viernes, diciembre 04, 2015

LIMERENCIA



Una palabra: Limerencia, así de simple.
Esta mañana, mientras dormías, he compuesto saetas con tus latidos.
He recogido, procurando no hacer ruido, los resquicios de los miedos consumidos que arrinconamos ayer en algún instante, en algún beso, en algún suspiro.
He contemplado de cerca los bosques de luciérnagas que se enredan en tu pelo.
Me he marchado… de puntillas, por miedo a pisar alguno de tus sueños.
No quería que una infeliz casualidad o un rayo de sol dejara al descubierto que nunca he sabido resolver del  todo el crucigrama de los lunares de tu espalda.
Será que te has convertido en un recuerdo un tanto bisiesto.
O que me he hecho adicta, con los años, a largarme simplemente con lo puesto.
Dedico el resto de la jornada a alejarme de todo lo que no me acerca a ti.
Me tomo varias copas de coraje, Extra seco y sin hielo.
Pienso en cuánto me costará esta vez tu amnistía, mientras imagino como debe ser arrebatarte el alma…
Robar algo que no tiene precio.

Y es que no quiero decirte que sí a todo, pero no puedo decirte que no a nada.
Porque quizás no tengamos un final feliz, pero sí tuvimos el infinito en los labios y un color guardado en las clavículas.
Así que me quedaré con lo que tengo…si tengo suerte  y, lo que tengo, se queda conmigo.
Después de todo siempre seremos para alguien la persona correcta, esa que conocieron en el momento equivocado.
Por una vez me gustaría no tener ni idea de lo que estoy hablando, ignorar que me sé de memoria este camino, ignorar que hay partidas sin regreso y destinos sin retorno.
Sigo aquí...donde tu olor me embarga la sonrisa.
 Donde tú creerás por enésima vez que los deseos pueden no cumplirse, y yo que ningún mar en calma hizo experto a un marinero.

No es el momento de que seamos reales…pero sigo aquí…
Reina de mi mundo, pero esclava de una mirada.
Será que me he hecho adicta, con los años, al “ahora o nunca”.
Será que aún te odio, mi pequeña renuncia…  pero a la inversa. 

Una palabra: Limerencia, así de complicado.

Maldita, maldita limerencia.

sábado, julio 18, 2015

ROMPER



Romper.

Una ola estrellándose contra las rocas. Una ola, y otra, y otra, y otra… el debacle y el renacer no tienen fin.

Rompemos cosas continuamente.

 Rompemos esquemas, rompemos silencios, rompemos normas, derribamos verdades hasta sus cimientos y arrasamos con las mentiras que un día nos hicieron felices.

La realidad es que hacemos ambas cosas. Nos pasamos la mitad de nuestra vida provocando huracanes y tempestades y la otra mitad construyendo refugios y cobijos. En realidad el orden no importa mucho.

Rompemos miedos, rompemos sueños quebradizos y frágiles, rompemos pedacitos de nuestro corazón, rompemos parcelas de almas que no nos pertenecen  y, a veces, también rompemos promesas.

Yo hoy rompo aquella que aseguraba que no volverías a aparecer jamás ni en una sola de mis líneas, porque si bien no hablar de ti no era olvidarte…

 intenté en vano que se le pareciera mucho.

Rompo esa promesa porque sé que ha tenido un precio pero nunca tuvo ningún valor, como aquel “adiós” que tú pronunciaste a contra corazón y que, en el fondo, carecía de significado. Después de todo: ¿Qué poder tiene un “adiós” cuándo quien lo pronuncia no cree en las despedidas definitivas?

Pero callé…porque te había roto…porque me habías roto

porque con el tiempo aprendí a convivir con unos y a sobrevivir sin otros.

Porque por un instante, por un jodido instante dudé, dejé de creer, confundí la verdad con el desánimo…y me produjo más vacío el no reconocernos que nuestra propia fuga y nuestro triste abandono.

Dicen que el silencio es el olvido, pero gran parte del silencio de mis letras se convirtió en tu recuerdo, y confieso que hasta acabé odiando el principio de incertidumbre… simplemente porque me recordaba a ti.

Mi ascenso hacia el azul, al igual que el tuyo, fue tan imparable y titánico como  descontrolado. Ya ves, al final resulta  que se me dan mejor las caídas que volar y que, con el tiempo y los años, me he convertido en una verdadera experta en aterrizajes forzosos.  

