mis insomnios y siempre nos confieso inocentes después de perder la cabeza.
Esto no es, ni de lejos, rebatible. Sigue guardando silencio…pero donde yo pueda escucharlo.

Confieso que es agotador. 
Avanzar esquivando verdades y pisando anhelos propios es agotador.


Y odiar hacerlo…odiar hacerlo es lo más agotador de todo.

Me entrego a esta espiral autodestructiva (el médico dice que se me está haciendo crónica y ni siquiera me importa) y encima tengo la osadía de llamarle CREACIÓN, con todas sus consecuencias.

Definitivamente, cuando se trata de mi propia decadencia, soy una ególatra insubordinada.

Este es mi boomerang, el que me recuerda que existe un veneno (del cual desconozco el antídoto) recorriendo mi cordura. Deshace nudos y crea otros nuevos, se me mete en las venas y transforma en tinta mi sangre mientras voy sintiendo que esto no puede acabar bien.

Algunas noches le miro a los ojos y lo comprendo en un instante: O tú o yo. Y ya no hay vuelta atrás.

Jamás lograré expresar lo fuerte que es dicho veneno.  No se rinde,  aunque apriete los labios sigue luchando por salir… Y al final siempre consigue emerger por los ojos, en forma de lágrima de Sirena.

En esos momentos es cuando mi corazón, desbocado, pide tregua y grita que me tranquilice, que me siente y respire, que racionalice todo esto y respire…Pero mi particular Caja de Pandora se rebela y se enfurece más y más con cada nuevo latido.

-“Deja de decirme que respire”- le contesto-“¿Pero qué te has creído? Respiraré cuando tenga ganas de hacerlo.”

Así que duéleme, vida, mi vida.

Duéleme…si puedes.

Que ya sabemos que este tipo de nostalgia siempre consigue la absoluta redención.

Las mágicas Lilas que planté para que solo se abrieran durante las noches de Luna Llena siguen brillando, pero hay tanta tristeza en sus raíces que siento el deseo de destruirlas… aunque no lo haré. Las necesito, son mi última línea de defensa.

Puede que nunca se me diera demasiado bien quemar mis propios barcos, y desconozco el material con el que fue forjado este hilo…pero las Parcas deben de estar cortándose las venas.

He seguido tejiendo hechizos y sueños, a pesar de todos los daños colaterales. Y tengo miedo, miedo de que mis pros y mis contras vuelvan a pillarme en una renuncia de este calibre:

Te quiero porque puedes dolerme…De hecho, eso lo haces a la perfección.

Sangro, no voy a negar que me muero un poco en cada una de las líneas que escribo…pero sigo siendo capaz de soportarlo, creo que incluso mejor que antes, porque hubo un tiempo en que plasmar estas palabras me hubiera partido el corazón.

Algunos pensarán que es madurez, otros que es indiferencia, que simplemente se han convertido en cicatriz y anécdota…pero la niña que conociste un día y yo sabemos la verdad: en lugar de acostumbrarme a que me quisieras me acostumbré a que me dolieras.


No debe malinterpretarse esto. Tan solo escribo aquello que sospecho que tú también podrías haber escrito.

Porque ¡Pobre del que escriba pensándose arquer@! Pues la escritura, la mayoría de las veces,  no es una flecha…es un boomerang.   


Así que duéleme, vida, mi vida…. No dejes de hacerlo.

Duéleme…si puedes.







4 comentarios:

Drywater dijo...

Me alegra volver a leerte, pero me entristece el fondo.
Eres una amazona brutal, pero me parece que cogiste el arco al revés.

Sofya dijo...

Como siempre intensa y directa...Aunque la tristeza de telón de fondo, la profundidad de tus emociones y el dolor hacen que crees textos tan maravillosos como éste.

Un beso Favole!

Sofya dijo...

No sé si he duplicado comentario, me da error...Nuevo intento...

Profunda, intensa y directa, como siempre...Todo esto hace que crees textos tan maravillosos como este.

Un placer leerte de nuevo.
Un beso Favole!

Sombrerero dijo...

El boomerang tiene por costumbre volver, pero ser tan plenamente consciente de ello ayuda a atajarlo, a cogerlo al vuelo, a evitar el golpe.

La nostalgia es mala compañera nocturna... insomnio, tristeza, sensación de vacío... son sólo algunas de sus posibles consecuencias, así como el hecho de tomar plena conciencia de los cambios operados alrededor en casi todo, en casi todos... esos cambios no siempre son malos, pero la nostalgia nos impide verlos de otro modo demasiado a menudo.

Que alguien o algo pueda dolerte no es un motivo para quererlo, es una consecuencia. O quizás ambas cosas, el eterno pez mordiendo su cola. Te quiero porque me dueles, me dueles porque te quiero.

Espero que aquel o aquello que esperas vuelva.

Ámote.