martes, agosto 08, 2017

Luciérnagas errantes

Nunca consiguieron que comiera la manzana con cuchillo y tenedor, pese a que así es como les querían, amaestrados y arrinconados, perdidos en mitad de una patulea autocompasiva carente de norte. Con sus miedos y su corazón a cuestas, cayendo en la inercia de pensar que todo cuanto hay bajo el cielo no es más que pura vanidad. Coleccionando desastres en el desván de las miradas tristes, con la boca sellada y las fantasías atadas en corto, forjando los barrotes de mil lacerantes jaulas de silencio diseñadas para perder la cabeza. Tan envenenados de frustración y tan llenos de vacío, que sintieran que si ingerían un bocado más de NADA explotarían.
Y sin embargo, aunque extrañaban la hora azul de la inocencia y el lujo de poder permitirse ser pesimistas, a veces, contra todo pronóstico, aún eran capaces de imaginar que la decepción tenía límites y que la ingenuidad no estaba del todo deshabitada.
 

Entre pantanos de recuerdos y cielos repletos de brillantes anhelos, seguían empeñados en llorar sueños y sangrar esperanzas. Desafiaban el latido y la materia, predicaban lo inusual y, a oscuras, se extirpaban una vez tras otra el código de barras.
 

Algunas noches se les podía oír aullar desde los mismísimos precipicios de la melancolía y el destierro, donde acumulaban cicatrices y donde la fe les había vuelto adictos a las caídas y a las recaídas, a echarse de menos, a lanzar la piedra en medio del lago y esperar a ver cómo crecen las ondas del agua… porque siempre sospecharon que hay una certeza oculta detrás de todo aquello que es irreversible.
Pues aunque así es como les querían, aletargados, supeditados y adormecidos, como velas mal apagadas en un mundo que apenas podían comprender… la oscuridad siempre está habitada por luciérnagas errantes.


Favole Molpe la Musa

jueves, julio 06, 2017

PERNOTAR




Siempre le resultó muy complicado dormir en verano, pero últimamente, cuando lo conseguía, soñaba con él. De hecho, cuando por enésima vez giró sobre sí misma y revolvió todas las sábanas de la cama, estaba soñando que él la besaba.
Aunque no fue aquel onírico beso el principal motivo de su inquietud, ni siquiera fue el típico impulso irrefrenable y cargado de pasión y desenfreno que se acostumbra a ver en las películas.
 Más bien empezó siendo un beso lento y profundo, de esos que crecen poco a poco en intensidad y se dilatan en el tiempo, y en los que se saborea el triunfal alivio de un dolor sostenido en absoluto silencio. Uno de esos besos, tan deseados y esperados en secreto, que el alma se compunge cuando los labios y la lengua se entremezclan en ese acompasado baile, dulce y ardiente, que deja tras de sí un rastro de jadeos entrecortados y sugerentes sonrisas.
En fin, uno de esos besos en que el mero hecho de que el sexo sea la consecuencia y no la causa le hacen a un@ ser plenamente consciente de que está bien jodid@.
Pero no, no fue el sueño lo que logró arrebatarle el descanso aquella calurosa noche, si no el eco de un extraño sonido, parecido a una melodía, que repiqueteaba incesantemente contra el cristal de su ventana.
Se incorporó despacio y recorrió la habitación a oscuras, conteniendo como pudo su agitada respiración. Y en aquellos momentos en que se debatía entre una desconcertada vigilia y un  semi lúcido estupor, casi hubiera podido jurar que le pareció escuchar a la mismísima Luna susurrando en su oído: “No abras a nadie”.
Quizás fue el hecho de que su organismo y su mente aun permanecieran somnolientos lo que la hizo reaccionar con una inabarcable curiosidad, pero una inusual comedida sorpresa, al ver sentada, sobre el alféizar de su ventana, a una diminuta mujer, no más grande que un caracol, tocando las cuerdas de una especie de instrumento que parecía tener injertado en su propio pecho.
-¿Qué eres?- le preguntó frunciendo ligeramente el ceño.
-Lo mismo que tú- respondió la misteriosa criatura sin dejar de tocar y esbozando una intrigante sonrisa.- Una melodía fugaz, un enigma un tanto solitario…una partitura nocturna acostumbrada a recoger los suspiros que nadie más reclama. Alguien que renace continuamente en el mundo de los sueños, y que ya no tiene lugar en ningún otro lugar.
 Y aunque creyó que iba a seguir hablando, las cuerdas que le brotaban del pecho chirriaron inarmónicamente, y durante un segundo le dio la impresión de que le costaba hasta respirar.
-¿Por qué suena así?- preguntó con un tono de voz algo alicaído, pues intuía que la respuesta iba a ser un tanto triste.
-Ah, ¿Te refieres a qué desafino?
- Bueno, perdón, lo que yo quería dec…
-Sí, suele ocurrir- le interrumpió el extraño ser mirándola con complicidad-. Cuando el corazón está roto a veces se tiende a desafinar un poco.
-Roto...-murmuró con incredulidad. Pero aunque sonó como una afirmación lo cierto es que más bien era otra pregunta, ya que le pareció increíble que existiera alguien en el mundo capaz de herir a un ser de esas características.
- No dejes que la música domestique del todo tu instinto- le dijo la diminuta desconocida, como si hubiera sido capaz de leerle el pensamiento.- Aun conservas la inocencia y el ímpetu orgulloso de la juventud, pero a veces las cosas no son lo que parecen. Un día aprenderás que no todas las batallas se ganan del mismo modo, y que luchar e imponerse son dos cosas bien distintas. Aquel que decidió romperme el corazón estaba cabreado y triste cuando lo hizo…pero sólo un necio creería que yo fui más benevolente. Me vengué en aquel mismo instante e hice lo que sabía que más le iba a doler.
-¿Qué hiciste?
-Dejar que me lo rompiera.
En aquel momento hubiera reinado el más sepulcral de los silencios sino fuera porque aquella melodía, tan atrayente como disonante, era un tipo de lenguaje mucho más antiguo que el de la propia humanidad, y tenía el poder de detectar y llenar cada vacío, incluso los del alma.
-¿Y a él también se le rompió el corazón?
-Eso creo, aunque posiblemente no por el mismo sitio.
-A mí nadie va a partirme el corazón- sentenció de pronto con categórica e inapelable determinación.
 -  Me temo que es algo inevitable, ocurre con el tiempo. Nunca he visto a un corazón permanecer intacto eternamente. Pero puedo decirte que, aquellos que entienden algo de música, saben que hay instrumentos que suenan mejor cuando ya se han tocado.