Sí, aquel accidente me rompió varias costillas y resquebrajó mi concepto de confianza por los cuatro costados, porque según mis cálculos tú y yo nunca debimos habernos fallado… Pero lo hicimos.

No fue la primera vez que me vi obligada a arrastrar mis alas por pantanos de lodo, sin brújula y sin mapa. Dormí en cuevas forjadas por el mismísimo miedo y me convertí en esa parte de mi misma que va y viene sin rumbo fijo.

En la decadencia de aquellos cenagales reforcé aún más mi amor por los ángeles caídos y luego, como suele ocurrir, regresé a casa…y lloré.

Pero para la gente como yo hay heridas que jamás cicatrizan del todo. Aquel accidente, contra mi voluntad,  me hizo crecer un poco…lo suficiente como para dejar de ser invulnerable.

Es curioso como confiar en alguien puede enseñarnos, tristemente, a no volver a confiar en nadie, ni en uno mismo…al menos no del todo.

Caminé durante años por mis jardines de Lilas, preguntándome si tu orgullo abrazaría mejor que yo (el mío, en ese aspecto, no te llega ni a la suela del zapato).

En pocas palabras: Echarte de menos se convirtió en algo completamente personal e intransferible, en algo que más de una vez rozó los confines de lo ridículo.

Que mi destino es caprichoso hace tiempo que no es un secreto, y quiso que fueras la primera ficha de dominó en caer, la primera de una tormentosa secuencia.

Desde lo más alto de la más alta torre de mi atalaya de sueños vi caer una de las fortalezas más grandes de mi reino, una de esas que era IMPENSABLE que cayera (sí, en mayúsculas).

Podría decir que se desmoronó, que se hizo cenizas, que simplemente desapareció en la nada…o mil estupideces más que no alcanzarían a describir, ni de lejos, lo que para mí supuso aquella sacudida que rajó mi alma y parte de mi existencia y mi fe de arriba a abajo.

Aún hoy no puedo escribirlo (sé que tú entenderás lo que digo), quizás porque una de las señales más claras  de que hemos entendido algo de esta intrincada vida es cuando en lugar de escribir o hablar sobre el silencio, simplemente, lo hacemos.

Y ahora, que me pregunto cuánto ha de durar una tormenta para dejar de creer en la calma, ahora que me toca renacer y reinventarme (otra vez) y que no sé ni por dónde empezar, ahora que mi Luna sigue estando llena y los recuerdos tampoco menguan…ahora que entiendo que no perdimos, que tan solo se nos agotó el tiempo y que, como idiotas, no supimos darle la vuelta al reloj de arena de nuestros resquicios… ahora, justo ahora, me llegan tus palabras y rompen todos los barómetros.

¿Qué puedo decir? Si sé porque dejaste de escribir historias y empezaste a escribir poesía. Lo sé porque en estos años de ausencia son incontables la cantidad de folios que he llegado a romper, a fuerza de verte reflejado en ellos.

Quiero que sepas que he seguido de cerca tus huellas (eres bueno desapareciendo, amigo… pero no tanto) de escenario en escenario, y que me he conmovido cada vez que he leído o escuchado uno de esos versos en los que te has dejado parte del alma. Y pese a que me hubiera gustado estar entre el público, aplaudiéndote, he sonreído en la distancia sabiéndote feliz y viéndote luchar por tus sueños.

Sigo guardando tu sombra en un cajón… Quizás porque, pese a que rompemos cosas continuamente, elijo creer que hay cosas irrompibles.

O quizás es esta certeza que me late y que no desaparece, esta que me susurra que tú también estás contemplando cómo se estrellan las olas contra las rocas… en algún lugar de este mundo.  Una tras otra, una tras otra. A los pies del océano, con la mirada fija en el horizonte…

sin saber cómo alcanzarlo.

Sé que nunca cerraste tu ventana... Lo sé, porque la mía también permanece abierta. 
         

Por si venías a buscarme. Por si yo fuera a buscarte.

