jueves, noviembre 17, 2016

DE TI Y OTROS RECURSOS NO RENOVABLES



Hemos nacido en un tiempo equivocado del que a menudo sigo sin entender el mecanismo. Nos mintieron diciéndonos que “el que la sigue la consigue”, que todo se puede lograr con esfuerzo y perseverancia” y que existe “la clase media”. Nos convencieron de que luchar por abrirse paso dentro de este sistema no solo es posible, sino que además es deseable y tiene un sentido.

Pero no todos podemos veranear en Cadaqués, ni hacer dos o tres viajes al año para desconectar de nuestra rutina, conocer mundo, aprender y oxigenar la cabeza. No todos podemos pagar las clases de guitarra, ni ir una vez al mes a la peluquería,  ni apuntarnos al gimnasio, ni costearnos una carrera que nos dignifique y nos permita llegar a ser considerados “personas válidas”.

 La mayoría adulteramos nuestro tiempo a cambio de la promesa de algo mejor, hipotecamos nuestro presente por un futuro incierto… y no podemos comprarnos el “modelito” que mejor nos sienta, ni salir a cenar fuera tres veces por semana, ni acceder a la felicidad de “el bienestar mínimo”.  No todos nacimos con la partida medio ganada, ni con la seguridad de tener una red debajo por si las cosas salían mal, ni corremos el mismo riesgo cuando decidimos ser “valientes, poco convencionales o aventureros”. 


No, no todos pertenecemos al club de “la clase media”, e  imagino que mirar solo aquello que queremos ver es una de las claves actuales, obviar que vivimos en la era del hedonismo y la evasión, donde poco importa el contenido si la forma y los colores son lo suficientemente atractivos. 
  
Nos enganchamos a la cocaína, a la política, a las redes sociales, a la belleza, a la imaginación, al whatsapp, o a cualquier otra cosa que nos permita despersonalizar nuestra realidad al máximo…Dar las gracias por el techo, la comida, los atardeceres, los libros de autoayuda, saludar al sol cada día, colgar nuestra sonrisa en Instagram y olvidar, la mayor parte del tiempo, que nos hemos convertido en un sueño perverso de la ambición.
Como ya he dicho: hay veces, en noches como esta, en que sigo sin entender el mecanismo…tal vez porque la desilusión no tiene claroscuros, o tal vez porque pienso en ti, que vendiste tu alma al diablo a cambio de un poco de paz… y sospecho que ahora es el cielo el que te atormenta.

Aun no sé qué clase de locura me ha hecho aguantar tanto tiempo en lo que tú decidiste que era la línea enemiga y preferir ser tu contraria, en silencio… a decirte adiós a gritos. No deja de ser curiosa la terrible fortaleza con la que defendemos ciertas fragilidades del espíritu.

La verdad es que en otro tiempo, quizás no  tan equivocado ni tan lejano, habría sido más paciente, pero a estas alturas comprendo que seguir esperando lo imposible de ti no es más que un mecanismo de defensa que despliego a favor de mi persona, porque ya son muchos los desengaños y seguir confiando en tu mirada, pese a todo, seguir teniendo fe en lo que me susurra el corazón, no es más que una manera encubierta de decirte: “No, por favor, tú no…tú no me decepciones”.

Ya he pasado por esto, se funden los plomos y oigo ruidos en el sótano de mi mente…y aunque seamos los reyes de las desbandadas, lo cierto es que busco otro tipo de pureza, quizás más clásica, “donde la mierda sea mierda y los ángeles sean ángeles”… porque estoy cansada de amar aquello que he idealizado, a fuerza de no tenerlo.

Sé que te han mentido muchas veces, y ojalá pudiera liberar este dolor diciéndote que yo también lo hice…pero no. Simplemente vivo consagrada a una especie de obstinada estupidez, que al final siempre me hace creer que el Amor, cuando es de verdad, es más fuerte que el miedo y la desconfianza.

Así que esta vez no voy a defenderme, me quedaré de pie con los brazos cruzados y no opondré más resistencia. Si quieres decepcionarme, hazlo… porque ya no me caben en el pecho más ambigüedades. 


He sido consciente en muchas partidas de que no era yo quien jugaba con la mano más potente. Hay muchas cosas que no veré, y otras tantas en las que ya no creo…pero creí en ti, pese al silencio y la distancia, creí en ti… aunque jamás hayas comprendido que no se trataba de ganar o perder, que si de verdad había algo que me destrozaba el alma, es no saber qué te ha hecho tanto daño.

Tan fácil como mirar solo aquello que queremos ver… tan triste como que ya nunca sabrás lo que siento aquí dentro.

Decepcióname y, lo que quede después, poco o mucho… será la verdad.

De todos modos, siempre seguirás siendo la forma más bonita que la vida tuvo de decirme: 


“No, todo no lo puedes tener”.


[Aquella fue la última vez que le vio, aquella fue la última vez que supo de él…O al menos, que supo algo que realmente quisiera saber.]



Favole Molpe la Musa





2 comentarios:

Beauséant dijo...

muchas veces somos demasiados influenciables, nos dejamos cegar por los anuncios, las caras falsas de la televisión y los libros de autoayuda que promenten el camino a la felicidad. Como si es felicidad fuese un objetivo y todo lo demás no importase, olvidando que esa felicidad es un camino que se recorre, no un objetivo al que llegar.... no me gusta el conformismo, pero debemos saber las cosas que de verdad importan y aquellas que son accesorias y eso es algo único para cada persona, la televisión nunca nos dará la respuesta...

Sombrerero dijo...

Cuando no se tiene red de seguridad, no queda otra que tejerse una... o utilizar un arnés.

Al final, clase media, baja, media-alta, media-baja... al final todo el mundo se decepciona. La cuestión es con qué. Ay, los problemas de clase media del primer mundo... Cuando las decepciones son graves y nos arañan el alma, lo importante es no cegarse, no pensar que si eso ha fallado todo lo hará, no querer evitar otra decepción a costa de renunciar a confiar en otras personas.

Hay que tejerse una red, otra más, pero no hay que dejar de ser quien somos.

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