jueves, diciembre 15, 2016

QUIRALIDAD



A veces olvido que las ilusiones de los mortales son frágiles…caen por su propio peso, como las hojas de los árboles en otoño.
Sigo escuchando el silencio de una cuenta atrás sobre la misma línea de salida en la que he aguantado demasiado tiempo, esperando una señal que nunca llega.
Y desde mi permanente estado de crisálida vomito sombras y pálpitos vitales, cristalizo la ira, confino en mis adentros un ejército de lágrimas azules y, en secreto,  dejo de asumir el Destino.

Escogí las montañas para perderme, porque en ellas nada es superfluo. Bajo el descomunal tapiz de puntos luminosos el viento nocturno acuna en mi regazo el murmullo de antiguas leyendas épicas, magistrales y heroicas luchas que nunca aparecerán en los libros de historia, y el eco lejano de algún amor proscrito que, por suerte o por desgracia,  me recuerda que el romanticismo aún sigue siendo capaz de partirme el alma.
Pero aunque comprendo que mi cerebro es mi corazón, lo cierto es que soy consciente de que no soy QUIRAL. La imagen que tenía de mí no ha resultado ser superponible, y por más que lo intento no consigo coincidir conmigo misma.
Hija de mil imposibles, y madre de otras tantas contradicciones… quizás esa es la razón de esta recurrente pesadilla de tener siempre, pese a todo, algo en lo que creer. O tal vez es que nunca olvido nada de lo que amo. Lo exilio, que es distinto.
Observo como atardece entre los árboles, como una melodía que se repite y se tararea sin querer.  Y una vez más vuelvo a caer rendida ante la conmovedora resistencia de la luz frente a su propia agonía.

Me dejo llevar y abandono por un rato el estado de crisálida, porque sé que al Reino de la Magia, al igual que al corazón de ciertos seres, sólo se llega por caminos que nadie ha transitado…o no se llega.

Así que despliego las alas, renegando de los vuelos refrenables, y mi universo es inmenso e inabarcable cuando soy capaz de soñar sin saber por qué, cuando los límites y la realidad se vuelven invisibles para mí y siento que la libertad y la felicidad vuelven a ser conceptos casuales, fruto del azar, y no productos manufacturados destinados a alimentar la triste industria de la inopia.
Aleteo a aleteo, te pienso,  te extraño y te quiero...sin adjetivos.

Aunque jamás llegues a darte cuenta de que cada uno de tus latidos y cada una de tus mir(h)adas sabe más de poesía que muchos de aquellos que se autoproclaman poetas, y aunque en ocasiones yo, incapaz de describirlo, me vista de silencio… pues la auténtica belleza no necesita reafirmarse ni justificarse con palabras. En eso, se parece a la verdad.

 Y pese a que sigo escuchando el silencio de una cuenta atrás, a veces recuerdo que las ilusiones de los mortales son fuertes… y que hasta la más pequeña y delirante de nuestras fantasías tiene el poder de elevarnos por encima de los fantasmas de la inseguridad y del miedo.
Sé que no eres Quiral, que la imagen que tenías de ti mismo no ha resultado ser superponible. 
 Pero me gustaría que, al menos por una vez, coincidieras conmigo.

 Y que llegáramos allí donde los deseos se cumplen... "antes de que cierre."
 
Favole Molpe la Musa

["Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía."]

2 comentarios:

Beauséant dijo...

muchas veces sólo hace falta una pequeña esperanza para hacer grandes cosas... ni tan siquiera tiene que ser una esperanza real..

Clara dijo...




Ese aleteo no es de crisálida....precioso