miércoles, septiembre 28, 2016

DE TRAPECIOS, SOLO PARA LOCOS



No negaré que me estremece por dentro, a estas alturas, verte hablar de trapecios. Me estremece y me arranca el tipo de sonrisa que tanto me cuesta esbozar últimamente.

Quizás porque me conmueve, entre tanto cambio frenético y sinsentido, ver que hay cosas que siguen siendo inamovibles… o quizás es que sigo necesitando creer en la palabra “eternidad”.

Después de todo, seguir haciendo tratos con las hadas es más difícil y peligroso de lo que parece, incluso para aquellos que no queremos crecer.
 ¿Cómo podría explicarte que yo le cogí miedo al trapecio y a las alturas?…

porque nunca había red debajo y cada vez me costaba más recuperarme de la caída.
Que me cansé del circo y de los escenarios, del repetitivo desfile de sentimientos fingidos y las estúpidas catarsis colectivas.

Probablemente ahora estarás pensando aquello de que “es una necedad tenerle miedo a las alturas cuando se es toda precipicios”. Pero al final, "el sueño de cualquier guerrero, también es poder dormir en paz".


Que hay seres que dividen nuestra vida en un antes y un después no es un secreto para ningún alma doctorada en imposibles. Mi último salto mortal me ha obligado a guardar cama durante mucho tiempo (y lo peor es que él ni siquiera es consciente de ello).
La realidad sigue siendo para mí y para mis sueños un universo demasiado limitado, donde cada vez se me hace más complicado quedarme a vivir... pero me niego a creer que la Magia acaba siempre por ser truco. Así que ojalá algún día aprendamos a pedir perdón por todas las veces que no echamos de menos, por todas las veces que no necesitamos, y por todas las veces en las que nuestro miedo y nuestro orgullo son más fuertes que lo que sentimos aquí dentro.

Después de todo,  tal vez fuera un error este constante empeño por cerrar las heridas, y junto con ellas cerráramos la única salida que teníamos. Debímos dejarlas sangrar, que al final lo que nos mata es precisamente aquello que nos habita, porque nos ataca desde dentro.

Mi fe sigue llegando casi siempre con los deberes sin corregir, sigo escondiendo la entrada a mi Reino detrás de una sonrisa ladeada, y si algo me gusta lo releo y lo releo, en lugar de pasar página.
 Y aun así…
¿Cómo podría explicarte que jamás es suficiente?... ¿Cómo decirte qué a mí todo esto, en el fondo, no me importa en absoluto? 


Que no me basta porque yo, joder…Yo…

 …pido más Magia.

Dicen que a veces se escribe para recordar, pero  sospecho que, con en el tiempo, también escribimos para ir borrando.

Mi ventana permanece siempre abierta. Llámalo testarudez, llámalo locura, llámalo idiotez supina (en fin, ya sabes todo lo que dicen de los soñadores).

Para ser sinceros: ya casi nunca entro del todo en razón porque, digan lo que digan, lo que fascina de verdad a los seres como yo no suele estar ahí.

Y es que he sido juez y parte de tantos finales llenos de conclusiones erróneas… He visto tanta tristeza en las miradas que se esconden bajo los paraguas, en las vidas que no serán, en los caminos que no se tomaron…

Me siguen doliendo los  contra-latidos proscritos que mueren de frío al saberse desterrados, condenados al silencio y la distancia por no saber (o no querer) alimentar el imperio de lo convencional.

He visto infiernos que bien se merecían todo el cielo, y no... ya no puedo (ni quiero) volver al trapecio, ahora vivo entre bambalinas…y soy más feliz así. Pero prometo no frenar el vuelo  de los pájaros que tengo en la cabeza (aunque a veces alguno me recuerde un poco a ti).

Me gusta creer que volveremos a encontrarnos, en los enigmáticos sótanos de algún teatro mágico y nocturno…ya sabes: “solo para locos”.

Como en los buenos cuentos.


 [ Puede que los duendes que tejen los hilos del destino, cuando el tiempo pase, unan otra vez nuestros caminos.  Te dejé una nota en donde te explico que, en la vida, no vale la pena la tristeza de las despedidas.]

Favole Molpe la Musa