Y tal como dijo esto empezó a deslizarse rápidamente como un caracol, sí…pero de carreras. Se fue con la música a otra parte y su diminuta silueta desapareció en la oscuridad, dejando en el aire unas enigmáticas notas, oscuras, frágiles y discordantes.
Desconcertada, se dejó caer en la silla y encendió la lamparita de su escritorio, mientras pensaba que, definitivamente, las noches de verano son bien complicadas para conciliar el sueño.
Y no es de extrañar, porque lo cierto es que siempre había preferido estar detrás de la obra a ser la obra.

Después de todo, ¿quién quiere ser la protagonista de la historia o la musa que inspira un poema pudiendo ser quien los escriba?

Favole Molpe la Musa 

[ La ilustración-maravilla es de Chiara Bautista. Cuando la vi me pareció muy interesante como concepto, y me inspiró al instante :)]


miércoles, mayo 31, 2017

AL GATO, NO AL INSTINTO


Lo que más le llamó la atención al conocerla fueron sus ojeras, tenía unas ojeras preciosas. Protegían el brillo de su mirada como la luz de la Luna es custodiada por su propia sombra.

Poco después descubriría su insomnio lacerante y su increíble capacidad creando mundos mágicos de la nada…era ilimitada.

A la hora de las Brujas urdía sueños y pesadillas que más tarde convertía en relatos. Sin embargo, a veces, alguna historia se enredaba en sus adentros de tal modo que conseguía desestabilizar su bobina principal, y su cordura se veía obligaba a abandonar durante un rato las agujas, los dedales, los hilos y los carretes.

Dormía poco y mal, porque aunque durante el día formaba parte de ese engranaje que resulta exiguo para cualquier ser a quien la vida le quema y el corazón le arde, su imaginación siempre estaba librando otras batallas.

Había aprendido a recorrer con magistral sigilo los tejados de los huérfanos, los renegados, los miserables y los proscritos, y cuando lo hacía solía volver con el alma abatida y repleta de arañazos y magulladuras. Era entonces cuando su silencio se volvía infranqueable y se desangraba frenéticamente sobre el papel…como un caleidoscopio roto, que sigue intentando con todas sus fuerzas distorsionar la realidad.

Todos tenemos un rincón oculto dentro de nosotros mismos, que solo nosotros conocemos y al que solo nosotros podemos acceder. Más allá de las apariencias, y sin otra pretensión que la pura supervivencia, ella solía desconfiar de los cuartos pequeños con un espejo muy grande. Así que construyó una aislada cabaña en el bosque, en medio del sí y el no, en el páramo de la ilusión, la contradicción y la locura…Y allí, en un agujero profundo, enterró el más preciado y misterioso de sus cuentos, cuyo final sería desvelado a su debido tiempo.

Tenía unas ojeras preciosas, como el sello de identidad crepuscular de un “algo” que jamás acaba de encajar, como un grito de guerra al que regresar siempre para poder renacer, justo donde el corazón le estalla.

Su capacidad era ilimitada, en especial las noches de Luna Llena. Y, como todos los creadores, una vez tras otra se lamía las heridas y volvía a los tejados.

Al fin y al cabo, se domestica al gato, pero no al instinto.

Favole Molpe la Musa





martes, abril 25, 2017

DE SIRENAS E IMPOSIBLES



El océano es un inmenso cofre abierto, y desde tiempos inmemoriales oculta en sus profundidades el eco de historias remotas  y antiguas leyendas.

En noches de tormenta las agita, a veces dulcemente, a veces con violencia, y un sinfín de pesadillas y sueños despiertan de su prolongado letargo, aflorando hasta la superficie de sus aguas.

Cuando se cansa de esquivarlos, Ziel nada contra corriente hasta la orilla de plata, y bajo la luz de una Luna muy Llena recoge caracolas aúreas y desgastadas botas, mensajes dentro de botellas que nunca llegarán a su destino, muñecas desfiguradas, relojes ya estropeados, y algún que otro dedal cruelmente abandonado, o arrojado con furia al triste e insalvable remolino del olvido.

El viento enreda sus cabellos, y una espesa bruma la protege y se adhiere a su pálida piel mientras ella reorganiza las piezas y desentraña los misterios. 
Mira de soslayo el horizonte, con el deseo y la belleza incomparable de aquello que no podemos dominar, por si las olas traen de nuevo tu nombre en su regazo…o por si vuelve a sentir la perfección de la caricia.

Y es que Ziel está doctorada en lejanía y esperanza, y su mundo está erigido sobre los pilares del silencio, lo imposible y el destierro. 
 No pudo seguirte cuando decidiste pisar tierra firme… jamás podrá hacerlo. Pero estaba allí cuando sentiste el impulso violento e irrefrenable de saltar del barco.
Porque la Mar lo guarda TODO. 
Y aunque dicen que los besos de las Sirenas saben a sal… en realidad saben a lágrimas

Favole Molpe la Musa