domingo, septiembre 28, 2014

LA VIGILIA INTERMINABLE




 Desde su adolescencia siempre estuvo aquejada por un insomnio lacerante. A veces bromeaba sobre su enfermedad  (enfermedad, sí… ¿por qué no he de darle este nombre?). Decía que su dolencia era lo que le permitía crear y vivir “una historia interminable” y que en ella había hallado lo más semejante a la eternidad. 


Pero aquella noche de frío otoño, sus desordenadas fantasías semi lúcidas se agitaban de forma más violenta aun de lo que venía siendo habitual. 
 Sus pupilas dilataban la realidad, se nutrían de una imaginación descontrolada que entremezclaba las sombras de aquella fantasmagórica habitación de madera con unos inexplicables,  bruscos e insoportables escalofríos.  

El viento azotaba con furia las ramas de los árboles. Mucho  tiempo estuvo contemplando ensimismada esta escena, mientras su abstracción se tornaba tan estrecha que sintió que la asfixiaba, y por un momento creyó desvanecer en un universo paralelo, en los dominios de la Reina Locura. 

Dejó de sugestionarse con el carácter espectral del paisaje y se entregó a la lectura, el mayor de todos sus deleites personales.  Se acomodó bien entre los cojines de la cama, y retomó la historia que la protegía y alumbraba  durante el transcurso de sus insistentes y aciagas horas intempestivas, cuando el sueño no llegaba.

Mucho, mucho leyó…pero no encontró aquella noche mayor placer ni cobijo en la lectura, pues  un miedo irracional se le clavaba en la columna vertebral y pugnaba por salir desde sus adentros.

 Hiriente, doloroso…se abría paso atravesando su cuerpo, desintegrando por completo (y sin hacer distinción) todo aquello que encontraba en su camino: huesos, venas, vísceras y piel.


 Se incorporó bruscamente y abandonó aquel libro. No cabía ya duda alguna de que había enfermado…gripe tal vez.

Escudriñó su propio reflejo entre las sombras y el parpadeo intermitente de una bombilla que proyectaba una luz insuficiente, intentando recuperar la compostura perdida entre sus bailes de máscaras y sus delirios… pero las grietas de las paredes de aquella habitación de madera oprimían con fuerza cualquier pensamiento reflexivo .

Y hubo de preguntarse si realmente existen “las historias interminables”.

“ La muerte estaba sentada a los pies de su cama.”
La muerte siempre está sentada a los pies de nuestras camas.


Favole Molpe la Musa

6 comentarios:

Manuel Garcia dijo...

Me encantó este tremendo relato, en el que la protagonista experimenta una especie de "axfisia mental", que le podría llevar a trágicas consecuencias...

Saludos favole!

ReltiH dijo...

UN RELATO GENUINO!!
UN ABRAZO

Señorita Uve dijo...

La muerte, cuán difícil es darle esquinazo, siempre nos acaba encontrando, ella es, en este caso la única interminable.... Dulces sueños...

Drywater dijo...

Muy poetiano, ¿verdad?

Sombrerero dijo...

Angustiosa abstracción poetiana. Logra provocar un incómodo desasosiego...

Las historias interminables existen sólo para aquellos cuyos horizontes lo son, aquellos capaces de enfrentar a lo que haya a los pies de su cama, que no temen a la soledad. Aquellos capaces de crear historias de la nada, de volver eternas las palabras a las que otorgan sentido. Ellos crean eternidades, y por ende, conocen el camino entre el mundo terrenal y el interminable, eterno, mundo mágico.

¿Si existen historias interminables? Sí, siempre que seas capaz de crearlas (y vivirlas).

Ámote.

PD: ¿Me regalas una de esas historias?

Agne dijo...

Da gusto pasearse entre tus frases y casi olvidar que enfrente tenía un ordenador.

Genuina, como siempre.

Besitos & Sonrisas