  


[La foto-maravilla pertenece a Juan PorDios Notepierdas, un capturador de instantes al que debo mucho, muchísimo más que estas simples y humildes palabras. Muchos ven la Magia del mundo, pero solo pocos saben inmortalizarla de esta forma. Gracias, por todas esas veces en que, aún sin saberlo, nos encontramos en un latido y mezclamos de manera alquímica imagen y letras. Gracias por TODO, en especial por esa luz que proyectas siempre en mi camino. Un fuerte abrazo GRAN y GENIAL :) ]

miércoles, marzo 25, 2015

PRESIÓN



Presión. Con fuerza aprieto  los dientes y el grifo de la ducha y le doy vueltas, y vueltas, y vueltas…deseando desatar una cascada sobre mi cabeza, deseando reventar la cañería, deseando colapsar el desagüe, inundar el mundo, truncar el mismísimo destino natural de las cosas.

Deseo borrarte de mi pasado, deseo que la furia del agua sobre mi rostro no me permita levantar los párpados porque quizás así, y solo así, no tenga que volver a contemplar lo mucho que nos hemos ido desconociendo.

Así que le doy vueltas, y vueltas y vueltas…hasta que alcanza su tope, se para en seco y me susurra: “hasta aquí hemos llegado”.

Pero no es suficiente, nunca es suficiente… y yo necesito más presión, necesito más presión…necesito más presión para borrar de mi piel la idea de que quería que nos rompiéramos los esquemas, pero no el corazón.


 Tengo la imaginación llena de sangre, los recuerdos llenos de sangre, la confianza llena de sangre, las manos llenas de sangre.

Tengo un sueño, uno tan poderoso…que no me deja dormir.

Y aunque ya no es carnaval tú sigues disfrazándote de algo que no entiendo. Y yo, sigo volando en círculos delante de este triste escaparate de aplausos fáciles y de falsos  triunfos de barro moldeable… quizás porque nunca supe latir por encargo o tal vez porque me produce náuseas cuando le ponen precio al valor.

¿Cómo explicarte que yo también me creí todos esos cuentos en los que seríamos eternos? Que seguí vagando durante mucho tiempo por las estancias de las viejas casas donde fuimos felices jugando como niños, y dónde tú demostraste ser el mejor adjetivo (quizás el único) capaz de acompañar a mi caos y a  mi contradicción.

Le doy vueltas, y vueltas y vueltas. ..porque yo necesito más presión, necesito más presión…necesito más presión para borrar de mi piel la idea de que hace tiempo que estoy jugando a no extrañarte…y voy perdiendo.

 Y sí, ya sé que te han dicho que sigo caminando por este cúmulo de bares que son las letras, por estas noches de insomnio, estas descontroladas fantasías y estas agridulces nostalgias …solo que ahora, a veces, lo hago sin fe.

Y a pesar de que mi piel sigue siendo piel (o quizás gracias a ello),  mi lógica jamás será aplastante. Mi corazón saborea los extremos porque al final siempre me recuerda que soy humana… y grito. Grito que renuncio a la eternidad si ello implica convertirme en una analfabeta emocional. Sigo aguantando sin anestesia los ataques de la indiferencia fingida, sabiendo que nunca estaré a la altura de ciertos tipos de frialdad.

 Y no me importa…no me importa arder por dentro y llover por fuera, ni el ensordecedor estruendo que produce la fortaleza de la fragilidad al reafirmarse una vez más.

 La verdad es que sigo sin tenerle miedo a los precipicios (al menos no lo suficiente), y me doy cuenta de que “el problema no es que no sepamos pasar página, el problema es que seguimos dejando el punto de libro en el mismo lugar”. 


Que me truenan los ojos cuando recuerdo aquellos días en que las ausencias apenas eran un parpadeo en nuestro radar. Me truenan cuando recuerdo tu manera de subir los peldaños de mi alma…los mismos que más tarde tu deslealtad bajaría de dos en dos.

Puede que no exista barómetro capaz de medir esta borrasca, o puede que realmente te gustara mi caída. Si es así, quédate…verás cómo me levanto.

Y aunque  el pronóstico del tiempo dice que ya te me pasarás  yo le doy vueltas, y vueltas y vueltas….  porque yo necesito más presión, necesito más presión...necesito más presión para que mi mente deje de abrazarte y empujarte, abrazarte y empujarte, abrazarte y empujarte…

Así que con fuerza aprieto  los dientes y el grifo de la ducha deseando que la furia del agua sobre mi rostro no me permita abrir la boca porque quizás así, y solo así, pueda evitar reventar las cañerías, colapsar el desagüe, inundar nuestro mundo y acabar con todo diciéndote:

“Perdón, lo hice sin querer(te).”



Favole Molpe la Musa