jueves, julio 06, 2017

PERNOTAR




Siempre le resultó muy complicado dormir en verano, pero últimamente, cuando lo conseguía, soñaba con él. De hecho, cuando por enésima vez giró sobre sí misma y revolvió todas las sábanas de la cama, estaba soñando que él la besaba.
Aunque no fue aquel onírico beso el principal motivo de su inquietud, ni siquiera fue el típico impulso irrefrenable y cargado de pasión y desenfreno que se acostumbra a ver en las películas.
 Más bien empezó siendo un beso lento y profundo, de esos que crecen poco a poco en intensidad y se dilatan en el tiempo, y en los que se saborea el triunfal alivio de un dolor sostenido en absoluto silencio. Uno de esos besos, tan deseados y esperados en secreto, que el alma se compunge cuando los labios y la lengua se entremezclan en ese acompasado baile, dulce y ardiente, que deja tras de sí un rastro de jadeos entrecortados y sugerentes sonrisas.
En fin, uno de esos besos en que el mero hecho de que el sexo sea la consecuencia y no la causa le hacen a un@ ser plenamente consciente de que está bien jodid@.
Pero no, no fue el sueño lo que logró arrebatarle el descanso aquella calurosa noche, si no el eco de un extraño sonido, parecido a una melodía, que repiqueteaba incesantemente contra el cristal de su ventana.
Se incorporó despacio y recorrió la habitación a oscuras, conteniendo como pudo su agitada respiración. Y en aquellos momentos en que se debatía entre una desconcertada vigilia y un  semi lúcido estupor, casi hubiera podido jurar que le pareció escuchar a la mismísima Luna susurrando en su oído: “No abras a nadie”.
Quizás fue el hecho de que su organismo y su mente aun permanecieran somnolientos lo que la hizo reaccionar con una inabarcable curiosidad, pero una inusual comedida sorpresa, al ver sentada, sobre el alféizar de su ventana, a una diminuta mujer, no más grande que un caracol, tocando las cuerdas de una especie de instrumento que parecía tener injertado en su propio pecho.
-¿Qué eres?- le preguntó frunciendo ligeramente el ceño.
-Lo mismo que tú- respondió la misteriosa criatura sin dejar de tocar y esbozando una intrigante sonrisa.- Una melodía fugaz, un enigma un tanto solitario…una partitura nocturna acostumbrada a recoger los suspiros que nadie más reclama. Alguien que renace continuamente en el mundo de los sueños, y que ya no tiene lugar en ningún otro lugar.
 Y aunque creyó que iba a seguir hablando, las cuerdas que le brotaban del pecho chirriaron inarmónicamente, y durante un segundo le dio la impresión de que le costaba hasta respirar.
-¿Por qué suena así?- preguntó con un tono de voz algo alicaído, pues intuía que la respuesta iba a ser un tanto triste.
-Ah, ¿Te refieres a qué desafino?
- Bueno, perdón, lo que yo quería dec…
-Sí, suele ocurrir- le interrumpió el extraño ser mirándola con complicidad-. Cuando el corazón está roto a veces se tiende a desafinar un poco.
-Roto...-murmuró con incredulidad. Pero aunque sonó como una afirmación lo cierto es que más bien era otra pregunta, ya que le pareció increíble que existiera alguien en el mundo capaz de herir a un ser de esas características.
- No dejes que la música domestique del todo tu instinto- le dijo la diminuta desconocida, como si hubiera sido capaz de leerle el pensamiento.- Aun conservas la inocencia y el ímpetu orgulloso de la juventud, pero a veces las cosas no son lo que parecen. Un día aprenderás que no todas las batallas se ganan del mismo modo, y que luchar e imponerse son dos cosas bien distintas. Aquel que decidió romperme el corazón estaba cabreado y triste cuando lo hizo…pero sólo un necio creería que yo fui más benevolente. Me vengué en aquel mismo instante e hice lo que sabía que más le iba a doler.
-¿Qué hiciste?
-Dejar que me lo rompiera.
En aquel momento hubiera reinado el más sepulcral de los silencios sino fuera porque aquella melodía, tan atrayente como disonante, era un tipo de lenguaje mucho más antiguo que el de la propia humanidad, y tenía el poder de detectar y llenar cada vacío, incluso los del alma.
-¿Y a él también se le rompió el corazón?
-Eso creo, aunque posiblemente no por el mismo sitio.
-A mí nadie va a partirme el corazón- sentenció de pronto con categórica e inapelable determinación.
 -  Me temo que es algo inevitable, ocurre con el tiempo. Nunca he visto a un corazón permanecer intacto eternamente. Pero puedo decirte que, aquellos que entienden algo de música, saben que hay instrumentos que suenan mejor cuando ya se han tocado.

Y tal como dijo esto empezó a deslizarse rápidamente como un caracol, sí…pero de carreras. Se fue con la música a otra parte y su diminuta silueta desapareció en la oscuridad, dejando en el aire unas enigmáticas notas, oscuras, frágiles y discordantes.
Desconcertada, se dejó caer en la silla y encendió la lamparita de su escritorio, mientras pensaba que, definitivamente, las noches de verano son bien complicadas para conciliar el sueño.
Y no es de extrañar, porque lo cierto es que siempre había preferido estar detrás de la obra a ser la obra.

Después de todo, ¿quién quiere ser la protagonista de la historia o la musa que inspira un poema pudiendo ser quien los escriba?

Favole Molpe la Musa 

[ La ilustración-maravilla es de Chiara Bautista. Cuando la vi me pareció muy interesante como concepto, y me inspiró al instante :)]