miércoles, marzo 25, 2015

PRESIÓN



Presión. Con fuerza aprieto  los dientes y el grifo de la ducha y le doy vueltas, y vueltas, y vueltas…deseando desatar una cascada sobre mi cabeza, deseando reventar la cañería, deseando colapsar el desagüe, inundar el mundo, truncar el mismísimo destino natural de las cosas.

Deseo borrarte de mi pasado, deseo que la furia del agua sobre mi rostro no me permita levantar los párpados porque quizás así, y solo así, no tenga que volver a contemplar lo mucho que nos hemos ido desconociendo.

Así que le doy vueltas, y vueltas y vueltas…hasta que alcanza su tope, se para en seco y me susurra: “hasta aquí hemos llegado”.

Pero no es suficiente, nunca es suficiente… y yo necesito más presión, necesito más presión…necesito más presión para borrar de mi piel la idea de que quería que nos rompiéramos los esquemas, pero no el corazón.


 Tengo la imaginación llena de sangre, los recuerdos llenos de sangre, la confianza llena de sangre, las manos llenas de sangre.

Tengo un sueño, uno tan poderoso…que no me deja dormir.

Y aunque ya no es carnaval tú sigues disfrazándote de algo que no entiendo. Y yo, sigo volando en círculos delante de este triste escaparate de aplausos fáciles y de falsos  triunfos de barro moldeable… quizás porque nunca supe latir por encargo o tal vez porque me produce náuseas cuando le ponen precio al valor.

¿Cómo explicarte que yo también me creí todos esos cuentos en los que seríamos eternos? Que seguí vagando durante mucho tiempo por las estancias de las viejas casas donde fuimos felices jugando como niños, y dónde tú demostraste ser el mejor adjetivo (quizás el único) capaz de acompañar a mi caos y a  mi contradicción.

Le doy vueltas, y vueltas y vueltas. ..porque yo necesito más presión, necesito más presión…necesito más presión para borrar de mi piel la idea de que hace tiempo que estoy jugando a no extrañarte…y voy perdiendo.

 Y sí, ya sé que te han dicho que sigo caminando por este cúmulo de bares que son las letras, por estas noches de insomnio, estas descontroladas fantasías y estas agridulces nostalgias …solo que ahora, a veces, lo hago sin fe.

Y a pesar de que mi piel sigue siendo piel (o quizás gracias a ello),  mi lógica jamás será aplastante. Mi corazón saborea los extremos porque al final siempre me recuerda que soy humana… y grito. Grito que renuncio a la eternidad si ello implica convertirme en una analfabeta emocional. Sigo aguantando sin anestesia los ataques de la indiferencia fingida, sabiendo que nunca estaré a la altura de ciertos tipos de frialdad.

 Y no me importa…no me importa arder por dentro y llover por fuera, ni el ensordecedor estruendo que produce la fortaleza de la fragilidad al reafirmarse una vez más.

 La verdad es que sigo sin tenerle miedo a los precipicios (al menos no lo suficiente), y me doy cuenta de que “el problema no es que no sepamos pasar página, el problema es que seguimos dejando el punto de libro en el mismo lugar”. 


Que me truenan los ojos cuando recuerdo aquellos días en que las ausencias apenas eran un parpadeo en nuestro radar. Me truenan cuando recuerdo tu manera de subir los peldaños de mi alma…los mismos que más tarde tu deslealtad bajaría de dos en dos.

Puede que no exista barómetro capaz de medir esta borrasca, o puede que realmente te gustara mi caída. Si es así, quédate…verás cómo me levanto.

Y aunque  el pronóstico del tiempo dice que ya te me pasarás  yo le doy vueltas, y vueltas y vueltas….  porque yo necesito más presión, necesito más presión...necesito más presión para que mi mente deje de abrazarte y empujarte, abrazarte y empujarte, abrazarte y empujarte…

Así que con fuerza aprieto  los dientes y el grifo de la ducha deseando que la furia del agua sobre mi rostro no me permita abrir la boca porque quizás así, y solo así, pueda evitar reventar las cañerías, colapsar el desagüe, inundar nuestro mundo y acabar con todo diciéndote:

“Perdón, lo hice sin querer(te).”



Favole Molpe la Musa